Discurso inaugural del Museo del Instituto Dominicano de Investigaciones Antropológicas
Distinguidas autoridades académicas, honorables miembros del Consejo Universitario, estimados docentes, investigadores, estudiantes, invitados especiales, señoras y señores:
Hoy nos convoca un acto que trasciende lo protocolar para inscribirse en el ámbito de lo histórico y lo simbólico. Nos reunimos para inaugurar el Museo del Instituto Dominicano de Antropología (INDIA), un espacio que no solo alberga objetos, sino que resguarda memorias, interpreta identidades y proyecta futuros posibles desde la raíz misma de nuestra historia.
Este museo nace como expresión concreta del compromiso de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo con el conocimiento, la preservación del patrimonio y la formación integral de nuestras generaciones. No se trata únicamente de vitrinas cuidadosamente dispuestas, sino de un territorio de sentido donde cada pieza arqueológica precolombina expuesta dialoga con nosotros, nos interpela y nos obliga a repensar quiénes somos como pueblo.
Las piezas que aquí se exhiben —cerámicas, herramientas líticas, objetos rituales y vestigios de la vida cotidiana de nuestros pueblos originarios— constituyen testimonios irrefutables de la riqueza cultural que existía en esta isla mucho antes de la llegada europea. En ellas habita la inteligencia técnica de los taínos, su cosmovisión, su relación armónica con la naturaleza y su profunda espiritualidad. Cada fragmento es, en esencia, un signo que comunica: habla de organización social, de prácticas económicas, de sistemas de creencias y de una estética propia que desafía el paso del tiempo.
Desde la perspectiva de la antropología y la historia, este museo se erige como un laboratorio vivo de interpretación. Su importancia radica en que permitirá a estudiantes, docentes e investigadores no solo observar, sino analizar, comparar, reconstruir narrativas y producir conocimiento situado. En un país donde la memoria histórica muchas veces ha sido fragmentada o simplificada, este espacio ofrece la oportunidad de rearticular el discurso sobre nuestros orígenes desde una base científica y humanística sólida.
Para la arqueología dominicana, este museo representa un avance significativo. Constituye un punto de encuentro entre la investigación de campo y la socialización del conocimiento. Aquí los hallazgos dejan de ser datos aislados para convertirse en relatos accesibles, en herramientas pedagógicas, en puentes entre la academia y la sociedad. Es, además, una invitación permanente a seguir explorando, excavando no solo la tierra, sino también nuestras propias concepciones sobre identidad, herencia y pertenencia.
En el ámbito de la docencia, el impacto será profundo. Este museo funcionará como un aula expandida, donde el aprendizaje se construye desde la experiencia directa, desde la observación crítica y desde la interacción con los vestigios materiales de la cultura. Los estudiantes de historia y antropología encontrarán aquí un recurso invaluable para su formación, pero también lo será para toda la comunidad universitaria y para el público en general, en tanto espacio de educación continua y de sensibilización cultural.
Permítanme, en este momento, expresar, en mi nombre, un profundo agradecimiento al Rector de nuestra Universidad, el Mtro. Editrudis Beltrán Crisóstomo, por su respaldo decidido a las iniciativas que fortalecen el pensamiento crítico y la investigación en las humanidades. Extiendo este agradecimiento a los miembros del Consejo Directivo de la Facultad de Humanidades, cuyo compromiso y visión han sido determinantes para hacer realidad este proyecto.
De igual manera, reconozco con especial gratitud al personal administrativo que, con esfuerzo silencioso pero constante, trabajó arduamente para que hoy estemos aquí celebrando este logro. Su dedicación es prueba de que las grandes obras no se sostienen solo en ideas, sino en voluntades concretas que las hacen posibles.
Felicito de manera muy especial a la maestra Jacqueline Álvarez, directora del Instituto Dominicano de Antropología, por su liderazgo, su entrega y su fe en este proyecto. Este museo es, en gran medida, resultado de su perseverancia y de su compromiso con el desarrollo de la antropología en nuestro país. Hago extensiva esta felicitación a los pasados directores del Instituto, quienes, desde sus respectivas gestiones, sembraron las bases que hoy florecen en este espacio.
Asimismo, reconozco y felicito al maestro Teodoro Viola, director de la Escuela de Historia y Antropología, por creer en esta iniciativa y apoyarla con determinación. Su respaldo ha sido clave para articular los esfuerzos académicos necesarios para la concreción de este museo.
Hoy no inauguramos únicamente un espacio físico. Inauguramos una forma de mirar, de interpretar y de enseñar nuestra historia. Inauguramos un compromiso renovado con la memoria, con la ciencia y con la cultura. Inauguramos, en definitiva, un puente entre el pasado y el porvenir.
Que este museo sea siempre un lugar de encuentro, de reflexión y de construcción colectiva de conocimiento. Que sus piezas no permanezcan mudas, sino que continúen hablándonos, cuestionándonos y guiándonos en la búsqueda de una identidad cada vez más consciente, crítica y profundamente humana. ¡Enhorabuena!
¡Muchas gracias!
14 de abril de 2022-2026, FH-UASD
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