La reciente partida física del padre José Luis Sáez deja un vacío significativo en la historiografía dominicana y caribeña. Para quienes trabajamos temas vinculados a la cultura, la antropología, la memoria histórica y las expresiones afrodescendientes del Caribe, hablar del padre Sáez es hablar de una figura imprescindible, de un investigador consagrado y de un intelectual que dedicó su vida a la búsqueda rigurosa de la verdad histórica a través de los archivos, las fuentes documentales y la sistematización crítica de la memoria colonial dominicana.

Debo reconocer que mi acercamiento a su obra y a su persona ocurrió desde muy temprano. Siendo estudiante de tercero del bachillerato en el Instituto Politécnico Parroquial Santa Ana del barrio de Gualey en la capital dominicana, tuve la oportunidad de conocerlo durante un conversatorio organizado mientras cursábamos la asignatura de Historia Dominicana junto a la profesora Marcelina Lora, una mentora en el mundo de las Ciencias Sociales, hoy felizmente jubilada pero vigente como formadora en la academia.

Recuerdo claramente la impresión que me produjo escucharlo hablar sobre historia, archivos, iglesia, esclavitud y cultura con aquella profundidad y sencillez que lo caracterizaban. Aquel encuentro marcó uno de mis primeros acercamientos serios al mundo de los estudios culturales y de la investigación histórica.

Después de aquella visita me acerqué a él, le pedí su número telefónico y comencé a visitarlo en varias ocasiones en la biblioteca donde trabajaba y resguardaba gran parte de los archivos e investigaciones a las que dedicó su vida. Con el paso de los años, ya siendo estudiante universitario en la Universidad Iberoamericana y posteriormente mientras realizaba estudios antropológicos fuera del país, el padre Sáez continuó siendo una figura cercana, siempre dispuesta a orientar, recomendar bibliografías, compartir documentos y abrir caminos para la investigación.

Su apoyo fue particularmente importante durante el desarrollo de mi proyecto final sobre las cofradías dominicanas del Espíritu Santo, una línea de investigación profundamente vinculada a mi historia familiar y afectiva, especialmente por la relación de mis abuelos paternos con la Cofradía del Espíritu Santo del batey de San Juan de la Maguana.

José Luis Sáez y la portada de la obra que analizamos en este artículo.

José Luis Sáez Ramo, S.J. fue un destacado historiador, catedrático y sacerdote jesuita de origen español, nacionalizado dominicano, cuya trayectoria intelectual ha dejado una huella profunda en la cultura y la academia de la República Dominicana. Nacido en Valencia en 1937, se estableció en el país desde 1954 y se integró a la Compañía de Jesús en 1958. Su formación académica incluye estudios en Humanidades por la Universidad de Fordham y una Maestría en Teología Histórica por el Woodstock College de Maryland.

En su faceta como docente y comunicador, el Padre Sáez ejerció durante casi cuarenta años la cátedra de Iconografía en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), institución que lo distinguió como Profesor del Año en 2010. Su pasión por el séptimo arte lo llevó a ser un referente de la crítica cinematográfica en el país, desempeñándose como jurado internacional en prestigiosos festivales como Venecia y San Sebastián. Además, es autor de obras fundamentales para la comunicación social, tales como Historia de un sueño importado y En el lugar del hecho, esta última galardonada internacionalmente por el CIESPAL.

Como historiador, su labor ha sido titánica en la preservación de la memoria documental dominicana. Miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia y director del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Santo Domingo desde 2003, ha publicado decenas de volúmenes que exploran temas cruciales como la presencia de los jesuitas, la historia de la esclavitud y las relaciones entre la Iglesia y el Estado, destacando su riguroso análisis sobre la Era de Trujillo. Por su invaluable aporte al desarrollo intelectual del país, fue condecorado con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella en 1999 y fue el autor homenajeado en la XIV Feria Internacional del Libro de Santo Domingo en 2011.

El padre Sáez no solo comprendió la importancia patrimonial y antropológica de ese tema, sino que además me facilitó materiales, archivos y orientaciones fundamentales para profundizar la investigación sobre las cofradías y las expresiones religiosas populares afrodominicanas que él mismo había trabajado durante años.

Entre las obras que compartió conmigo se encontraba La Iglesia y el negro esclavo en Santo Domingo: Una historia de tres siglos, publicada en 1994 como parte de la Colección Quinto Centenario. Recuerdo haber leído aquel volumen entre vuelos, viajes y largas noches de lectura. A pesar de ser una obra extensa y densamente documentada, me impresionó profundamente la rigurosidad de la investigación, la amplitud bibliográfica, la riqueza de las fuentes y la capacidad de sistematización histórica desarrollada por el autor.

Cada documento, cada referencia y cada comentario evidenciaban el trabajo de un investigador comprometido con comprender las complejidades de la sociedad colonial dominicana sin simplificaciones ni prejuicios. Estamos hablando de un texto monumental de más de 600 páginas, estructurado en varios bloques temáticos y documentales que evidencian décadas de investigación archivística.

