[A propósito de la reposición de “Se busca un hombre honesto”, del dramaturgo Franklin Domínguez, en Teatro La Gruta,  retomamos esta conversación con Lucina Jiménez.

Más allá de la obra, esta segunda parte revela el tejido humano, las decisiones personales y la fe que sostienen el teatro independiente en la República Dominicana.]

Antes de entrar en la conversación, Lucina Jiménez comparte detalles sobre el próximo montaje de Anacaona Teatro:

“Estamos enfocados en éstos momentos en una reposición muy especial de Se busca un hombre honesto, del dramaturgo Franklin Domínguez, en una versión de Anacaona Teatro dirigida por mí.

Tendremos seis funciones en La Gruta, distribuidas en dos fines de semana: el 15, 16 y 17, y el 22, 23 y 24 de mayo. Las funciones serán viernes y sábados a las 8:30 de la noche y domingos a las 6:30 de la tarde.

Hemos elegido el mes de mayo de manera muy intencional, por su carga simbólica en relación con los procesos políticos y electorales en el país. La obra dialoga directamente con estas dinámicas, proponiendo una mirada crítica y una invitación a la reflexión sobre el ejercicio del poder, la ética y la responsabilidad colectiva.

Esta versión respeta profundamente el texto original, pero también incorpora un proceso de creación escénica que lo actualiza desde nuestra estética y nuestra visión contemporánea.

A través de una construcción simbólica, la obra plantea una analogía en torno al “obrero”: no solo como trabajador, sino como aquel que sostiene, desde sus cimientos, la construcción de una nación.

En ese sentido, todos somos obreros, incluyendo quienes lideran, y es desde ese tejido colectivo que emergen las estructuras sociales y políticas.”

Las boletas pueden adquirirse a través de las redes sociales de Anacaona Teatro, en su página oficial: anacaonateatro.com⁠, o directamente en la boletería de La Gruta, ubicada en la calle Las Mercedes No. 329A, en la Ciudad Colonial.

El origen personal: cuando el teatro irrumpe

La Gruta: sostener el teatro como acto de fe (II)

—¿Cuándo eligieron este camino?

No hay una sola historia.

En Lucina, el teatro nace en la infancia, en la fascinación por el asombro.

En Husmell Díaz, llega desde un lugar radicalmente distinto: la milicia, la vida como piloto, y luego el teatro como posibilidad de reconstrucción.

Dos caminos opuestos.

Un mismo destino.

Y en ambos casos, una revelación: el teatro no solo se elige.

También elige.

“Elegir el teatro no ha sido un momento único, sino una decisión que se renueva constantemente. En cada etapa difícil, en cada desafío, el teatro ha sido un lugar de sostén, de sentido. Es un camino que elijo todos los días.”

El grupo como tejido humano

—¿Qué los une?

Más allá del oficio, una necesidad de sentido.

Anacaona Teatro ya no es un dúo.

Es un tejido.

Zacarys Heredia, Vladimir Brea Hilario, Raymond Moreta, Francesca Mainardi, Ivelisse José, D’javan Díaz, Arturo Rampembert, Edwin Javier, Erick Flores…

Y otros que llegan incluso sin formación teatral, pero con algo esencial: disposición.

Incluso la familia se integra.

Lucina Lugo —madre de Lucina— acompaña desde lo legal, pero también desde lo humano.

Y eso se siente.

El público no solo asiste.

Se encuentra.

El teatro como forma de vida —¿Cómo te ha transformado?

La respuesta es total.

El teatro ha enseñado a mirar.

A sentir.

A habitar la incertidumbre.

A comprender al otro.

Pero, sobre todo, ha enseñado algo más difícil: vivir con propósito.

“El teatro no es algo que hago: es algo que me atraviesa. Y en ese proceso, me ha ido transformando en alguien más consciente, más humana y más comprometida con la vida misma.”

Las obras: una cartografía viva

La Gruta: sostener el teatro como acto de fe (II)

El repertorio de Anacaona Teatro no responde a una sola línea.

Es una cartografía.

