Mil novecientos treinta y nueve, se estrena la obra cinematográfica "Lo que el viento se llevó" de Víctor Fleming (Estados Unidos, 1889-1949); Frida Kahlo (México, 1907-1954) pinta "Las dos Fridas"; "Las uvas de la ira", es publicada por John Steinbeck (Estados Unidos, 1902-1968), y Ramón Marrero Aristy (República Dominicana, 1912-1959), publica en la imprenta "La Opinión", su impactante novela "Over". El arte denuncia la opresión y las penurias a que es sometida parte de la humanidad, por la otra parte que se cree superior. En el centro de todo este infierno, la mujer.
En "Over", Biblioteca Taller No.14, Editora Taller, 1998, 19va. Edición, la mujer es solo un número. Todo está contabilizado y controlado por el poder. Y la mujer solo pertenece, no es dueña de sí misma. Es el último eslabón de la cadena, la que arrastran, maltratan y vejan, pero es la que permite continuar el ciclo de lo que pudiera llamarse "vida":
"Llevo dos meses en un batey sin nombre, porque fundadores de este central, en su afán de abreviar tiempo y despersonalizar tanto a las gentes, a los sitios como las cosas, lo han numerado todo […]". (Pág.30)
Es vista como un objeto. Como uno de los enseres más entre paredes. Sin derechos, un mueble austero que es útil mientras resiste:
"Por allí se acerca. Creí que se hallaba en el batey vecino, haciendo la rueda a una querida que tiene allá, y por la cual la buena de Nica -la mujer de "entrecasa" que tiene aquí, callada y taciturna como una figura de la desesperanza- vive ahogada en celos". (Pág.31)
La que presenta algo de independencia, es más dependiente de una necesidad negociada. La vida es intransigente. Lo es. Se desnuda como la mujer que muere cada día a cambio de unos centavos y aún le sobra caridad para donar parte de la poca dignidad que le queda:
"Mi amante, la prostituta me dijo una noche:
-Ven a dormir conmigo. Después de las doce, ya no viene nadie. Me haces falta.
Sin pensar en ello le dije que sí. Y desde aquella noche esperaba que se alejaran los que pagaban para luego ir yo a dormir". (Pág.211)

El silencio de la sociedad se entremezcla con la estridencia de los tambores. La danza de los vientres baila al compás de la tristeza. ¿Es alegría o disimulo? La mujer es ron, azúcar, caña, desahogo:
"Por un momento se hace dueño de la noche el acordeón. Se baila con frenesí. Las mujeres se muerden el labio inferior, los ojos entrecerrados, como poseídas, y mueven sus vientres rápida suave y acompasadamente a la vez. Una mulatita que me ve bailando y desea atraerme, se lleva la mano la cintura, pasea su mirada por todo mi cuerpo, y moviendo las caderas, entorna los ojos y exclama:
-¡Pero qué buena es la vida!
Alguien grita entre el grupo:
-¡Fieta, carajo!
Se oyen nuevamente las voces:
-<Si viene el marido, ¡ay!
¡qué barbaridad!
Los mata los do, ¡ay!
de una puñalada-á>".(Pág.72)
Víctima impotente de la violencia de su par. Indefensa recorren los caminos de la intolerancia, de la arrogancia de seres incontrolables, abusadores, incoherentes y recalcitrantes:
"Hubo uno, que tan pronto como supo la noticia, se dio a beber desesperadamente. Pasó la noche cantando, como loco, rasgueando una guitarra cuyas cuerdas se rompían una tras otras, sin que el músico pusiera reparo en ello. Durante ese tiempo, su querida -una de esas mujeres del arroyo que había llevado a vivir con él-, le rogó varias veces que dejara aquello y durmiera un poco. El hombre, que no le contestaba, en una de esas ocasiones saltó sobre ella gritando: "¡Maldita ¡Maldita!", y le desgarró las escasas ropas que tenía puestas, borracho de ron y de ira, y le dio puntapiés, mojicones y rebancazos, con una cuerda de pita doblada en varios cantos. La hembra magullada y ronca, en vano imploraba gritando. Él seguía, y quién sabe si le hubiera dado muerte, de no haber llegado varias personas al amanecer". (Pág.117)
La mujer se presenta como algo inferior a una esclava. Ramón Marrero Aristy quien, como aclara el poeta y ensayista José Mármol en el prólogo de la edición publicada por la Colección Clásicos Dominicanos del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, contaba con apenas 26 años de edad cuando publicó su novela "Over", aunque seis años antes, en 1933, había publicado "Perfiles agrestes", y en 1938 su conjunto de narraciones, estampas, cuentos y un fragmento de novela bajo el título de "Balsié", retrata una situación social insostenible, insensible. La mujer sucumbe. Se derrumba, es solo un recipiente donde no caben más insolencias, insultos y reproches:
"Mi amigo arrugó el entrecejo. Se apagó su entusiasmo. Miró la botella, casi vacía, y como quien muerde su ira, llamó a la mujer:
-¡Zunilda! ¡Tráeme lápiz y papel y ponte los zapatos! ¡Vas a ir donde el chino!