La obra no se limita a una simple narrativa histórica, sino que integra bibliografía especializada sobre esclavitud negra en el Caribe hispánico, análisis históricos, apéndices estadísticos, antologías documentales, misceláneos e índices temáticos, geográficos y onomásticos que convierten el libro en una verdadera herramienta de investigación para historiadores, antropólogos y estudiosos del Caribe.

El libro inicia con una amplia bibliografía general sobre la esclavitud negra en el Caribe hispánico y posteriormente desarrolla el núcleo principal de la investigación: La Iglesia y el negro esclavo en Santo Domingo: una historia de tres siglos. Allí Sáez organiza capítulos fundamentales como Los papas frente a la esclavitud (1462-1890), La esclavitud negra en La Española, Esclavos en manos de eclesiásticos y religiosos, Evangelización y promoción del negro inmigrante, La acción pastoral en conflicto con el poder colonial, El clero y las vocaciones nuevas y La Iglesia dominicana y la emancipación de los esclavos.

La estructura misma del libro revela el nivel de profundidad metodológica del autor. La investigación incorpora documentos provenientes de archivos de la Catedral de Santo Domingo, del Archivo General de la Nación, registros parroquiales, documentos notariales, archivos eclesiásticos y referencias provenientes del Archivo General de Indias, entre otras fuentes coloniales. Todo ello demuestra el enorme esfuerzo de recopilación, clasificación y sistematización documental realizado por el padre Sáez durante años de trabajo intelectual silencioso.

Uno de los capítulos que más impacta dentro de la obra es precisamente el correspondiente a Esclavos en manos de eclesiásticos y religiosos. Allí José Luis Sáez desmonta una de las grandes omisiones de la historiografía tradicional dominicana: la participación activa de sectores de la Iglesia colonial en la posesión y administración de personas esclavizadas. El texto resulta profundamente valiente porque no intenta romantizar la historia eclesiástica ni ocultar sus contradicciones, escrita y analizada por un religioso católico, pero con otra visión y sentido de la historia, tenía que ser jesuita.

En ese apartado, el autor explica que la posesión de esclavos se convirtió en una práctica normalizada dentro de la sociedad colonial, incluyendo a miembros del clero, órdenes religiosas y conventos. A partir de documentación concreta, demuestra cómo sacerdotes, cabildos catedralicios y comunidades religiosas disponían de esclavos tanto para labores domésticas como para el trabajo agrícola y económico en haciendas e ingenios.

Particularmente impresionante resulta el momento en que el libro incorpora tablas estadísticas documentando la cantidad de esclavos en manos de instituciones religiosas entre 1636 y 1802. Allí se evidencia, por ejemplo, que los jesuitas, su misma orden religiosa, poseían cientos de esclavos distribuidos en haciendas e ingenios, especialmente en propiedades vinculadas a San Miguel de La Jagua, mientras otras órdenes religiosas y conventos también mantenían mano de obra esclavizada. La obra incluso señala que algunos clérigos poseían cantidades de esclavos comparables a las de importantes hacendados coloniales.

Este capítulo posee un enorme valor historiográfico porque rompe con narrativas idealizadas y obliga a comprender la complejidad de las relaciones entre religión, poder y colonialidad en Santo Domingo. José Luis Sáez no construye una acusación superficial; construye una demostración documental. Y ahí radica precisamente la fuerza de su trabajo científico. No escribe desde el prejuicio ideológico, sino desde la evidencia histórica y lo hace cuidadosamente organizada.

El capítulo también permite comprender las contradicciones internas de la Iglesia colonial. Mientras algunos sectores religiosos promovían procesos de evangelización, catequización y cierta protección espiritual de la población negra esclavizada, la propia institución formaba parte del sistema económico colonial sustentado en la explotación humana. Esa ambivalencia institucional es uno de los aportes más importantes de la obra, porque muestra que la iglesia no fue una estructura homogénea, sino un espacio atravesado por tensiones morales, económicas y políticas.

Otro aspecto extraordinario del libro es la manera en que conecta los procesos religiosos con expresiones culturales y comunitarias afrodescendientes. En el apartado sobre Cofradías y hermandades: una forma de pastoral popular, el autor analiza cómo estas organizaciones religiosas populares funcionaron también como espacios de sociabilidad, espiritualidad y articulación comunitaria para sectores negros y mulatos en la colonia.  Esa parte de la obra tiene especial relevancia para quienes investigamos las cofradías dominicanas y las permanencias afroreligiosas en el Caribe.

De igual manera, resulta sumamente importante el análisis sobre Las comadronas: una modalidad de ministerio laico, donde Sáez evidencia cómo mujeres populares desempeñaron roles fundamentales dentro de las dinámicas religiosas y sociales coloniales, aspecto que hoy conecta directamente con investigaciones antropológicas contemporáneas sobre género, espiritualidad y saberes tradicionales. Todo el que me conoce sabe, que dentro de mis líneas de investigación están las cofradías y el legado de las mujeres en la época colonial en la isla.

La riqueza del libro también se encuentra en sus apéndices estadísticos y documentales. Los registros sobre bautismos en la Catedral de Santo Domingo según etnia y condición social entre 1590 y 1822, los datos sobre esclavos bautizados según edad canónica y las estimaciones sobre importación de esclavos africanos convierten esta obra en una fuente primaria indispensable para estudiar demografía colonial, racialización y organización social en Santo Domingo.

