El pasado domingo, en Santiago de los Caballeros, finalizó la 1ra Feria Regional del Libro y la Cultura, un encuentro que, en la práctica, desbordó su propio nombre.
Santiago no celebró una feria del libro; celebró una feria de la identidad del Cibao.

Los stand, de las 14 provincias del norte no se limitaron a exhibir publicaciones. Presentaron identidad. Cada espacio se convirtió en una declaración cultural: artesanía, memoria oral, tradiciones vivas, expresiones visuales y sonoras que trascendieron el libro como objeto para posicionar la cultura como experiencia integral.

La literatura fue el eje, pero no el límite.

Lo verdaderamente revelador estuvo en el origen de esa riqueza. Los stands no fueron montajes institucionales vacíos; fueron el reflejo directo del trabajo territorial de gestores culturales que, durante años, han sostenido procesos con escasos recursos, articulando comunidades, preservando tradiciones y generando contenidos desde lo local. En cada provincia hubo una narrativa propia, construida desde la persistencia.

En ese sentido, la feria no solo mostró cultura: mostró cómo se produce la cultura en las provincias. Y ahí reside su mayor valor.

Este evento también reafirma una línea estratégica clara del Estado: la Descentralización Cultural como política pública. Llevar la cultura más allá de la capital no es un gesto simbólico, sino una decisión que reconoce en los territorios el origen, la fuerza y la diversidad de la identidad nacional. Cuando las provincias son protagonistas, la cultura se fortalece y el país se reconoce en toda su amplitud.

Más que libros, el Cibao afirmó su identidad cultural

La decisión de convertir esta feria en un evento anual marca un paso importante en la consolidación de ese modelo. No se trata de una actividad aislada, sino de una plataforma que debe crecer, sostenerse y proyectarse en el tiempo, como espacio permanente de encuentro, creación y visibilización cultural.

Pero su sostenibilidad no dependerá únicamente de la institucionalidad. Requiere del compromiso de todos: de los gestores, de los creadores, de las autoridades locales y, sobre todo, de los ciudadanos de la región. Porque la cultura no se impone; se construye colectivamente y se sostiene cuando la sociedad la reconoce como propia.

Como señaló Pedro Henríquez Ureña, “solo la cultura salva los pueblos”. Y lo vivido en Santiago confirma que esa construcción comienza en los territorios, en la capacidad de cada comunidad de narrarse, sostenerse y proyectarse.

La 1ra Feria Regional del Libro y la Cultura deja una hoja de ruta clara: consolidar la descentralización cultural como política de Estado, fortalecer el protagonismo de las provincias y garantizar que estos espacios se conviertan en pilares permanentes del desarrollo cultural del país.

Rossina Guerrero Heredia

Escritora

Rossina Guerrero Heredia, escritora y analista cultural. Mi trabajo se desarrolla entre la reflexión crítica, la experiencia en la gestión pública y la escritura literaria. He publicado cuentos que exploran la memoria, el dolor, los vínculos y la fragilidad humana, una mirada que atraviesa también mi forma de pensar la política y la vida pública. Escribo desde una perspectiva ensayística que busca ir más allá de la coyuntura inmediata, para comprender cómo el poder, el cansancio colectivo y las emociones configuran nuestra experiencia política en la República Dominicana contemporánea.

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