Ella viene de un pueblo pequeño que tiene el nombre de una flor. Creció allí, en una casita de manera pintada de azul situada en un cerro en medio de la inmensidad. De ese lugar son sus recuerdos y algunos de sus más sentidos poemas. La música que llevan sus versos y los silencios que llevan sus días, los aprendió mirando las lejanas colinas de su tierra y andando y desandando descalza por sus llanuras. “Copey, ese lugar pequeño en donde nací, es un lugar imprescindible para mí. Amo y me nutro de esa tierra, de sus lomas, de todo el ensamblaje que le hace especial en mis recuerdos”.
Marianela Medrano (Copey, República Dominicana, 1963) es escritora de literatura infantil, novelista, psicóloga, viajera sin fronteras y, ante todo, es una poeta que tiene la virtud de detenerse en las cosas pequeñas. En sus libros, el colibrí es un ave mensajera, y el árbol de jagua, cuando es visitado por el viento, casi un himno nacional.
Primero escribió poemas de amor y de contenido social. Después, de adolescente, escribió cartas por encargo para mujeres cuyos esposos vivían en Estados Unidos.
Marianela escribió Prietica (Loqueleo, Alfaguara Infantil, 2013), una novela para niños que cuenta, a través de una niña de Copey, el legado de los primeros pobladores de la isla.
También publicó Diosas de la yuca (Ediciones Torremozas, 2011), Rooting. Selecting poems (Editorial Owlfeather Editorial, 2017), que, en opinión de Rhina P. Espaillat, es “una armoniosa mezcla de nostalgia”.
En su bibliografía también se cuentan Curada de espanto (Ediciones Torremozas, 2002), y Regando esencias/El aroma de la espera (Nueva York: Ediciones Alcance, 1998), entre otros.
En los altares de sus versos están Yemayá, “la del vientre de agua”, y Lemba, que se inventó un lenguaje para decir libertad. Para ella, la poesía es música, es silencio y es sinfonía, y es también una forma de entenderse a sí misma y de entender todo aquello que le rodea. Y piensa que “detrás de cada puesta de sol hay un poema. Según Julia Álvarez, Marianela tiene el don de la palabra mágica y con ella da voz a la luciérnaga y a la diosa.
“Sin los silencios de la infancia -dice con una media sonrisa- y sin las historias que le contaban los abuelos no hubiera sido poeta”.
Marianela Medrano viene de un mundo poblado de mitos y leyendas, y de historias que volaban en el aire de su infancia. Entre los cuentacuentos de su infancia está Maro, “mujer hecha de fuego y tierra roja”, a la que le escribió:
Hacedora de poetas:
Tanto la he amado en la distancia
Que la traigo más pegada todavía
Tanto la he amado que la volví poema
La volví sol para tostar mi piel
Marianela Medrano anda por el mundo con su pelo ensortijado y con la vida estremecida de luz, llevando a todos lados su verdad poética y contando en versos la historia de su tierra.

¿Usted es poeta o poetisa?
Ya sabes que el término poetisa tiene una connotación no inclusiva y peyorativa, por su implicación de que la poetisa deviene del poeta, o está subyugada a lo masculino. Esto es algo muy curioso, el hecho de que poeta se use para referirse al masculino, cuando es un término andrógeno. Prefiero identificarme como poeta, porque es inclusivo de todos los géneros, por su naturaleza andrógina. Poeta es un sombrero que le queda bien a quien sea.
¿La poesía era su destino?
Sí, no puedo imaginarme la vida sin la poesía. La poesía para leerla, para escribirla, para aspirarla, vivirla en cada momento de pausa. Es que la poesía para mi es un símbolo de lo sagrado, de lo que va más allá de lo personal, es la extracción y preservación de la médula, o la savia, el agua que vigoriza mi vida. Si dejara de escribirla o leerla me secaría como una hoja, o un río que deja de fluir.
