"El infierno de una persona puede consistir en enfrentar el hecho de que su madre nunca lo amó; o puede residir en fantasías de destruir a aquellos a los que ama, como Medea destruyendo a sus hijos; o sufrir la crueldad monstruosa liberada en tiempo de guerra cuando se vuelve patriótico odiar y matar" (Rollo May."El clamor por el mito" (1991)
"Así, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por su muerte al que tenía dominio de la muerte, a saber, al diablo" (Heb. 2:14)

Rollo May (Estados Unidos, 1909-1994), señalaba que la libertad no debe confundirse con rebelión,  aunque esta última es un paso necesario en la evolución de la conciencia y la libertad misma (¹).

En los cuentos "El hombre que vivió sin penas ni glorias" y "Este muerto no tiene credenciales" de Lorenzo Araújo, el primero, y el segundo de la autoría de Ángel Hernández Acosta, los personajes de rebelan contra la muerte. Sin embargo  no logran su libertad. Están atados a una realidad insuperable. A un destino del que nadie escapa.

Como parte del libro "Muertos que viven. Cuentos con refranes, decires, creencias y costumbres del alto sur de la República Dominicana", Palibrio LLC, 2013, el autor Lorenzo Araújo (San Cristóbal, 1947) logra adentrarse, con su impresionante arte de la fabulación, a un mundo, donde el mito, la magia y lo sobrenatural habitan a sus anchas sin ser molestados. Es un mundo que, en medio de lo que pudiera parecer caótico, obedece reglas y leyes inalterables:

"- En los miles de años que tengo en este trabajo, todo me había sido fácil. Las almas son buenas, y las llevo al Cielo, o son malas, y se las llevó a Satán. Pero esta alma no califica para ninguna  de las dos posibilidades. Se la llevaré a san Pedro, no le haré ningún comentario y que él averigüe-" (Pág.53)

Lorenzo Araújo y Ángel Hernández Acosta: Rebelión ante la muerte

Ángel Hernández Acosta (Bahoruco, 1922-1995) en su cuento incluido en la excelente compilación de Luesmil Castor Paniagua  "La sombra homicida y otros cuentos", Tiempo de Nosotros Editores, 2022, el caos  no pertenece al mundo del más allá, sino que existe en la vida misma. El personaje aún no sabe dónde pertenece, y vive en un espacio-tiempo incierto. Sin embargo, sus pecados, sus errores  sus imperfecciones habitan junto a él donde sea que crea que está:

"-Parece que me estoy volviéndome loco, no hay duda, loco, y una prueba de ello es que esta imagen mía que se ve en el fondo del espejo, se mueve, se mueve como el picaflor  como ese pájaro de nervios que de tanto trajinar  está y no está donde está-". (Pág.70)

"El proceso de la creación de una novela, un cuento, o un relato…", señala nuestro Premio Nacional de Literatura, Dr. Bruno Rosario Candelier(²), "…o de cualquier obra de ficción, implica inventar una historia y plasmarla con los procedimientos literarios, las técnicas de composición y los recursos de la palabra, para darle vida a lo que se llama ficción". Estos escritores presentan en sus respectivos cuentos  los principios fundamentales de la creación ficcionada, los cuales también enumera el Director de la Academia Dominicana de la Lengua.

Don Lorenzo,  quien además es médico psiquiatra, explora la psiquis, ese conjunto de procesos psicológico de un personaje que, sin éste  ser un ser humano (valga la redundancia), está lleno de dudas, emociones, pensamientos, sentimientos y deseos y puede ser objeto de un psicoanálisis profundo que lleve a descubrir, entre sus sombras, una humanidad estructurada:

“Desconsolada partió la Muerte, con su alma rastras, hacia las regiones de las alturas designada como los reinos de los infiernos de Satán. Y llegó la Muerte, con su alma cuestas, al recinto satánico. Sonó la campanilla de anuncio en la puerta del anfiteatro del despacho de Satán, y cuando Satán asomó los cuernos puntiagudos de su cabeza para ver quién había llegado, con voz vacilante, la Muerte le dijo:

-Satán, aquí te traigo esta alma". (Pág.55)

Lorenzo Araújo y Ángel Hernández Acosta: Rebelión ante la muerte

Hernández Acosta (don Quinito) describe en su relato la naturaleza de una personalidad que no tiene control de su propia conducta. Lo trasforma en una máquina, un autómata  con una programación determinada, y que luego de cumplir la misión se reinicia y vuelve a la humanidad que le ha sido pausada:

"… Y entonces cambié de pensamiento, me puse a recordar que qué acto de valentía había realizado yo en el combate, y sólo me acuerdo de que desvainé el sable, cerré los ojos, y cuando volví a saber de mí  me asusté al ver el campo sembrado de llamas y de cadáveres del enemigo". (Pág.71)

