"Cada palabra es un eslabón de la cadena que me amarra al mundo, cada palabra es un sueño que al ser dicho se despierta, cada palabra es un signo equivoco del silencio, cada palabra es una huella que no se debe seguir, cada palabra es un sol que no alumbra y una luna que no enamora, cada palabra es música que le roba al silencio y el silencio es a la vez palabra, pues solamente hago mutis frente a la locura, lugar de claridad donde todo es entendido…” (Larry Mejía. Poeta colombiano).
"Palabras, palabras, palabras", La poesía habita la palabra y ésta a su vez habita la poesía. Pero no solo en su característica gráfica sino que ésta puede no estar presente ante el sentido "óptico" de la vista humana, pero si en la visión "trascendente", como decía el reconocido intelectual mexicano Juan Villoro en una de sus conferencias.
Entre los ríos Cauca y Bogotá, en Cali el primero, el segundo en Bogotá, dos generaciones se unen en la palabra. Yuxtapuestas, la poesía y la palabra o viceversa, se transforman en imágenes sensoriales, que se pueden percibir a través de cada uno de los sentidos, y extrasensoriales, donde lo esotérico dirige nuestra atención.
Los caudales de esos ríos que recorren las tierras que vieron nacer a las poetas que de cuya poesía trata éste artículo, son, en sí mismos, metáforas que recorren las piedras húmedas y aguerridas de sus orillas, el cielo que los cubre, el reflejo de los rostros que se posan sobre las aguas convertidas en brillantes espejos. Los versos que estas dos poetas colombianas plasman en cada libro han nacido de allí.

Marla Castellanos (Bogotá, Colombia) publicó su primer libro de poesía el año pasado. "Yuxtapuesto", Infinito & Medio, 2025, Colección Poesía, bajo la coordinación editorial del escritor, actor y poeta colombiano Larry Mejía (Bogotá, 1983) y el cuidado de la edición por el poeta y editor venezolano José Gregorio Vásquez C. (1973), en el texto se conjugan la fuerza de la palabra con la fortaleza apabullante de la naturaleza, la tierra, las piedras, los árboles, el ser humano, destacan como entes inherente a su poesía. Con imágenes fotográficas en blanco y negro tomadas del entorno social en que se desarrollan los versos, por la misma autora, hacen de este libro una joya sensorial que estimula los sentidos del lector ávido de buena literatura.

Orietta Lozano (Cali, Colombia, 1956), en su antología personal "Peldaños de agua" Colección Caza de Libros, 2010, bajo la dirección editorial de la gestora cultural colombiana Paola Hormechea Cuéllar, hace de "la ráfaga y el espejo", "la línea púrpura" y " "Cántaro y corona" una mágica experiencia escritural, donde cada elemento de la naturaleza se entrelazan con una danza espiritual que va más allá de la percepción personal del lector.
"Cuando en el delirio y el gozo,
entregamos hasta el alma;
cuando no sabemos si la noche cae,
o se levanta el alba,
erguimos las alas,
no para ascender sino para caer.
Como doncellas de arena, ateridas,
en la tenebrosa noche
juramos la promesa y convocamos el ayuno.
Como un ángel temido, la encorvada aurora
con su oscilante aullido nos despierta
para confirmar el vacío innominado
que nos legó el silencio". (“La ebriedad y el viento”) Pág.76
Este vuelo contrario del que nos habla Lozano, realza la profundidad de su poesía. No solo está atrapada entre límites imaginarios, sino que se siente liberada entre barrotes suaves los cuales puede traspasar hacia una dimensión desconocida y caótica.
Por su parte, Castellanos, irrumpe de golpe y estremece con versos supersónicos, dejando una estela de estupor y desagravios. La profundidad ahora es cómoda y un lugar espiritual tan infantil como maduro:
"En el bosque, en lo profundo,
un animal me ha besado…
un beso de colores mientras llovía,
un beso de esos llenos de vida.
Me enseñó su música,
me mostró el mar bajo la lluvia,
me dejó montar sobre él,
me enseñó el ritmo que puedo tener:
A ir por la colina,
a bajar a la playa,
a ser feliz mientras se baila,
mientras se canta,
a sacar el grito más profundo,
tan profundo
como el lugar del que él ha salido.
Ese animal divino,
hoy,
aún me acompaña".
("Déjame contarte un secreto) Pág.86
Esa infantil presencia que se enjuga de las aguas, también habita la poética de Orietta. En este fragmento del poema "Juego de Luciérnagas" (Pág.39), deja entrever la delgada línea entre la adolescencia y la adultez plena:
"Mañana cuando regrese de las aguas,
me iniciaré en la semilla del árbol de la vida.
Esta tarde tengo trece años
y me regocijo en la ventana,
vislumbrando caballos blancos y bisontes,
y un deseo oscuro en mitad de la montaña.
En esta tarde en que iluminan trece lunas,
estoy contemplando este camino tan largo
y tan profundo;
el que se bifurca el que se confunde,
el que me provoca y se extingue entre la niebla".
Y es el renacer, el continuar la evolución constante de la vida o cualquiera de sus formas, la constante en estas dos poetas. Sin embargo, Marla, va más allá, se planta ella misma, se irriga con el fluir de la esperanza, crece, se desarrolla, pero no muere, vuelve al principio como si nada:
"Nos hicimos semilla,
giramos por el mundo,
flotamos con el viento,
entendimos que no solo se necesitaba agua
sino también sol.
Nos hicimos semilla,
giramos por el mundo,
nos hundimos tristes en la tierra,
entendimos que necesitábamos aire
y un poco de luz.
Nos hicimos planta
y cuando vimos que no éramos iguales
me abrazaste y me dejaste crecer"
("Enredadera") Pág.15

