Resumen

El castellano surgió como una variedad romance asociada inicialmente a un espacio limitado del norte de la Península Ibérica; pero, amplió progresivamente sus territorios, hablantes y funciones. Esa transformación no fue inmediata ni puede atribuirse exclusivamente a un monarca, una ley o una institución. Intervinieron la expansión política de Castilla, la movilidad de las poblaciones, la administración regia, la incorporación gradual del romance a la documentación y el desarrollo cultural impulsado durante el reinado de Alfonso X. La Cancillería Real contribuyó a consolidar determinadas prácticas escritas, aunque no estableció una norma uniforme comparable con la codificación moderna. El artículo analiza cómo el castellano se convirtió en instrumento político, jurídico y cultural, sin confundir su expansión funcional con la posterior difusión del glotónimo “español”.

Introducción

En el artículo anterior estudiamos el surgimiento del castellano dentro del conjunto de variedades romances formadas tras la transformación del latín hablado en la Península Ibérica. Pero el nacimiento de una variedad lingüística no explica por sí solo su expansión. Para alcanzar una presencia suprarregional, una lengua necesita hablantes, territorios, instituciones, documentos, tradiciones escritas y ámbitos sociales en los cuales pueda utilizarse.

La cuestión central es, por tanto, cómo aquel romance inicialmente localizado llegó a convertirse en una lengua de creciente proyección política y cultural. La respuesta no puede reducirse a una supuesta superioridad interna del castellano ni a la decisión aislada de un rey. Su consolidación fue un proceso histórico acumulativo, relacionado con el desarrollo territorial de Castilla, la administración monárquica, la práctica cancilleresca y la ampliación de sus funciones escritas.

  1. Castilla se expande y el castellano se desplaza

La extensión del castellano estuvo estrechamente relacionada con el crecimiento territorial y político de Castilla. A medida que el reino incorporaba nuevos espacios, la lengua acompañaba a pobladores, soldados, clérigos, funcionarios, comerciantes, notarios y escribanos. No viajaba como una entidad independiente: se difundía mediante las personas, las instituciones y las relaciones sociales que la utilizaban.

Expansión de la lengua castellana.

Lapesa (1981) sitúa la expansión castellana dentro de la evolución histórica conjunta de los romances peninsulares y de las transformaciones políticas y culturales medievales. Alvar (1992), por su parte, relaciona el desarrollo de Castilla con la extensión del castellano; pero, muestra que ese proceso ocurrió en una Península lingüísticamente plural.

No se produjo una sustitución inmediata de las demás lenguas. El castellano convivió con otras variedades romances, con el vasco, con el árabe y con el latín escrito. Hubo contactos, intercambios, resistencias y desplazamientos progresivos. Su difusión fue distinta según los territorios, las épocas y las funciones sociales.

  1. Del latín al romance en la documentación

Durante buena parte de la Edad Media, el latín fue la lengua principal de la documentación jurídica, eclesiástica y administrativa. Sin embargo, el romance comenzó a introducirse gradualmente en ámbitos antes reservados al latín.

Ostos Salcedo (2004) demuestra que su incorporación a la Cancillería castellana fue paulatina. Los primeros indicios claros se remontan a la etapa final de Alfonso VIII; el avance se hizo evidente durante el reinado de Fernando III, especialmente después de 1230 y el castellano alcanzó una posición predominante en la documentación regia durante la segunda mitad del siglo XIII, bajo Alfonso X.

El proceso no consistió en la desaparición instantánea del latín. La lengua latina continuó empleándose en determinados documentos y conservó una posición importante en la Iglesia, los centros de saber y otros ámbitos culturales. Se produjo más bien una redistribución progresiva de funciones entre el latín y el romance.

  1. La Cancillería y la consolidación de la escritura

La Cancillería Real era la oficina encargada de preparar y autenticar privilegios, mandatos, cartas y otros documentos expedidos en nombre del monarca. Su producción repetida favoreció el desarrollo de fórmulas, estructuras y prácticas gráficas relativamente estables.

