Cada movimiento de escritura comienza con una inspiración, que se derrama sobre el papel, en líneas curvas, y por ahí se va. Así es para mí…

Hoy, este ejercicio, en particular, sigue una inspiración de muchos años y contiene la forma, la potencia, el coraje y la feminidad que vienen de África… atributos irremediables e inevitablemente necesarios, ahora, más que nunca. La vida y la obra de artistas como la senegalesa Kine Aw nos dan el alimento justo, en los tiempos actuales, donde la agresividad y la crueldad pretenden continuar invadiendo el palco de los poderes estatales y así continuar engordando el vientre patriarcal. Es aquí donde la historia y las respuestas de la artista Kine Aw, ante la vida, se tornan más relevantes.

Nacida en Dakar en 1977, Kine vivió parte de su infancia en Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo, durante la época de Zaire (actual Congo), bajo la dictadura de Mobutu Sese Seko. Un momento de gran efervescencia cultural, donde el arte dialogaba en diferentes dimensiones y el protagonismo de la pintura y la fotografía era propulsado junto a la música y la moda, que en sí era una entidad más allá de sí misma. Evidente en el surgimiento del movimiento de «La Sape» (Sociedad de Ambientadores y Personas Elegantes) como una declaración cultural y sociopolítica de resistencia, donde la habilidad para vestirse elegantemente actuaba como tecnología para trascender las dificultades materiales en un país destrozado por la guerra y la pobreza, una proclamación estética de resistencia al colonialismo y un acto de rebeldía contra el desespero. Auxiliado por las políticas de valorización de la identidad africana instauradas años después de la independencia de Francia. Este movimiento fue fértil en que las mujeres desafiaban las reglas de género, liderando la escena musical y creando el personaje de «la sapeuse», que vestía saco, corbata y sombrero como sus impecables colegas caballeros (sapeurs).

Kine Aw, 'Civisme'.

Es desde ese vibrante entorno que Kine Aw regresa a Dakar para estudiar en la École des Beaux-Arts, en 2006…

Conocí a Kine durante mis primeros meses viviendo en Dakar, gracias a una amiga lingüista, artista y traductora noruega, que, para el registro, estaba casada con el embajador de Holanda, pero se rebelaba a diario contra los protocolos privilegiados. Anne, que era su nombre, quedó muy impresionada con el trabajo de Kine después de conocerla y, paso a seguir, me recalcó que yo debería conocerla también. Muy acentuada intuición de esta amiga, pues mi primera visita al taller de Kine en el «Village des Arts», donde ella creaba a capa y espada, abrió un sinnúmero de visitas que se tornaron uno de mis rituales curatoriales favoritos en Dakar. Estos gestos comenzaban con Kine calentando el agua para l’ataya (té senegalés), mientras nos sentábamos a conversar hasta bien entrada la tercera ronda de té… la vida, el panorama existencial, las formas, las razones, el paisaje, ser mujer en el mundo, en este mundo, en la semiaridez del Sahel (zona de transición entre el Sahara y las zonas subtropicales del sur) y en Senegal…

Desarrollamos una complicidad y una amistad de las más inspiradoras para mí… como curadora y como mujer. Tanto que, años después de mudarme de Senegal, cuando me encuentro en un momento desafiador en base a mi naturaleza y condición de mujer, pienso en Kine, en su potencia, y me siento abrazada por una fuerza hermana…

Ella me decía: «Mi padre y mi familia piensan que estoy mal de la cabeza siendo artista; para ellos, una mujer debe buscar un marido y ocupar el lugar de cuidado de la casa y del marido». Ella reiteraba: «Aurora, ellos son como la mayoría de los senegaleses, que piensan que ser artista no es algo hecho para la mujer… Mi padre me pide que entre en conciencia y deje de hacer arte para que un buen marido me acepte».

Para Kine, el arte es una pasión existencial que ella necesita ejercer diariamente. No obstante, años atrás Kine ya estuvo casada; sin embargo, cuando el marido le dio el ultimátum: «o el arte o yo», ella eligió con firmeza y se divorció. Dueña de una disciplina y una consistencia implacables, Kine pasa las horas trabajando en su taller, mañana, tarde y, a veces, muy entrada la noche. Pinta, reflexiona, pinta, esculpe, pinta e intercambia con los otros artistas del «Village des Arts».