Su voz era áspera. Vació los últimos dos tragos en los vasos y se echó el suyo rápidamente. La mujercita, callada, temerosa, se borró en el interior de la casa. A poco volvió con lo que se le había pedido. El marido escribió, Le entregó el papel, y la vi marchar a prisa…
El niño seguía gritando.
-¡Qué disparate! -dijo mi amigo, con remordimiento visible-, ¡Dizque meterse uno con estas pobres mujercitas que sólo saben obedecer como bueyes o chillar como pájaros! ¡Que disparate!" (Pág.207)
Mercancía de intercambio por favores. La mujer está en escaparates que dan miedo. Horrores que solo el corazón femenino sabe, pero que los ocultan con una sonrisa fingida, aprendida de comportamientos del pasado, heredado del vientre que también fue maltratado y utilizado como moneda de pago:
“[…] El hombre ha ido colocando bodegueros a quienes protegen enviándoles a las mejores bodegas para luego desollarles tomándoles a préstamos sumas que jamás les devuelve. ¡Es que tiene deseo de vivir! Bien parecido, sin escrúpulos y dueño de una buena salud, se hace dar fiesta aquí y allá. Emana simpatía y se gana la confianza de sus protegidos. Estos, encantados, de la amistad de "un hombre tan sencillo" que lo trata "como si no fuera su jefe", envían a las hembras de sus familias al pueblo con él, "aprovechando la oportunidad de su automóvil”, muy orgullosos de tratarse de igual e igual con el segundo manager, muy satisfecho de ver a sus hembras bailar con él.
Y el hombre, además de con el dinero, se queda con la honra de sus protegidos, como siempre ocurre en estos casos. Mujeres, hermanas e hijas se vuelven locas con Mister Lilo…
– ¡Qué simpático es Mr. Lilo!
– ¡Qué buen mozo es Mr. Lilo!
– ¡Qué hombre tan bueno es Mr. Lilo!
Su marido, su hermano su padre, se lo deben todo a Mister Lilo […]". (Pág.60)
El Dr. Esteban Tiburcio Gómez, define Over como, y cito: “una obra de realismo social que, aunque no propone una solución directa ni un modelo alternativo, denuncia de manera cruda la explotación de los más desfavorecidos. La novela tiene un enfoque pesimista y está estructurada en un ambiente opresivo y desolador, donde los personajes se sienten atrapados en un ciclo de miseria y desesperanza". Este punto de vista del doctor Tiburcio, muy atinado, se refiere, a mi humilde entender, a las víctimas del poder económico de "El Central", que son los braseros, bodegueros, jornaleros, picadores, entre otros infelices hombres que van muriendo sin ver realizadas sus aspiraciones. Sin embargo, la mujer es un personaje en su conjunto y es, desgraciadamente, víctima de las víctimas:
"[…] Ahora siento la boca amarga. Las imágenes acechan, pero pienso que en el batey, aparte de Nica y Manuela -hembras desvencijadas y ajenas- solo se encuentran haitianas feas y grajosas que nada me inspiran. Pienso también en las que llegan detrás de los pagos quincenales, tan peligrosos que casi resulta insensato arriesgarse con ellas. Y todo me repugna, no por castidad, sino porque he conocido algo mejor, y además, porque quizás ya aspira encontrar compañera con quien compartir algo más que una noche de ron". (Pág.108)
El desprecio hacia la mujer es palpable, está presente en cada expresión, en cada mirada, en cada acto donde el desagrado es protagonista:
“Pero tuve que hacerlo todo. La negra y grajosa mujer no sabía cocinar, y tenía costumbres, y la más leve noción de lo que significaba limpieza. A los tres días de lucha, me vi en el caso de despedirla, y desde entonces hasta el regreso de la vieja Mercé, fui cocinero, enfermero y perro guardián de mi mujer". (Pág.175)
El periodista Manuel Nova, autor de una biografía de Ramón Marrero Aristy, en una entrevista a el periódico Diario Libre en el año 2012 decía: "Lo primero es que cuando yo leí la novela Over, de Marrero Aristy hace bastante tiempo, me cautivó el estilo, los personajes, sobre todo que enfocaba a personajes muy humildes, muy del pueblo y que el libro, sus características, su propia fisonomía, era más bien una denuncia social que tocó mis fibras más hondas". Y es que las desgarradoras escenas que se narran en esta maravillosa novela, catalogada por algunos intelectuales como un gran poema épico, nos llama a reflexionar y a no intentar jamás, por ningún motivo, maltratar al ser más especial del universo, la mujer.
"Después de unos días, me dijo sonriendo: -Tuve miedo de quedarme con un hombre-". (Pág.129)
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