¿Usted es de los poetas que saben hablar con el viento?
Sí, con el viento, con los ríos, las montañas, con el monte, sin esa comunión no podría escribir, estaría seca, árida y prefiero el susurro jugoso de las palabras que trae el viento. Cuando camino por el monte y el viento se enreda en mis cabellos o me acaricia la piel, me siento tocada y bendecida a la vez. Le hablo al viento, sí, y le cuento las cosas que me aquejan y las que me alegran, tiendo a escribir mientras camino, en mi cabeza y luego lo vacío en la página.
¿También es de los escritores que llevan la escritura en el cuerpo y en el alma, o es de los que aprenden la técnica y ya está?
No, no entiendo que es eso de técnica, me da urticaria y me confunde. Practico y comparto con otros un tipo de escritura que se extrae del cuerpo, de nuestro comulgar con el silencio. No es una técnica, es un proceso orgánico, fluido, innato.
El cuerpo tiene una inteligencia única que comienza en el vientre de nuestra madre, y nos revela todo lo que necesitamos saber sobre nuestras experiencias, físicas, psicológicas, espirituales y emocionales. La escritura está hecha de ese fluir entre el conocimiento cognitivo y el lenguaje del cuerpo, cuando se mezclan forman una aleación insuperable.
Frase del filósofo Byung-Chul Han: “Los poemas son ceremonias mágicas del lenguaje” ¿Puede darme una definición de poesía que compita con la belleza de esta frase?
No, me rindo. Byung-Chul Han lo logró, dio en el centro. No me atrevo a competir. La poesía es alquimia, es ceremonia y es afirmación de la vida, como indica el filósofo Han. Puedo agregar que el lenguaje es un conducto que necesita entrar en contacto con la cotidianidad para producir la magia. Si nos quedamos solo en la mente y no agregamos la sabiduría del cuerpo el lenguaje no puede crear esas ceremonias mágicas a las que alude Han.
¿Qué tiene de sinfonía la palabra poética?
Todo. Es, como te decía anteriormente, la danza entre el cuerpo y la mente, entre la naturaleza que conversa con nuestra naturaleza; todos los elementos, los tiempos, las vibraciones, las palabras susurradas por el viento, la cadencia de esas palabras, que va más allá de la mediatez, todo ese conjunto se mezcla para crear la palabra poética. Esa, la palabra poética es la que cimbrea en el paso rabioso o plácido de los ríos, es la que resuena en los huracanes, en los relámpagos, y sobre todo, la que se enquista en el silencio hasta hacer una ola alta que se vuelca en la página.
¿Qué relevancia tiene la música de las palabras en su escritura?
En mi experiencia, mucha. Escribo hablando y moviéndome, cuando hago senderismo, cuando limpio mi jardín, o lavo los platos. Después de dejarlas en la página, sigo bailando con las palabras, leo y releo en voz alta para encontrar el ritmo adecuado, la cadencia necesaria.
Con frecuencia, edito mis poemas en cada lectura, aunque estén publicados. La enunciación de cada palabra me da pautas, me invita a recrear. Esto puede ser frustrante. Tengo una amiga que con frecuencia me recuerda “tanto jodió el diablo al hijo hasta que le sacó un ojo.” Lo dice por mi manía de cambiar líneas, una y otra vez.
¿Para quién escribe usted y con quién conversan sus versos?
Escribo para entenderme y entender lo que me rodea. La verdad es que cuando estoy escribiendo no estoy pensando en quien me va a leer, estoy pensando en cómo llegar al corazón de lo que quiero decir. Mi enfoque es en descifrar lo que se está revelando en la palabra poética. Lógicamente, me gustaría que lo que escribo tenga una resonancia empática con quien lo lee, sea quien sea. Mis versos conversan con la multiplicidad de experiencias, seres y realidades.
Frase de Edgar Allan Poe: “Un poema merece su nombre solo en la medida en que emociona, elevando el alma”. ¿La poesía tiene entre sus urgencias la de entender el alma humana para ser mejor?