«No imagino no poder trabajar en mi taller, no concibo el mundo sin poder expresar mi universo interno plásticamente, a diario, mis comentarios y señalamientos. Yo nací artista y eso es mi vida».

Así como su vida, en su obra Kine emancipa la línea recta dándole flujo, ritmo y volumen, honrando las curvas como manifestación de los cuerpos, actitudes y movimientos pulsantes de la mujer del Sahel, en toda su magnificencia. La mujer y el sentido femenino de la existencia están en el centro de su abordaje, su inspiración. Ese universo con trasfondo entre la tradición y la contemporaneidad y las demandas que cada uno ejerce sobre la vida de las mujeres y cómo ellas, desde su capacidad creativa, continúan creando y gestionando la vida en conjunto y a pesar de sí mismas, en la búsqueda de trascendencia.

La línea es el designio impulsado desde el fuego de esta artista; la invencibilidad y la delicadeza sonríen al unísono en su obra.

El taller de Kine Aw es uno de los cerca de 50 talleres que componen el «Village des Arts»/«Ciudad de las Artes», comunidad establecida por el primer presidente de Senegal, Léopold Sédar Senghor, posterior a la independencia de Francia, para promover las artes visuales africanas como parte central de la nación.

Sin embargo, una parte central mayoritariamente masculina, donde la presencia femenina era y es casi inexistente. Durante la década de los 80, la educación femenina constituía solo un 30 % de la población y la educación artística, un 10 %. Aquí entramos a entender solo en parte lo que la antropóloga senegalesa Awa Thiam ya denunciaba en 1978 sobre las diferentes opresiones de la mujer negra africana (racismo, machismo y desigualdad de clase). A esto le sumamos las entidades sustentadas por la institucionalidad musulmana: poligamia, dote y mutilación genital… Podemos entender un poco mejor los bajos porcentajes en educación, pues mujeres jóvenes son incentivadas u obligadas a casarse y tener hijos demasiado temprano, lo que va a atrasar o anular el avance de su educación…

Durante la primera década del siglo XXI, la inscripción de mujeres en la École des Beaux-Arts aumentó al 30 %; sin embargo, no todas las inscritas desarrollan su práctica abiertamente después de graduarse, debido al fuerte estigma y presión sociocultural que imagina a la mujer como cuidadora ocupando su lugar en el hogar y nunca como artista. Kine siempre me decía: «Es un asunto de una sociedad con muy baja tolerancia a la diferencia y la mujer responde ante esta opresión encajando en lo esperado, para no crear problemas, ser estigmatizada o catalogada de "demente". Pero las mujeres, por difícil que parezca, debemos seguir en concordancia con lo que creemos… si queremos ser artistas, seguir esta pasión noble y desbordante, ir más allá de las instituciones y esculpir nuestro camino auténtico».

Estoy en sintonía con Kine; solo así siento que se abren los caminos para que lo hecho se replique en quienes vienen atrás. Seguir el modelo de Kine, actuar de alma y cuerpo con la esencia, a pesar de los muros o las trabas. No desistir. A eso yo llamo actuar en bonita coherencia. No es fácil, pero no es imposible.

¿No le parece?

¿Lo conseguiremos? ¿Chicas? ¿Chiques? ¿Chicos?

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Kine Aw Sankofa

Yo voy desenvolviéndome por ahí… y disfrutando el proceso con las obras y el ejemplo construidos por Kine.

Referencias:

Senghor, L. S. (1964). L’art africain comme philosophie. Paris: Présence Africaine.

Thiam, A. (1978). La parole aux femmes. Paris: Denoël.

Aurora Martínez

Historiadora, investigadora, curadora y crítica de arte. Como educadora y directora de La Salvaje – Narrativas Curatoriais, exploro el arte como evidencia histórica y como herramienta de transformación personal y colectiva. Mi práctica se sitúa en la intersección entre pedagogía poética, memoria y procesos comunitarios. He liderado proyectos curatoriales en el Caribe, África y las Américas, colaborando con instituciones culturales, académicas y territorios diversos. Actualmente resido en São Paulo, donde continúo desarrollando iniciativas que cruzan arte, educación y pensamiento crítico.

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