«Draco dormiens nunquam titillandus» (¹)
Newt Scamander, el magizoólogo creado por la escritora británica J.K. Rowling (Yate, Inglaterra, 1965) y a quien ella atribuye la autoría del libro "Animales Fantástico y Dónde Encontrarlos", cuya edición en español fue publicada por la Editorial Salamandra en el año 2001 , anduvo por el mundo buscando información acerca de dónde encontrar esas misteriosas criaturas. José Mármol y Manuel Rueda ya las habían encontrado.
Pero ¿Cuándo, por qué y cómo la realidad deja de ser habitada y nos convertimos en las mismas criaturas mágicas objeto de nuestra eterna e insistente búsqueda? ¿Cuándo la poesía nos sirve de refugio al ser “deshabitantes” cotidianos de esa suma del todo?
En 1963 la Editora del Caribe publica: “La criatura terrestre: 1945-1960” (²), de la autoría del maestro, músico, escritor y poeta dominicano, Premio nacional de Literatura 1994, don Manuel Rueda (Montecristi, 1921-1999), allí el ilustre autor recrea una realidad fantástica, dónde la palabra se transforma en su hábitat indiscutible:
"[…] Silabeador, gorjeante, sorprendido
entre tantos conjuros y domésticos
ritos de buen vivir. Sentí a los seres
desde el amanecer, y aún dormidos,
extendiéndose en brazos y quejumbres,
peinándose sin ojos, solo dedos
sonámbulos bajando por las greñas,
Me aprendí la palabra y abrí el tiempo
con ella. ¡Mi poder! El sí y el no,
las sílabas y el mundo conquistado". ("La criatura terrestre") Fragmento. Pág.26
Por su parte, el también Premio Nacional De Literatura y a quien se le dedicará la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026, el poeta y ensayista dominicano José Mármol (Santo Domingo, 1960), en su libro "Criatura del aire"(³), Editora Amigo del Hogar, colección Egro de poesía , 1999, con ilustraciones de la reconocida artista plástica Ada Balcácer (San Juan de la Maguana,1930-2025), explora los rincones de un submundo paralelo, donde la ficción y los sueños pasan a ser la realidad imperante:
“A veces la impresión de dos bestias insaciables,
cuyos bramidos lentos se ha bebido los cielos.
Cuando su lengua baja, ya domada, a mi pecho,
la extensión de su talle se acomoda entre mis dedos.
Una mujer desnuda, prendida y mi abandono,
disfrazada de todas las formas del deseo.
Un cuerpo de mujer ardorosa que se encumbra,
mientras sobre los pinos juguetea el viento negro
y las ramas prosiguen su oración, a pesar nuestro". ("Criatura") Fragmento. Pág.424.
Rueda en su búsqueda de extrañezas, deshabita los sentidos haciendo un nuevo inventario de extremidades anatómicas en un cuerpo lleno de injertos, insertos y prótesis invisibles que descubre y redescubre en la letra plasmada:
“[..]Y entré a una selva oscura. Era de noche
y había fieras rodando. Y había hombres
rodando. Y en lo alto y en lo hondo,
oscuro y claro, yo volví los ojos
hacia ti, pueblo mío arrinconado,
mi pasado, mi flor, mi blanca sombra,
donde apoyé los pies y puse el labio,
donde dormí diez años al amparo
de un regazo y la cálida montaña.
Yo pasé por los arcos de tu piedra,
pueblo enterrado en lluvia y en olvido,
y sentí que mis muertos renacían”.(“La criatura terrestre”). Fragmento. Pág.38
Mármol, dueño de hechizos y mágicos artilugios, enfrenta las criaturas idílicas con un "patronum" poderoso que refleja sus más profundas interioridades, emociones y dudas incorregibles:
“Envuelve tu mudez en mi silencio, soledad.
Allí las tardes huyen del color de mis adentros,
montada lomo de monstruos de algodón.
Mi corazón escapa, las sendas son anchas cavidades de
temor.
Mi único destino lo adivina su temblor,
el continente nimio que su muslo izquierdo eleva,
la redondez, el brillo, la espesura de sus nalgas.
¿Adónde puedo estar si no al cabo de su talle?
¿Adónde si no en puerto profundo de su boca,
la que mi lengua mece por lentos corredores?
La fiera del instinto gana forma de canción,
y tu silencio arrastra, soledad, mi paso herido,
mi cuerpo derrotado, mi fantasma izquierdo,
el zumbido vacío del hueco del dolor”. ("Nubes") Pág.449.

El creador del Pluralismo invoca fuerzas poética irreversibles que provocan en el poema una serie de virtuosos acordes que, en su conjunto, crean una partitura que solo se puede interpretar si se tiene el instrumento lectoral adecuado. El maestro Manuel Rueda, explora una sinfonía que más que una combinación de sonidos es un universo henchido de silencios:
"[…] La muerte. Doble muerte. ¡Oh nublados
recuerdos! Sólo a veces estas puertas
eran abiertas con sigilo poco
a poco como si la luz turbase
la paz de estas reliquias, como si ella
fuera la realidad temida. Entonces
se quedaban los vivos y los muertos
frente a frente, mirándose, escrutándose,
más ya nada tenían que decirse.
Ni el dolor respondía. Ya eran ecos
de un sollozo perdido, muertos, muertos,
y los vivos sabiendo ese secreto
se apresuraban más, se levantaban
de las sillas, turbados, atildando
su indiferencia y mudos y en puntillas
del umbral de sus tumbas se alejaban[…]". (" La criatura terrestre "). Fragmento. Pág.34.
Desde la perspectiva de nuestro José Mármol, ese concierto intocable por manos mortales, se muestra solo a aquel bendecido con el uso visceral de la palabra. El autor de "El ojo del arúspice", al igual que Rueda es un invocador de exégesis inexplicables:
“Nada pesas en mis labios criatura del aire.