Eso del alma es complicado. ¿Qué es el alma? Puede que un poema nos cause rabia, deseos de cambiar algo, y por igual tiene validez. Entonces, si hablamos de alma como un hilo conector entre todo lo que existe, a lo mejor entonces diría que sí a la frase de Allan Poe.
Otra frase de Allan Poe: “Yo definiría la poesía como la creación rítmica de la belleza”. Y otra más: “La belleza es la esencia real del poema”. ¿La belleza debe ser premisa de la poesía? ¿Es decir, si se dice poesía se dice belleza?
Tendríamos que irnos de nuevo a la etiología de la palabra. ¿De dónde viene la belleza, de lo excelso o de lo real, palpable y conmovedor? Para mí lo bello no es necesariamente lo que se ajusta a una estética establecida de lo que es pulcro o perfecto. Puede haber belleza en un momento de encuentro entre el sentir y lo doloroso.
Por ejemplo, en mi trabajo filantrópico he visto tanta belleza desgarradora, cosas feas que revelan hermosura, cosas putrefactas que revelan belleza. Te doy un ejemplo más cotidiano, hoy precisamente fui a darle vueltas al tiesto donde hago compost, una especie de tambor diseñado para dar vueltas y mezclar bien los diferentes componentes. Al abrirlo para tirar nuevos desechos, encontré unos repollos de vegetales hermosos y nutritivos que salieron del estiércol, de la basura. Ese fue un momento de gran aprendizaje para mí. Entonces si la belleza es estiércol y un componente de la poesía, estoy completamente de acuerdo con Allan Poe.
¿De qué tamaño es su compromiso con la poesía?
Del tamaño del pluriverso, con líneas y estados imposibles de medir, por su vastedad.
¿Usted quiere, requiere y necesita que su poesía tenga consecuencias, es decir, que deje huellas?
Bueno, sí, por eso de que es interrogación, en su mayoría, interrogación del orden establecido, es una poesía inquieta, que grita y pregunta, entonces me gustaría tenga consecuencias, como que invite a quien le lea a cuestionar la historia mal contada, o cosas así. Quiero que sus huellas sean seguidas por mentes curiosas que quieran, ya sean contradecirme, o investigar más sobre lo que cuento, para afirmarlo.

¿Cuál es el ángel que mueve sus historias?
No sé si creo en los ángeles, pero sí creo en la fuerza de las conexiones. Entonces lo que mueve mis historias, mis poemas es ese sentido de la reciprocidad entre todo lo que existe en el pluriverso. En uno de mis poemas hablo de ángeles que caminan con la cabeza en el suelo, con el pelo embarrado, no son ángeles aceptados por el status quo. Así es que como te dije, no sé si creo en los ángeles tal como nos han presentado, pero sí creo en la naturaleza interconectada de todo, y eso mueve mis historias y mis poemas, que son historias también.
¿En quién pensaba cuando escribió Prietica?
Pensaba en mi niñez, en mi niña asombrada ante los prejuicios, ante la negación de quienes somos como gente indígena y negra. En eso pensaba, pero también en mi conexión con la naturaleza, y mi incredulidad ante todo el daño que le hacemos al mundo natural. Prietica es una niña que habla para fijar la memoria histórica. Por eso hila y entreteje historias, para sujetarnos al punto del origen, el sostén del momento presente y quinas somos.
¿Dónde se encuentran la Marianela poeta y la Marianela psicóloga?
En todo momento, son la misma. La una se afinca en la otra. La poesía me hace ver las cosas con claridad, la psicología me ofrece un contexto, un recuadro en donde colocar lo hallado.
¿Los conocimientos de psicología le han servido para algo en la poesía?