Orietta Lozano, quien fuera Directora de la Biblioteca Municipal del Centenario en Cali, se define con la "palabra calma”, esa que invade sus libros, sus compañeros de siempre, libros refugio, libros que iluminan como luciérnagas, libros que renacen en cada uno de sus versos:
"Ya grabé el puñal a mi fantasma,
corté mi larga cabellera,
y la di de comer a mis hambrientos tigres.
Deshíce la herencia de los que murieron de tristeza,
y de un solo trago bebí el dolor del agua,
atravesé el bosque ardiente,
me sembré como una lila,
agonicé con la raíz del vientre entre las manos,
caminé con la dulce tos de la nostalgia,
y el cansado espejo que refleja
la turbiedad de mi costado.
Con cuanta suavidad
suspiro aún,
en el misterio y la palabra calma,
en el grito de la campana
que despierta
a las pequeñas luciérnagas,
que tan hondo cavan
en el centro de mi espalda". ("La escritora") Pág.28
Castellanos, quien como gestora cultural ha puesto en su interés la construcción de una cultura de paz en su país natal, busca, con su poesía, llegar a los lectores, en especial a los jóvenes. Presenta su propuesta con una jovialidad impecable y con ella y su búsqueda incansable, logra su objetivo:
"La máscara pálida,
como quien no le alcanzó el rayo de sol.
La máscara amarilla,
como quien conoce la enfermedad de la sangre.
La máscara llena de arrugas,
como quien conoce el tiempo,
como quien sabe dónde, cuándo y cómo,
tal vez en las noches,
entre letras y libros".
("Lectores') Pág.51
La autora caleña de la antología "El oleaje de la noche", se adueña de las aguas, las junta, las divide y con ellas compone palabras heridas, las cuales satura con un encanto femenil insufrible. Lozano es una cirujana del verso:
“Todo es negro, hasta el intenso filo de la luz
que desbocada, huye hacia el dolor del agua
y a su silencio inmemorial.
La piedra, es una corona gris y ensimismada
que corona los caminos.
El tren no parte, ni regresa,
es un pedazo de metal,
que transita mi memoria, una y otra vez,
como un amorfo aullido.
El mundo es una cortina negra,
la escritura es la sangre
que se desborda ilegible, agonizante
como el dolor de mis arterias".("La piedra y el aullido") Fragmento. Pág.30
"Cociendo heridas inexistentes", escribe Marla, sin dejar de ser también una notable ejecutante de la poética quirúrgica, " un hilo rojo que se rompe/ con cada paso que das". Y se pregunta en su mundo de palabras y (des)palabras cocidas con oro: "¿Devolver la madeja?/ Hacer un kintsugi/ con el alma que es humo…". En este poema "Un septiembre del 2023″, la poesía de Castellanos trasciende lo inverosímil y se hace creíble con más preguntas que respuestas: "¿Cómo podrás replicara el olor de los amantes?/ Tatuar la semilla, / que germina y se vuelve otra. / ¿Cómo hacer visible lo que se lleva en las entrañas?/ Dejar memoria, / cuando se ha quemado el papel/ y no es la gota en la piedra". (Pág.37)
Los libros navegan entre fronteras. "Yuxtapuesto" de Marla Catellanos y "Peldaños de agua" de Orietta Lozano, llegaron a mis manos de manera fortuita. Al parecer, estos poemarios querían hacer un viaje a nuestra pequeña isla y se toparon, quizás sin querer, conmigo, tal vez para no pasar, por este caribe indómito, desapercibidos.
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