Desde la monumentalidad experimental de La tempestad H2O, hasta la intimidad de El cumpleaños de Vitalina;

desde la exploración identitaria de Déjame que te cuente identidad, hasta la potencia simbólica de Meñique;

desde la investigación con objetos en Para subir al cielo se necesita…, hasta el origen mismo del grupo en Cada cual lucha a su manera.

Y, ahora, una obra que resuena con especial fuerza:

Se busca un hombre honesto.

Una pieza que dialoga directamente con la realidad política y ética del país.

El presente en escena

En ese contexto de vida y oficio, el teatro vuelve a manifestarse no solo como memoria, sino como presente activo.

Y ese presente tiene fecha.

La obra regresa.

Seis funciones en mayo, en Teatro La Gruta.

La puesta propone una metáfora poderosa: el “obrero” como aquel que sostiene la nación.

Todos lo somos.

Lo que viene

Mientras tanto, el futuro ya se construye.

El elefante y el niño, dirigida por Husmell Díaz, abre una nueva exploración desde el teatro de títeres y la raíz africana.

El repertorio no se detiene.

Respira.

Se transforma.

Si La Gruta hablara

—¿Qué diría sobre ustedes… y sobre el teatro dominicano?

Quizás hablaría despacio.

Como hablan los espacios que han aprendido a resistir.

Como hablan los lugares donde el tiempo no se mide por relojes, sino por la memoria de quienes han amado, ensayado, caído y vuelto a empezar entre sus paredes.

Diría que aquí habita una terquedad amorosa.

Una fe obstinada en el teatro como necesidad humana y no solo como espectáculo.

Diría que en Anacaona Teatro hay personas que han decidido sostener el arte aun cuando las circunstancias parezcan adversas. Que han defendido este pequeño territorio escénico como quien protege un fuego antiguo para que no se extinga.

Hablaría de preguntas más que de respuestas.

De búsquedas.

De actores, técnicos, amigos y familiares que han convertido a La Gruta en refugio, laboratorio y casa espiritual del encuentro.

Y sobre el teatro dominicano, quizás diría que sigue vivo precisamente por esa resistencia silenciosa. Porque todavía existen creadores capaces de levantar una función aun en medio de las precariedades, la indiferencia o el cansancio.

Diría también que no debemos olvidar la raíz.

Que en la memoria colectiva, en nuestras historias, en la identidad y en la comunidad, permanece una fuerza que todavía puede iluminar el presente.

Entonces, tal vez, La Gruta terminaría diciendo algo sencillo:

que mientras exista alguien dispuesto a sentarse en la oscuridad para escuchar una historia, el teatro seguirá respirando.

Y que ella permanecerá ahí.

No como lujo.

No como ornamento.

Sino como presencia.

Como un resplandor íntimo que no deslumbra, pero guía.

Como ese fuego primario que reunió a los seres humanos desde el origen para escuchar, imaginar y reconocerse unos a otros.

Porque el verdadero teatro no solo entretiene:

acompaña, resiste y preserva la condición humana.

Y quizás esa sea hoy una de las tareas más urgentes.

Reflexión final

Henry Mercedes Vales, Lucina Jiménez, Javich Peralta, Arisleyda Beard y Danilo Ginebra durante el conversatorio sobre el teatro dominicano, celebrado el 24 de marzo en la Dirección de Mecenazgo.

Conversar con Lucina Jiménez es también conversar con una generación de teatristas dominicanos que ha decidido permanecer.

Permanecer creando.

Permanecer creyendo.

Permanecer sosteniendo espacios donde todavía sea posible el encuentro humano a través del arte.

En tiempos donde tantas cosas se vuelven efímeras, superficiales o descartables, resulta profundamente esperanzador encontrar grupos como Anacaona Teatro y espacios como Teatro La Gruta, donde el teatro continúa siendo acto de fe, de comunidad y de conciencia.

A los miembros de Anacaona Teatro, a sus colaboradores, actores, técnicos y propietarios de La Gruta, nuestro respeto y reconocimiento.

Porque sostener un espacio teatral independiente en la República Dominicana no es solo una labor artística: es también un acto de resistencia cultural.

Y mientras existan personas capaces de defender ese fuego, el teatro dominicano seguirá teniendo futuro.

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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