Hijo del siglo, para el bien creado, la fiebre de la vida lo sacude. –Salome Ureña

Los cuentos de la nana Lupe, una serie de historias creadas por el ilustre escritor y educador Pedro Henríquez Ureña, muestran un estilo fantástico y enternecedor. Los mismos fueron escritos en 1923 y publicados por primera vez en el periódico mexicano El Mundo.

El hilo conductor que los une está conformado por dos hermanos, con nombres muy peculiares, Nachito, el Pelón, de nueve años, y Mariquita o Chachalaca, de ocho, quienes vivían con sus padres, don Nacho y María, en un pueblo cercano a México, y cuyas aventuras son narradas en un total de quince entregas con sendas tramas.

Estos niños preferían los dulces a las hortalizas (su casa tenía una huerta) pero, sobre todo, amaban las historias, ya fueran de animales, golosinas o de la nieve que cambia de color con los rayos del sol.

Nachito y Mariquita alternaban entre el mundo real y la fantasía, hacia donde escapaban cada noche. Allí descubrían mundos paralelos, guiados por Don Yo de Córdoba, el duende y, con tan solo cerrar los ojos, podían volver a su casa.

“Los cuentos de la nana Lupe”, de Pedro Henríquez Ureña

Todos los cuentos son narrados en tercera persona y ricos en diálogos. En el primero de ellos, En los Volcanes, los protagonistas tienen su primera aventura con Don Yo y los helados o “nieves”. En cada cuento o capítulo, van conociendo diversos personajes como brujas, hormigas, cigarras, ranas, un león, un zorro azul, entre otros.

En sus relatos, Pedro Henríquez Ureña emplea varios elementos culturales de México que responden al contexto donde él se desenvolvió en el tiempo previo a iniciar su propia familia. Esto en particular lo hace significativo, ya que podríamos imaginarnos al autor contando historias a otros, incluyendo su primogénita, nacida al año siguiente, de la misma forma que su madre, la educadora y poeta, Salomé Ureña, lo habría hecho con él y sus hermanos en Santo Domingo, su ciudad natal.

En el cuento titulado Jauja, nombre de un pueblo peruano, podemos ver un mundo de dulces y cómo los protagonistas escapan de la cárcel de azúcar, donde la ropa era de caramelos. Igualmente encontramos una historia con brujas y objetos mágicos en miniatura que guardaban en sus bolsillos. Mientras que, en lo que pudiera considerarse una versión adaptada de “las hormigas y la cigarra”, se enfatiza el valor de la precaución.

En los demás cuentos, los niños siguieron teniendo aventuras fantásticas, gracias a su amigo, Don Yo, como en El cuervo y el coyote, donde descubrieron que el negro es un color hermoso y que no hay que llevarse de rumores. También, conocieron animales, como los camellos que, según la historia, obtuvieron su joroba de un golpe de Zeus. En esta última, el valor de la resiliencia es protagonista.

Pedro Henríquez Ureña.

El estilo particular de Pedro Henríquez Ureña establece una conexión profunda entre su yo como autor, su yo lector y su yo, educador-padre. Es como si reflejara sus propias experiencias infantiles, y quisiera dejar un legado a futuras generaciones, como son, algunas tradiciones de narración oral, vivencias, costumbres, conexiones y entornos, y que éstos no se quedaran en el olvido. Y es que precisamente, el gran contenido cultural obedece a esa dualidad que existía en él: su cultura original dominicana, pero también una cultura por adopción, la mexicana.

¿Cuáles habrán sido esas historias, personajes o elementos culturales que llamaron su atención como niño o adolescente lector? Quizás se estaría permitiendo ser un pequeño otra vez y escuchar de nuevo las historias que tanto amaba, pero esta vez en su propia voz y visión creadoras.

Henríquez Ureña refleja a su vez, un buen conocimiento de las técnicas narrativas, como es el contar varias historias dentro de una historia mayor, el paralelismo, con las distintas dimensiones entre la realidad y la fantasía, el uso de ricas descripciones para dar protagonismo al ambiente, y el de referentes a otras obras como fábulas, mitología, así como costumbrismos. Todo esto para crear literatura infantil.

Los cuentos de la nana Lupe puede que no tengan que leerse todos de una sola vez. Se hace necesario, para el mediador de la lectura, el conocer algunos aspectos, incluyendo vocablos, e ir aclarando los mismos, en especial con los lectores más jóvenes.

Sin embargo, podríamos emular lo que toda esta obra sugiere entre líneas: Cada noche, cada momento de lectura, podría convertirse en una aventura, en donde la imaginación vuele, se creen conexiones que perduren y que el contar historias sea una experiencia memorable para todos sus actores.

 Los cuentos de la nana Lupe. Henríquez Ureña, Pedro. Periódico El Mundo. México. 1923.

Nota:

Los cuentos de la nana Lupe fueron compilados por primera vez en 1966 por la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Edición consultada:

Los cuentos de la nana Lupe. Ediciones Juveniles Tobogán. Tomo 3. Fondo Editorial. Santo Domingo. 2009.