Mucho, la psicología transpersonal, mi enfoque primordial, se ocupa de entender el todo que nos compone. Desde lo que he aprendido, miro las partes de ese todo y reconozco que el todo y las partes tienen una relación inextricable. El tipo de psicología que practico valida la naturaleza inter-relacional, el principio de la reciprocidad que sostiene al pluriverso.
Entonces, todo lo que sé de psicología se integra en mi poesía y viceversa. La verdad, verdad, no puedo distinguir entre una y la otra, por eso las he matrimoniado y utilizo la poesía para que las personas con las que trabajo encuentren su voz, y entiendan el tejido que los compone. Todo lo que ofrezco ha sido pasado por el colador de mi propia experiencia, lo he digerido, sentido, pensado, reflexionado para entenderlo desde mi propia inteligencia corporal, espiritual y cognitiva.
¿Qué significa para usted el acto, el simple acto de sentarse a escribir la vida en versos?
Un compromiso y un placer a la vez. Es mi manera de fluir, de respirar y de navegar el océano de lo inconsciente que debe volverse consciente. Es mi modo de auscultar el medio ambiente, la ecología en que camino, o sea, mi relación con todo lo que existe y que me existe.
¿Qué rituales cumple usted para encontrarse con sus musas y qué condiciones confluyen para que usted cree un poema?
Escribo en movimiento, como a lo Rumi, dando vueltas hasta encontrar la palabra. Escribo mientras me muevo y luego lo llevo a una libreta, tacho y reescribo mientras leo, me escucho, me edito, y luego vuelvo a escribir de nuevo. Finalmente lo paso a la computadora. A veces, cuando llega ese momento de sentarme a escribir, hago rituales particulares, como quemar incienso, prender una vela, eso en el momento de escribir en la libreta, o la computadora. Esto principalmente cuando escribo poesía.
Cuando escribo ensayos, o un libro sobre psicología y poesía en el que trabajo es otra cosa. Mis ensayos pueden comenzar directamente en la computadora, esto por el rigor de las citas y anotaciones, los hago directamente en la computadora y ordinariamente entre montañas de libros. Me anido como gallina, hago pilas, montañas con mis libros, agarro uno y otro, busco, pienso, comparo y hablo en voz alta también.
La escritura de poesía nace del movimiento, de mi interactuar con la vida, con la naturaleza, con la gente y con los demás seres vivos. Mi poesía se ensucia de vida, es desordenada si se quiere, está hecha de muchas cosas. Aunque por lo regular, el producto final tiene una temática. Este es otro punto convergente, la investigadora y la poeta se retroalimentan. De ahí el carácter temático de mis colecciones de poesía. Cuando hago investigaciones, invariablemente nace un poema, es mi modo de metabolizar, de digerir los temas que investigo. Por ejemplo, como mencioné, Diosas de la Yuca fue mi manera de digerir las lecturas que hacía sobre la colonización y el genocidio de nuestros ancestros.
¿Qué libros leídos se les quedaron en el alma y que tomó de ellos para sus poemas y sus historias?
Se me quedan todos, de alguna manera, cada lectura marca. A veces una palabra que leo abre una fuente generosa de otras que fluyen y convergen en un tema específico como la justicia social, o la necesidad de recontar la historia oficial, como lo hacen Diosas de la Yuca, El Nuevo Libro de Revelaciones y Prietica, estos libros nacieron de mis lecturas y de mis experiencias después de leer y el impacto que tuvieron en mi mente/cuerpo.
¿Qué puertas, qué caminos, qué ventanas y qué mundos le han abierto los libros, los que ha leído y los que ha escrito?
Todas las puertas y ventanas por las que he atisbado o salido al mundo me las han proporcionado las lecturas y, mis lecturas del mundo natural también. La naturaleza es un libro abierto que habla muchos idiomas. Los libros, ambos los que leo y los que escribo, son conversaciones, reflexiones, interpelaciones que se sostienen y que generan conjeturas, discernimiento y curiosidad. Esta última espero no perderla nunca.
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