Martín Aizpuru (2020) estudia 516 testimonios producidos por la Cancillería castellana entre 1230 y 1312. La investigación muestra que la consolidación escrita del castellano no dependió exclusivamente de los reyes: también estuvo condicionada por los funcionarios, redactores, tipos documentales, modalidades de escritura y circunstancias históricas de cada reinado.

La Cancillería no creó el castellano; pero, contribuyó a consolidarlo como instrumento de la administración regia. Tampoco produjo una ortografía única. Los documentos medievales conservan variaciones gráficas y lingüísticas, por lo que resulta más exacto hablar de una regularización documental relativa que de una normalización completa.

  1. Fernando III y el avance documental del castellano

La unión definitiva de Castilla y León bajo Fernando III, en 1230, amplió el espacio político administrado por la Corona. La expansión territorial y las nuevas necesidades gubernativas favorecieron el uso creciente del romance en la documentación.

No debe afirmarse que Fernando III decretó la oficialización general del castellano. Lo históricamente comprobable es que durante su reinado aumentó considerablemente el uso documental del romance y que ese avance fue especialmente visible después de 1230 (Ostos Salcedo, 2004).

La utilización de una lengua en documentos regios le proporciona funciones administrativas, jurídicas y simbólicas. Sin embargo, el proceso no dependió únicamente de la voluntad personal del monarca. En él participaron quienes redactaban, copiaban, revisaban y expedían los documentos. La historia de la lengua cancilleresca es también la historia de sus escribanos, notarios y funcionarios.

  1. Alfonso X y la ampliación de los saberes expresables

Durante el reinado de Alfonso X, el castellano no solo se afianzó en la documentación regia: amplió notablemente sus dominios culturales. Bajo su impulso se desarrollaron obras jurídicas, historiográficas y científicas que exigían vocabulario especializado, estructuras explicativas complejas y nuevas formas de organizar el conocimiento.

Alvar (1992) estudia la importancia cultural de esta empresa y la utilización de fuentes históricas, jurídicas y literarias. El castellano fue empleado para transmitir materias que tradicionalmente se expresaban principalmente en latín o que llegaban mediante traducciones del árabe.

Alfonso X no creó personalmente toda la producción asociada a su nombre ni inventó el castellano. El programa alfonsí fue una empresa colectiva en la que participaron traductores, compiladores, redactores y especialistas. Su importancia radica en haber favorecido el uso del romance para legislar, narrar la historia, explicar fenómenos científicos y transmitir saberes especializados.

Por ello, conviene hablar de una lengua promovida, cultivada y funcionalmente diversificada, no de una lengua creada por decreto.

  1. De variedad territorial a lengua suprarregional

Al finalizar el siglo XIII, el castellano poseía una extensión territorial, una tradición documental y una diversidad funcional considerablemente mayores que en sus etapas iniciales. Se utilizaba en la administración, el derecho, la historiografía y la transmisión de conocimientos, aunque todavía coexistía con otras lenguas y presentaba una considerable variación interna.

La consolidación tampoco significó que ya fuera denominado universalmente “español”. Castellano continuó siendo un nombre profundamente arraigado en su origen territorial e histórico. La expansión de la lengua y la transformación de sus denominaciones fueron procesos relacionados, pero no idénticos.

La investigación de Alonso (1943) permite estudiar castellano, español e idioma nacional como nombres asociados a distintas circunstancias y representaciones históricas. A medida que el castellano ampliaba sus territorios y funciones, se fueron creando también las condiciones para que comenzara a recibir el nombre de “español”.

Conclusión

El castellano pasó de ser una variedad romance territorial a convertirse en una lengua de creciente proyección suprarregional mediante un proceso lento y acumulativo. Su expansión estuvo vinculada con el crecimiento de Castilla, la movilidad de sus poblaciones, la administración monárquica, la incorporación del romance a la documentación y la ampliación de sus funciones culturales.

