Huellas de la mirada crítica –cultura, historia y literatura en América Latina y el Caribe es un estudio del escritor y profesor universitario Odalís Pérez sobre temas de historia cultural e historia literaria en el ámbito latinoamericano y caribeño publicado en el año 2013 por la Academia de Ciencias de la República Dominicana. La obra es resultado de una dilatada investigación crítica asumida desde una perspectiva multidisciplinaria en la que predominan disciplinas como la semiótica y la sociocultura. A lo largo y ancho de sus siete capítulos y sus 273 páginas, Pérez vertebra su discurso plural desde tres ejes temáticos centrales: la cultura, la historia y la literatura. Estos ejes se vinculan entre sí dando lugar a un análisis doble: por un lado, la relación particular entre historia cultural e historia literaria; y, por el otro, la relación entre cultura y sujeto cultural.
La estructura capitular de la obra está dividida en siete grandes partes, divididas a su vez –salvo los capítulos dos y cuatro- en varios subcapítulos: 1. Signos, orígenes y huellas; 2. La memoria afroamericana; 3. Literatura, pensamiento y formación intelectual; 4. El Caribe y sus huellas literarias; 5. El nacimiento de los signos epocales; 6. Registro del arte y la cultura; y 7. Crítica y literatura en República Dominicana. La mayor parte del contenido del libro responde a su carácter descriptivo y divulgativo; la restante es más interpretativa y conceptual.
Partiendo de signos, orígenes y huellas, Pérez conceptualiza la historia cultural y literaria latinoamericana y caribeña como una historia de la diversidad y la alteridad, y no sólo de la identidad. En esta conceptualización, palabras como, huella, mirada, espacio de origen, signo, texto-raíz, resultan ser conceptos clave de un pensamiento complejo que defino como una poética del saber y de la memoria.
Desde el punto de vista temático, observo que Huellas de la mirada crítica guarda una relación estrecha con algunas obras anteriores de Pérez como Literatura dominicana y memoria cultural (2005), Arte, identidad y cultura en República Dominicana (2009) y El horizonte y la memoria. Ensayos sobre filosofía, estética y literatura (2010). En cierto sentido, el estudio de Pérez es una ampliación enriquecida de algunos de los principales temas ya abordados en las obras mencionadas a partir del concepto central de cultura-movimiento (que el autor planteó por vez primera en 2003, en el libro Nacionalismo y cultura en República Dominicana), aplicado a otros campos del saber. Este concepto, no por novedoso menos polémico, sirve ahora a un propósito más ambicioso: estudiar y conocer los pueblos y las culturas de nuestra América hispánica y no-hispánica.
El valor del libro es múltiple: radica no sólo en su compendio informativo, amplio y valioso, sino también en sus planteos críticos y en el equilibrio logrado entre los niveles informativo-descriptivo y explicativo-interpretativo. La exposición sucinta de los temas en capítulos y subcapítulos de extensión breve permite una lectura rápida y fluida. El libro se deja leer de forma amena sin perder por ello rigor académico. Hay una línea de investigación definida y una propuesta de pensamiento rigurosa acompañadas por una bibliografía documental pertinente y actualizada. La obra se inscribe en el campo de los llamados estudios culturales, claramente en favor de lo multicultural y de la apertura epistémica.
Precisamente su visión de la cultura, la historia y la literatura se fundamenta en el concepto de “apertura epistemológica” (pienso ahora en el ya célebre concepto de “ruptura epistemológica” que Bachelard aplica al análisis de la obra de Marx). Asumido como clave de un discurso multidisciplinar, este concepto propone repensar el diálogo de saberes como espacio de reflexión, intercambio simbólico y producción intelectual. Pérez no sólo defiende el estatus, la legitimidad y la pertinencia de los estudios culturales, sino también el carácter interdisciplinario de toda investigación científica. Porque ya no es posible seguir concibiendo el saber desde el ámbito estrecho y exclusivo de cada una de las diversas disciplinas científicas. Los diversos tipos de conocimiento no son compartimentos estancos, sino vasos comunicantes: dialogan, se comunican, se relacionan y se influyen entre sí en una visión de conjunto. Se trata de un intercambio horizontal, no jerárquico. Ningún saber está por encima del otro. El saber científico no es “superior” al saber popular. O, dicho de otro modo: el saber popular no es “inferior” al saber científico, sino complementario. Pero aún más: toda reflexión sobre el saber contemporáneo debe ser a un tiempo interdisciplinaria y multidisciplinaria, e incluso transdisciplinaria. Así, por ejemplo, la historia literaria dialoga con la historia cultural, y esta con la historia social y política, y esta con la historia económica; la filosofía con la ciencia y la religión, pero también con la antropología y la sociología; el arte con la ciencia; la medicina occidental con la medicina tradicional.
Del cuerpo del texto debo destacar los dos capítulos que, a mi entender, mejor definen la línea de pensamiento de Pérez. Me refiero a los ensayos del capítulo dos, “La memoria afroamericana”, subtitulado “La memoria negra en América”, y del capítulo cinco, “El nacimiento de los signos epocales”. Me limitaré a dos citas, una por capítulo.
En el párrafo final del ensayo “La memoria negra en América” concluye:
“La memoria negra en el Caribe no es sólo la memoria de los negros, sino también la de sus opresores. La historia-raíz y la historia-cuerpo de la opresión cultural traducen y por lo mismo buscan el rutario, los caminos de libertad y revolución de aquellos núcleos literarios, políticos, culturales, rebeldes, reconstructores de paradigmas creadores, estéticos y etnohistóricos, situados en las fronteras decolonizadoras de la caribeñidad” (página 110).
Y en referencia al caso dominicano, en un notable ejercicio combinado que aplica el análisis del discurso de Michel de Certeau al pasado-presente insular, al final del ensayo “El nacimiento de los signos epocales” afirma:
“La literatura de esta época resiste las perforaciones del discurso político predominante, manteniéndose al lado de un patriotismo de tipo nacionalista, pero que presentifica la declaratoria fundamental de la República Dominicana de orientación duartiana como unidad cultural, económica, religiosa, política y lingüística, entre otras. Por encima de esta unidad acechan los ojos de los políticos y sus grupos representativos que pretenden linchar, manumitir, negociar, falsificar y desasimilar o arruinar el discurso trinitario, a través de un gesto autoritario y de manejo de poder que oculta y aleja el ideal político de un Estado nacional con intereses democráticos, liberales y sobre todo con diferentes ideas de país, nación y cultura que se han proclamado bajo cierta textura ideológica y política a todo lo largo de la historia moderna dominicana” (página 205).
Para finalizar, ya en el orden estético y formal, no sería justo pasar por alto la calidad editorial de esta publicación de la Academia de Ciencias de la República Dominicana: su sobrio diseño de portada, su composición y su diagramación altamente profesional, obra de la comunicadora Yris M. Cuevas.
Compartir esta nota