En el centro de Madrid hay un restaurante cubano donde, mientras almuerzas, Ernest Hemingway te mira. Su sobrio retrato cuelga en la pared. Parece que Hemingway vivió en todos los países del mundo y en todos se le recuerda con el cariño que le tenemos a los vulnerables. Las novelas del gran escritor estadounidense se ven inspiradas por su espíritu aventurero y cosmopolita, que vivió sucesos históricos en varios continentes por su labor periodística, su singular condición de viajero infatigable y su espíritu bohemio y excéntrico.

Su primera novela, The Sun Also Rises (traducida al español y en alguna edición inglesa como Fiesta) fue publicada en octubre de 1926, hace casi cien años. Cuenta la historia de varios estadounidenses que residen en París en los años veinte del siglo pasado. Vidas disolutas, desenfrenadas, en medio de la resaca política y existencial de la posguerra tras la primera gran conflagración luego conocida como la Primera Guerra Mundial. Esos amigos son Jake, un periodista que participó en la guerra y fue herido en combate, lo que le ha generado impotencia sexual; Lady Brett Ashley, una mujer de 34 años en proceso de divorcio y su nuevo prometido, Mike; Bill, escritor y amigo de Jake, y Robert Cohn, quien se dedicó en la universidad a boxear y ahora tiene aspiraciones como escritor. Visitan Pamplona, en España, a propósito de las corridas de toros que se celebran en los sanfermines. Este viaje supondrá una metamorfosis en las relaciones interpersonales que se hilvanan entre las figuras mencionadas. Allí conocerán a Pedro Romero, un joven y popular torero de 19 años cuya aparición será fuente de tensiones.

La novela es un clásico y catapultó a la fama a Hemingway. Tiene una alta dosis autobiográfica. Se ha considerado como el testimonio de toda una generación que buscaba su identidad y su lugar en el mundo, tanto en Estados Unidos como en Europa; una generación signada por la tragedia que se refugiaba en las fiestas, el ruido, el juego y el sexo para no recordar el trauma colectivo y personal de los hechos bélicos que había atestiguado. Es también una poderosa crónica cultural, toda vez que el clímax de la novela tiene lugar en una gran tradición de España como es la corrida de toros. Durante siete días, todo es fiesta. Eran años de gloria para la tauromaquia española. Igualmente, la vida de la comunidad estadounidense en París da cuenta de la capitalidad artística que ya tenía esa ciudad en la posguerra y que se extendería desde la literatura hacia muy diversas ramas del arte. Lady Brett Ashley es el personaje que domina la novela con su conducta sexual libre. Sostiene una relación con todos los amigos y finalmente con el joven torero desde el día en que se conocen. Es el carácter mejor logrado por Hemingway y es un símbolo de la mujer que en el Primer Mundo comienza a explorar sin represión ni remordimientos su sexualidad, pese a que en la novela su proceder es de gran incomodidad y una fuente de celos para quienes le rodean.

A pesar del gran impacto de esta novela en la historia de la literatura del siglo XX, punta de lanza de una imprescindible promoción literaria conocida como la Generación Perdida —con otros escritores tan aclamados como William Faulkner, John Dos Passos y Francis Scott Fitzgerald—, me ha parecido que en amplias zonas de la historia no hay un plan elaborado de forma concienzuda, sino a recuerdos dispersos que Hemingway maquilla con ciertas estrategias de la ficción. Por ejemplo, la novela tiene un inicio en el que habla ampliamente de Robert Cohn, un personaje que luego será relegado a la insignificancia. Hasta que el grupo de amigos llega a España, la novela convoca al tedio, a la repetición de acontecimientos triviales que, si bien sirven como ambiente para el lector familiarizarse con la individualidad de los personajes, también puede resultar bastante aburrida la continua posposición del kid del argumento. Muchas de las grandes habilidades de Hemingway como cuentista, como la elaboración de frases cortas, la perfección de los diálogos y la sugerencia de motivos ocultos como la masa de un iceberg, quedan de manifiesto. Sin embargo, se echa de menos en la novela esa contundencia, esa unicidad de efecto que logra en sus cuentos en pocas páginas. Es como si la abundancia de anécdotas que puebla esta novela resultara en cierto perjuicio para que no se quede en la memoria lo que en ella resulta revelador y relevante. Hemingway luce a veces como un cuentista que aquí alarga el cuento más allá de lo necesario. En El viejo y el mar, tres décadas más tarde, se habrá convertido en el cuentista perfecto, no importa si lo que escribe se llama novela.

Gabriel García Márquez.

En su famoso artículo de 1981 titulado «Mi Hemingway personal», Gabriel García Márquez dice:

«Toda la obra de Hemingway demuestra que su aliento era genial, pero de corta duración. Y es comprensible. Una tensión interna como la suya, sometida a un dominio técnico tan severo, es insostenible dentro del ámbito vasto y azaroso de una novela. Era una condición personal, y el error suyo fue haber intentado rebasar sus límites espléndidos. Es por eso que todo lo superfluo se nota más en él que en otros escritores. Sus novelas parecen cuentos desmedidos a los que les sobran demasiadas cosas. En cambio, lo mejor que tienen sus cuentos es la impresión que causan de que algo les quedó faltando, y es eso precisamente lo que les confiere su misterio y su belleza. (…) Borges (…) tiene los mismos límites, pero ha tenido la inteligencia de no rebasarlos.
(…) Esa conciencia técnica será sin duda la causa de que Hemingway no pase a la gloria por ninguna de sus novelas, sino por sus cuentos más estrictos».

Hemingway, «el efímero», como le llamó Gabo, cuya larga huella literaria empezó hace un siglo, puso punto final a su mayor novela, su vida, durante las primeras horas de una mañana azarosa de 1961. En ese restaurante de Madrid al que no he vuelto, quizás él siga observando a los comensales para contar historias en la eternidad.

Juan Hernández Inirio

Escritor, profesor y gestor cultural

Juan Hernández Inirio (La Romana, 1991) ha dedicado su vida a la literatura, el activismo político, la docencia y la gestión cultural. Doctorando en Estudios Literarios en la Universidad Complutense de Madrid, en la que también cursó el Máster en Cultura Contemporánea (junto a la Fundación Ortega-Marañón). Licenciado en Educación mención Letras, magna cum laude, por la Universidad Dominicana O&M. Es autor de libros de poesía (Cantar de hojas muertas, 2010; Musa de un suicida, 2014; El oráculo ardiendo, 2016, y Vigilia en el desierto, 2024), cuentos (El nieto postizo, 2021) y ensayos (Un bello balcón con vistas al incendio, 2024), y compilador de una antología (La insurgencia de la metáfora. Treinta poetas de los años sesenta, 2019). Actualmente es secretario general de la Comisión Nacional Dominicana para la UNESCO y profesor universitario en UNIBE. jhernandezinirio@gmail.com

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