La forma tan auténtica en la que el autor desarma la República Dominicana es memorable. La literatura es poder, esto fue lo que pensé cuando terminé de leer esta novela. Y está demás decir, que es totalmente correcto. A través de esos saltos icónicos en el tiempo en ciertos puntos claves de la historia, Santos logra conectar con el lector, a tal punto, que visualizas mentalmente la historia y los personajes. Esos saltos juegan con la imaginación y nos permiten como lectores, abordar el tema más preocupante de esta obra: “la deshumanización en su máxima expresión”.

Evidentemente hablar de deshumanización no es tan simple como decir o sentirnos mal por los niños en la calle, por madres que se van pa’ fuera buscando mejor vida, por vernos afectados por un asesinato. El término deshumanizar es mucho, mucho más que todo esto…

Deshumanizar es hacernos los locos cuando vemos todo lo que pasa a nuestro alrededor, cuando permitimos como sociedad que el sistema acabe con la vida de cientos de niños, madres solteras y personas que simplemente no han sido agraciadas. Y no, no es apoyar las malas acciones de éstas personas, es ser reales, es aceptar que no todos tenemos el discernimiento para adoptar una madurez precoz y salir adelante. Y es darle apoyo a aquellos niños que no han tenido la misma suerte que los demás, que la vida misma los ha consumido.

República Dominicana ha sido conocida en muchas partes del mundo por su alegría, entusiasmo, por su forma jocosa de ver las cosas, pero no somos sólo esto. Somos un país que hace décadas ha estado sometido a gobiernos indiferentes que no les duele en lo más mínimo su pueblo y esto forma parte fundamental de nuestro desarrollo.

En consecuencia, es pertinente resaltar, que:

El Santo Domingo que presenta Luis R. Santos en esta novela, no es el típico Santo Domingo al que todo el mundo quiere visitar en sus vacaciones, no. Santos, presenta al que puede acabar con la vida de sus hijos, al monstruoso, inhumano e insensible.

Es fundamental tener en cuenta que, la deshumanización no surge sólo de un hecho monstruoso, que fue el asesinato de Don Vicente Sotero por su propio hijo, Orestes Sotero, sino que es una cadena de abandonos que empiezan dentro de la familia y terminan en la calle.

De algún modo, Orestes y Lukio, personajes principales de la novela, representan parte de esta cadena. Representan dos rostros del mismo vacío: Orestes, destruido por la ambición y la falta de empatía y Lukio, al contrario, por el abandono y la pobreza.

Y, es justo aquí, donde se evidencia la paradoja de la novela, ¿Sólo en la pobreza se encuentra la deshumanización? Y la respuesta es clara si analizamos la vida de Orestes. Una vida llena de lujos y comodidades que al final dieron origen al peor de todos los casos.

Anatomía de la deshumanización: La crudeza del Santo Domingo que preferimos ignorar

Hay libros que pueden golpearnos con cada una de sus páginas y este es uno de ellos. Desde sus primeras páginas, la novela no intenta embellecer la realidad ni proteger al lector; al contrario, nos arrastra hacía una ciudad rota e indiferente.

Santos muestra, que las fracturas de la familia, son la causa principal de deshumanización. Además, la soledad con la que cargan cada uno de los personajes es tan realista. Y esa misma soledad, es la que los lleva al borde del precipicio, como es el caso de Mayra.

Este personaje, es uno de los más controversiales y quiero resaltar que ella no abandona a su hijo porque no lo ame. Lo hace porque la pobreza, muchas veces, nos pone a elegir entre el afecto y la supervivencia. <<Necesito asegurar el futuro de Manuelito>> Sus palabras lo dicen todo, desde su posición, refleja la situación de miles de latinoamericanos que han tenido que viajar al extranjero para sostener a sus familias. Santos, hace una crítica contundente al sistema político dominicano. En nuestro país, esta historia es bastante conocida.

Es esencial tener en cuenta, que muchas veces la sociedad termina culpando únicamente a esos muchachos cuando salen a la calle. Mucho se habla de delincuencia juvenil, de drogas, pero casi nadie se detiene a pensar en las heridas emocionales que hay detrás y es precisamente eso lo que el autor quiere lograr.

Santos, es un autor acostumbrado a mostrar la crudeza de la realidad a través de sus obras. Esto se aprecia en: “Memoria de un hombre solo”, “El nombramiento”, “En el umbral del infierno”, “La princesa de Capotillo”, entre otras. Si observamos la realidad nos damos cuenta que no está tan lejos de las antes mencionadas. Basta con caminar por ciertas avenidas de Santo Domingo para ver cientos de niños limpiando cristales, durmiendo en los parques.

Lo más inquietante de toda esta situación, es que las personas ya ni los miran. Se han vuelto parte de la cotidianidad, como los semáforos o el ruido de los vehículos. En este punto, la deshumanización toma su forma más monstruosa: “la costumbre”. Nos acostumbramos al dolor ajeno, nos acostumbramos a ver niños pidiendo dinero, nos acostumbramos a escuchar noticias de feminicidios, corrupción, violencia y hambre hasta el punto que dejamos de conmovernos.

Luis R. Santos, construye a Orestes, como una forma de decir que no sólo en la pobreza hay deshumanización. Estamos muy acostumbrados a esto, sin embargo, con este personaje el autor demuestra que también puede existir una deshumanización nacida del poder, de la ambición y del ego. Orestes, con la vida económicamente resuelta, pero emocionalmente vacío. Un hombre que mira a los demás como simples objetos para alcanzar su grandeza y que con sus acciones demuestra que el dinero nunca comprará la felicidad.

Antes me preguntaba, ¿cómo unas simples letras podían provocar tanto en las personas? Con esta novela, lo he comprendido todo. Sentí tantas cosas que ahí obtuve esa respuesta que había anhelado por mucho tiempo.

Y a pesar de todo esto, vivimos en un mundo donde hay más comunicación, pero también más soledad, más conocimiento pero menos empatía, y, ¿de qué nos sirve tanto progreso si somos incapaces de proteger la dignidad humana?

Tal vez la mayor virtud de “Lukio Santo Domingo”, sea obligarnos a entender a través de ese lenguaje crítico y preciso que siempre ha caracterizado a Luis R. Santos, que la marginalidad no aparece de la nada. Los niños de la calle, no nacen en la calle. Son el resultado de una familia destrozada, de un gobierno indiferente y de sociedades que aprenden velozmente a ignorar el sufrimiento del otro.

Wanda De Los Santos

Estudiante de letras

Wanda de los Santos Vallejo, nació el 11 de agosto del 2002, en la provincia de San Juan. Es una estudiante de la Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). wandadelissantos@gmail.com

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