Fernando III no lo oficializó mediante un decreto general; pero, durante su reinado avanzó considerablemente su presencia cancilleresca. Alfonso X tampoco lo creó ni fijó definitivamente: el programa cultural desarrollado bajo su impulso amplió su capacidad para expresar materias jurídicas, históricas y científicas.

La expansión territorial y funcional del castellano preparó una nueva transformación: la evolución de sus nombres. La pregunta que se impone ahora es cuándo, cómo y por qué aquella lengua llamada castellano comenzó a ser denominada también español.

Glosario

Cancillería Real: oficina responsable de elaborar, autenticar y expedir documentos en nombre del monarca.

Castellano: variedad romance surgida históricamente en Castilla y difundida posteriormente por otros territorios.

Diversificación funcional: incorporación de una lengua a nuevos ámbitos, como la administración, el derecho, la historiografía o la ciencia.

Glotónimo: nombre propio utilizado para identificar una lengua.

Lengua de cultura: lengua empleada para crear y transmitir obras literarias, conocimientos especializados y tradiciones intelectuales.

Lengua cancilleresca: variedad escrita empleada en los documentos de una cancillería, sin que su relativa estabilidad elimine la variación entre redactores y épocas.

Proyección suprarregional: ampliación de una lengua más allá del territorio inicialmente asociado con su origen.

Regularización documental relativa: formación gradual de usos gráficos y fórmulas recurrentes, sin que exista una ortografía completamente uniforme.

Tradición escrita: conjunto continuado de prácticas documentales, jurídicas, historiográficas, científicas o literarias desarrolladas en una lengua.

Referencias

Alonso, A. (1943). Castellano, español, idioma nacional: Historia espiritual de tres nombres (2.ª ed., con adiciones y enmiendas). Editorial Losada.

Alvar, M. (1992). Del castellano al español. Cuadernos Hispanoamericanos, (500), 7–40. La edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes confirma los datos de la publicación original.

Lapesa, R. (1981). Historia de la lengua española (9.ª ed. corregida y aumentada). Gredos. La ficha de Google Books confirma la edición, la editorial y sus 690 páginas.

Martín Aizpuru, L. (2020). La escritura cancilleresca de Fernando III, Alfonso X, Sancho IV y Fernando IV: Estudio paleográfico y gráfico-fonético de la documentación real de 1230 a 1312. Peter Lang. doi:10.3726/b17453.

Ostos Salcedo, P. (2004). Cancillería castellana y lengua vernácula: Su proceso de consolidación. Espacio, Tiempo y Forma. Serie III, Historia Medieval, (17). doi:10.5944/etfiii.17.2004.3726.

Virgilio Hernández Pichardo

Educador, promotor cultural y escritor

Virgilio Hernández Pichardo. Es educador, promotor cultural y escritor. Doctor en Humanidades, en Estudios Sociales y Culturales del Caribe. Maestrías en Educación, Mención Planificación Educativa y en Lingüística Aplicada. Especialidades en Promoción de la lectura y la Literatura Infantil y en Lingüística Aplicada. Licenciado en educación, Mención Letras Modernas y Maestro Normal Primario. En el área cultural miembro fundador de los talleres literarios: “Líttera” de la Alianza Cibaeña. “2001” de la UTESA y “Letras Unidas” de Santiago. Ha sido expositor de trabajos en varias instituciones de Santiago y en Ferias del Libro. En el plano escritural ha escrito y publicado artículos y ensayos sobre el idioma español y literarios. Así como libros de poemas para niños y adultos. Ha desarrollado una propuesta teórica, práctica, espiritual, poética, educativa, antropológica, filosófica, lingüística, idiomática, literaria y cultural, llamada, Virgilioamaramorismo.

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