La muerte, como personaje, se torna tierna y comprensible. El Dr. Araújo desdibuja el concepto de la responsable de la ausencia de la vida. Ahora, más que dirigir una barca,  se transforma en un vientre materno, donde el alma en cuestión  pasa a ser un embrión al que protege y consuela:

"La Muerte, un tanto avergonzada por su mala decisión y con temor a repercusiones que la desacreditaran ante los ojos del Señor, respondió, afligida y más bien en tono de excusas:

-Pero, Pedro, ella no tiene pecados…". (Pág.54)

Su rebelión es con él mismo. El personaje creado por don Ángel Hernández Acosta, lucha constantemente con su "yo" y  su "súper yo". Sus contradicciones y paradigmas cercan su mente. Su muerte es lenta. Sus células no abandonan la vida de manera instantánea. Se va paso a paso y ni siquiera lo sabe. En realidad, el lector tampoco lo sabe:

“Al verlo venir corriendo desesperadamente, el comandante suelta las chancletas, se calza las botas al revés, mientras buscan nerviosamente la carabina, extraviada ante sus ojos, se dice: '¡Malditos, ya volvieron a romper la tregua!' A pelear otra vez, y ahora con un Cabo que no puede volver a ponerse loco porque tiene el cuerpo que no le cabe ya otro agujero.'

-¡Comandante! ¡Comandante!

-¿Qué? ¿Son muchos?

-No es eso, comandante, no es eso. Lo que quiero es que usted me diga la fecha en que me mataron". (Pág.76)

Del doctor Lorenzo Araújo, la destacada gestora cultural Rosina Anglada expresa: "De forma magistral, nuestro querido maestro Araújo, nos recuerda lo que acontecía en la segunda mitad del siglo XX en nuestros campos y ciudades y repasamos dichas creencias, costumbres, anécdotas, dichos y formas de ver la vida y la muerte, a partir de las descripciones de personajes y hechos que muestran la realidad de nuestro país en los ámbitos sociales, económicos y culturales de esos tiempos"(³). Y es esa maestría  la que permite que un personaje que parecía secundario, pase a ser el protagonista del emocionante y atrapante relato "El hombre que vivió sin penas ni glorias":

“La Muerte tenía el dilema más grande que jamás se le había presentado. San Pedro no quería el alma. Satán no quería el alma, no podía retornar el alma la Tierra porque le está completamente prohibido a ninguna alma retornar a la Tierra después de haber traspasado las esferas de los reinos. Y tampoco podía dejarla abandonado entre las esferas de los reinos sin permiso de ambos dominios, aunque parecía una buena solución". (Pág.56)

El Profesor Emérito de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, doctor Julio Cuevas, al momento de presentar el libro "La sombra homicida y otros cuentos" destaca la literatura de don Ángel Hernández, de la siguiente manera: " Los rejuegos metafóricos demarcan la poesía de su prosa  por lo que, desde el cuento, la novela y el teatro, nos permite descodificar su cosmovisión, asumiendo el dominio de una cadencia expresiva en el uso de la lengua". Cosmovisión que retrata en el siguiente párrafo del relato:

“El Cabo Pedro Rosales abre la puerta, la tira tras de sí, y queda atrapado en el cuarto de los arrestos. De paso se lleva el espejo -mi espejo personal, se dice- que ahora suspende de un clavo en la pared, y al terminar la operación, lo que ve en el fondo del cristal es el cadáver cuyo entierro acaba de prohibir. Lo observa ahora con más atención que allá en el cementerio, y el tiempo de ver deshojarse la rosa de su pómulo izquierdo y reaparecer el lunar desequilibradamente, ve también que la rosa del Cabo que está dentro del espejo, se abre más y más, como si se multiplicara en todo un rosal bajo diluvios de angustias. La pequeña mancha negra vuelve a hablar, no como antes, sino que ahora la recrimina por no haber evitado aquella muerte -mi muerte, se dice-, y se acuerda del día en que montó a caballo, al cinto el revólver y la escopeta en bandolera, y las palabras que dijo papá cuando empezó a caminar con el sol, y se acuerda también de las otras que dejó caer sobre el fondo estrellado de la noche anterior". (Pág.77)

Es así como, entre la vida y la muerte; entre lo "Mágico-religioso" de Lorenzo Araujo y el "Realismo mágico" de Ángel Hernández Acosta, queda el lector, atrapado en un limbo dantesco, recibiendo dosis de rebelión y libertad bajo palabra.

Notas bibliográficas:

(¹)May, Rollo, "El clamor del mito", W. W. Norton & Company, 1991.

(²)Rosario Candelier, Bruno,  "La ficción histórica, el arte literario de la fabulación",  Archivo General de la Nación, DIX, 2024.

(³)Anglada, Rosina, "Lorenzo Araujo: Poeta y narrador"Acento.com.do,  8/10/2023.

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

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