Al toque de mi mano te me vuelves fugaz,
temblor desvanecido en un clamor de olas,
cuchillo que pendula y destaja una canción.
Nada pesas en mi lomo, criatura de un soplo,
No te siente la grupa de mis hondos deseos,
pez de un halo amanecido,
barro liberado de su inútil gravidez.
Nada pesas en mis manos en mi tacto,
entre mis piernas,
criatura del aire del destino, de mi azar”.("Aire"). Pág.461.
Don Manuel, de quien el maestro, poeta y ensayista Ike Méndez afirma: “[…] la obra de Manuel Rueda no clausura una tradición: la deja en estado de apertura permanente” (⁴); no solo escribe el poema, lo dibuja sobre un mundo de fantasía donde la realidad es solo un espectador más. Sus versos cargados de magia y taumaturgia poética viajan hacia un estado plasmático en busca de una conjugación cuántica insurrecta a las reglas escriturales de su época:
"Alguien supo mi nombre, antes, mucho antes
de que naciera yo. Alguien sabía
de mí cosas que aún sigo ignorando
perdido como estoy entre mi sueño
y este ilusorio amargo de conciencia.
Mucho antes de mi carne algún temblor
tocaba mis sentidos solos, quietos
en la infinita esencia de luz mixta.
Como un perfume el aire, así me erguía.
Como música al tiempo, así me daba.
Como esplendor a soles prometidos
me entreabría y sangraba, sujetando
mis ímpetus, mis formas, mis palabras,
neto en la ciencia de lo bien amado". ("La criatura terrestre"). Fragmento. Pág.21.

¿Qué cabe en una poesía? ¿Qué puede habitarla? Mármol responde con el infinito. Con un paréntesis que nunca cierra la puerta que ha dejado abierta:
"Un grano de arena contiene tantas cosas.
Un árbol, la huella de una bestia, un albañil, el viento,
una estrella de mar.
El paisaje brillante del amanecer,
un cuerpo de mujer tirado sobre un sueño.
Un grano de arena, semilla del espejo
y a la nada se parece, como a todo;
al espanto se asemeja, al horizonte, a ti,
un cuerpo de mujer recostado en la espuma.
Un grano de arena, colocado entre sus labios,
Preludia en un instante todo cuánto será". ("VII"). Pág.481.
En su andar dialogante con la palabra, el maestro don Manuel prosigue su búsqueda incesante entre laberintos cambiantes y pasajes húmedos y resbaladizos, sin que su paso perturbe el buen decir poético:
"Amo tu frente, golpe de ala, golpe
de eternidad ciñendo el pensamiento,
su cielo, arriba, todo, y sus profundas
costas en parpadeos y destellos.
Oh ser entero, yo amo tus encantos
gemelos, acabados en lo uno,
cuyo dos es deleite acumulado,
aspiración de amor qué da lo junto.
Así veo tus orejas, laberintos
de sonrosada piel y de sonido
donde la vida anuncia su palabra,
la verdad que le estoy y la respiro".("Canto de amor a un cuerpo recién mirado") Fragmento. Pág.64
Para la destacada crítica literaria y escritora argentina María del Carmen Prodoscimi al referirse a la obra "Criatura del aire", de don José Mármol, la poesía del insigne poeta: "tiene un discurso claro, con fuerte acento en la aliteraciones y reiteraciones apenas alteradas por cierta descomposición del orden sintáctico que le da un aire antiguo"(⁵). Y es esa insistencia repetida de la búsqueda del todo, del pasado y el presente lo que hace de la obra del maestro una portadora de un "ADN gramatical" que lo lleva al grado de la perfección:
“Hay fronteras que unen a pesar de la distancia.
Hay fronteras que fronteras no son, sino azares.
Una boca jugosa, por aquí, manos en nudo.
Olas sobre olas. Arena sobre arena. Espuma entre los pies.
Una franja líquida, allá, en lo Intocable,
eso es el horizonte, la frontera, yo y tú.
Hay fronteras que horizontes no son, sino canciones,
caminos por hacer, palabra que no dicen la razón, sino el
dolor".("VIII") Pág.482.
Estos ilustres poetas de nuestra tierra, “deshabitantes” cotidianos de una realidad azarosa e inhóspita, pernoctan en el fantasioso mundo de la poesía y nos invitan a que, con su lectura, seamos invitados permanentes de ese universo de criaturas mágicas que ellos han diseñados para sí y para que nosotros sepamos el lugar exacto, el momento preciso y la óptima forma de encontrar, junto a ellos, ese bestiario poético-fantástico.
Notas:
(¹)Albus Dumbledore, personaje de J.K Rowling, al citar el lema de Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería: «Nunca le hagas cosquillas a un dragón dormido»
(²) Para las citas de éste artículo, se ha utilizado el siguiente material bibliográfico:
Rueda, Manuel. "Materia del amor", selección y prólogo de José Alcántara Almánzar, Biblioteca Dominicana Básica, primera edición 1994 impreso en Editora Taller.
(³) Para las citas de este artículo, se ha utilizado el siguiente material bibliográfico: Mármol, José, "Donde todo triste ruido hace su habitación", Visor Libros, Colección Visor de Poesía, Madrid 2025.
(⁴) Méndez, Ike, "Manuel Rueda y el Pluralismo: Con el tambor de las islas o la expansión total del poema". Acento, 28/06/2026
(⁵)Prodoscimi, María del Carmen, El Siglo, 6/01/2011, recogido en el libro "Anatomía de un poeta. Aproximaciones críticas a José Mármol", Carlos X. Ardavín, Ediciones Librería La Trinitaria, 2005.
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