La antología documental que ocupa cientos de páginas constituye otro de los grandes legados del libro. José Luis Sáez no se limitó a interpretar documentos: decidió publicarlos, preservarlos y ponerlos a disposición de futuras generaciones de investigadores. Son más de 40 obras las que escribió y estoy seguro que dejo otras sin hacerlo. Ese gesto académico tiene un enorme valor ético e intelectual. Significa comprender que el conocimiento debe compartirse y que los archivos son patrimonio colectivo de la memoria nacional.

La importancia historiográfica de esta obra es enorme, especialmente en una sociedad como la dominicana donde todavía existen resistencias, silencios y tensiones alrededor de los temas vinculados a la negritud, la afrodescendencia y la colonialidad, lo vemos a diario, incluso desde el mismo estado y sus prioridades en cuanto a políticas públicas culturales. Hablar de esclavitud, racismo, iglesia y presencia africana continúa siendo incómodo para muchos sectores, de eso estaba muy claro el padre Sáez. Precisamente por eso investigaciones como las que realizó poseen un valor extraordinario: porque demuestran que el trabajo científico serio no puede construirse desde el prejuicio, sino desde la investigación rigurosa y el compromiso con las fuentes históricas.

Desde luego, una lectura crítica contemporánea también permite observar algunas limitaciones propias del contexto historiográfico en que fue concebida la obra. Aunque el trabajo documental es monumental, gran parte de la narrativa continúa mediada por documentos producidos desde las instituciones coloniales y eclesiásticas. En consecuencia, las voces afrodescendientes aparecen muchas veces filtradas por la mirada del poder colonial. Sin embargo, esa observación no disminuye el valor histórico del libro; al contrario, demuestra que abrió caminos fundamentales para nuevas investigaciones decoloniales, afrocaribeñas y antropológicas sobre religión, memoria y resistencia cultural.

Hablar del padre Sáez es hablar de un historiador de fuste, de un intelectual disciplinado y de un investigador que comprendió que el oficio de las ciencias sociales exige profundidad, honestidad y compromiso ético con la verdad histórica. Su legado no se limita a sus publicaciones, sino también al acompañamiento generoso que ofreció a generaciones de estudiantes, investigadores y académicos dominicanos y extranjeros que encontramos en él orientación, apertura y estímulo intelectual, como fue mi caso.

Por esa razón he querido dedicar esta reflexión a su memoria. Porque son miles las personas que aprendimos de sus enseñanzas, de sus archivos y de su manera rigurosa de investigar. José Luis Sáez nos recordó constantemente que el trabajo del investigador va más allá de acumular información: implica buscar, interpretar, comprender, sistematizar y publicar aquello que la historia muchas veces intenta ocultar. Su obra permanece como testimonio de una vida dedicada al conocimiento y a la preservación de la memoria histórica dominicana.

Hoy, releer la iglesia y el negro esclavo en Santo Domingo adquiere una relevancia especial. No solamente como ejercicio historiográfico, sino como una invitación a continuar investigando las raíces afrodescendientes, culturales y espirituales de la nación dominicana. El legado del padre Sáez queda vivo en sus libros, en sus archivos, en sus estudiantes y en todas las investigaciones que continúan abriendo caminos desde las huellas históricas que él ayudó a rescatar. La ultima vez que nos vimos me felicito por las reflexiones que publico cada semana por esta columna cultural.

Requiem aeternam dona eis, domine, et lux perpetua luceat eis. Requiescat in pace para el alma del querido padre José Luis Sáez. Hasta la próxima semana. 

Referencias

Sáez Ramo, J. L. (1994).  La Iglesia y el negro esclavo en Santo Domingo: una historia de tres siglos. Santo Domingo. Colección Quinto Centenario. Serie Documento 3.

Sáez Ramo, J. L. (s. f.). José Luis Sáez Ramo, S.J. Academia Dominicana de la Historia. https://www.academiadominicanahistoria.org.do/wp-content/uploads/2021/05/JoseLuisSaezRamo.pdf.

Jonathan De Oleo Ramos

Antropólogo Social, Investigador, Gestor Cultural

MSc. Jonathan De Oleo Ramos: Antropólogo, docente-investigador y consultor en patrimonio cultural y políticas culturales. Doctorante en Humanidades y Patrimonio Cultural enfocado en la Investigación. Maestro en Gestión del Patrimonio Cultural, con especialización en antropología de la alimentación, estudios afrolatinoamericanos, derechos humanos y políticas culturales. Becario Mellon (DSI, City College of New York) 2024. Docente en FLACSO-RD y UNIBE. Miembro de la Sociedad Dominicana de Antropología; World Anthropological Union; Instituto Panamericano de Geografía e Historia; Federación Mundial de Estudios Culturales y Consejo Mundial de Académicos e Investigadores Universitarios. Autor de Antropología del Plátano y Cofradías Dominicanas del Espíritu. jonathan.deoleoramos@gmail.com

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