La Embajada de los Estados Unidos en Santo Domingo y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), a través de su Vicerrectoría de Investigación e Innovación y el Centro de Estudios Caribeños, reunieron este jueves a académicos, estudiantes, investigadores y líderes de opinión para reflexionar sobre uno de los procesos históricos que más ha marcado el destino del hemisferio occidental: la independencia de los Estados Unidos y su influencia en el Caribe Hispano.

La actividad se enmarca en la iniciativa Libertad 250 (Freedom 250), que conmemora el 250  aniversario de la Declaración de Independencia estadounidense.

El punto de quiebre: 1776 y sus ondas de choque

La conferencia magistral, titulada "Impacto de la Independencia de los Estados Unidos en el Caribe Hispano", estuvo a cargo del doctor Javier Alemán Iglesias, historiador de la Universidad de Puerto Rico, quien situó la Declaración de Independencia de 1776 y el posterior reconocimiento de la soberanía estadounidense por parte de Gran Bretaña en 1783 como el punto de partida de lo que la historiografía moderna denomina la era de las revoluciones atlánticas.

"Este quiebre del orden imperial británico generó profundas repercusiones políticas, económicas y demográficas sobre las posesiones de la Corona española en el Caribe hispánico, principalmente islas como Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana", señaló Alemán. En su análisis, las Antillas Españolas pasaron de ser bastiones defensivos de un imperio mercantilista a convertirse en zonas de intensa experimentación reformista, sacudidas por el surgimiento de una nueva potencia republicana vecina y por las ondas de choque de la Revolución Francesa y la Revolución Haitiana.

Javier Alemán Iglesias, historiador. FOTO: José Hadonis Cuesta/ Acento.

Santo Domingo: el impacto más inmediato y dramático

Dentro del Caribe hispano, Alemán destacó que fue la parte oriental de La Española —el actual territorio dominicano— la que sufrió las consecuencias más severas e inmediatas de las tensiones geopolíticas de la época.

El 22 de julio de 1795, España y Francia firmaron el Tratado de Basilea, por el cual la Corona cedió Santo Domingo a la República Francesa a cambio de la devolución de territorios peninsulares ocupados en Cataluña. El académico citó el texto del tratado: "El rey de España, por sí y sus sucesores, cede y abandona en toda propiedad a la República Francesa toda parte española de la isla de Santo Domingo en las Antillas".

Las consecuencias demográficas fueron devastadoras. De una población estimada en unos 125,000 habitantes en 1789 —que incluía aproximadamente 14,000 personas esclavizadas—, Santo Domingo pasó a albergar menos de 70,000 personas en enero de 1801.

"Campos de cultivo y vías coloniales se convirtieron en ruinas y zonas de pastoreo abandonadas", describió Alemán.

El éxodo que siguió llevó a familias criollas, funcionarios eclesiásticos y militares hacia Cuba, Puerto Rico y Venezuela. Un grupo de 310 combatientes afrodescendientes —conocidos como el negro auxiliar—, que habían luchado junto a las tropas realistas, evacuó hacia La Habana, fue trasladado a Cádiz y posteriormente asentado en Guatemala, donde la Corona les concedió tierras de cultivo.

La integración económica como forma de dominación

En su conclusión, Alemán planteó una tesis de largo alcance: la emancipación norteamericana no solo operó como fuente de inspiración revolucionaria para los movimientos independentistas de la región, sino que también estructuró de manera decisiva la reorganización institucional de las colonias españolas, al reconfigurar los flujos comerciales y desencadenar dinámicas de migración masiva y reformas tributarias.

"La asimetría de este proceso generó una contradicción fundamental en Cuba y Puerto Rico: mientras la monarquía española ejercía un rígido control político sobre ambas islas, los Estados Unidos absorbían más de la mitad de su producción agrícola y controlaban su abastecimiento de alimentos, convirtiéndolas en colonias económicas de facto de la emergente potencia continental, mucho antes de lo que ocurrió en 1898″, sostuvo.

Para el historiador, el Caribe se convirtió así en "el primer espacio geográfico de experimentación expansionista estadounidense", un tablero geopolítico cuya dominación económica anticipó la posterior proyección hegemónica de los Estados Unidos sobre América Latina.

El panel: derechos, constituciones y destinos divergentes

Tras la conferencia, se realizó el panel "Evaluación del impacto longitudinal económico, social y político", en el que participaron el propio doctor Alemán, el sociólogo doctor Fernando Ferrán y el jurista y politólogo doctor Flavio Darío Espinal, exbecario Fulbright y exembajador dominicano en Washington D.C.

Espinal: la frase más famosa de la historia y su huella en América Latina

Espinal abrió su intervención señalando que la Declaración de Independencia de 1776 contiene posiblemente "la frase más famosa que se pueda concebir en la historia de la humanidad": la afirmación de que todos los hombres son creados iguales y que el Creador les dotó de derechos inalienables, entre ellos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. "Ahí está planteada una concepción de los derechos de las personas que anteceden al Estado, que existen por la condición misma de ser personas", explicó el jurista, quien recordó que la expresión self-evident —evidente por sí misma— fue introducida por Benjamín Franklin en sustitución del término sagrados, que Jefferson había empleado originalmente.

Esa influencia, sostuvo Espinal, se rastreó directamente en el proceso fundacional dominicano. "Si leemos el manifiesto del 16 de enero de 1844, vemos frases, ideas y nociones tomadas de la Declaración de Independencia", afirmó. Al igual que el documento estadounidense justifica ante el mundo los agravios que motivaron la separación de Gran Bretaña, el manifiesto dominicano articula las razones de la lucha contra la dominación haitiana bajo una estructura retórica similar.

El exembajador también destacó la influencia del modelo constitucional estadounidense —con su división de poderes, sistema bicameral y figura del presidente— sobre el diseño institucional de América Latina. "Al final, nosotros adoptamos el modelo de Estados Unidos. En América Latina no ha prosperado el parlamentarismo", señaló. La primera constitución dominicana, apuntó, recogió esos principios: períodos limitados, bicameralismo y una carta de derechos inspirada en el espíritu de la Declaración.

Espinal trazó luego la línea que va desde esa república pequeña y agrícola hasta la potencia hemisférica que intervino en el Caribe. Señaló que fue el propio Thomas Jefferson —el más localista de los fundadores, defensor del gobierno pequeño y la economía agraria— quien tomó la decisión que transformó a los Estados Unidos: la compra de Luisiana a Francia, que duplicó el territorio nacional por tres millones de dólares, aprovechando el debilitamiento de Napoleón tras las pérdidas humanas y económicas derivadas de la revolución en Haití. A esa expansión le siguieron la Doctrina Monroe y la doctrina del destino manifiesto, que impulsó la proyección territorial hacia el oeste hasta los océanos Atlántico y Pacífico.

El jurista cerró su intervención señalando la paradoja que dejó la presencia estadounidense en la República Dominicana: "Por un lado, es una potencia externa que viene a ejercer un control; pero a la vez crea las bases del Estado moderno que nosotros no teníamos". Esa tensión, dijo, ilustra la complejidad de la influencia estadounidense en el Caribe hispano, que derivó en tres destinos radicalmente distintos: Cuba, con casi setenta años de revolución socialista; Puerto Rico, en un estatus de estado libre asociado de difícil resolución; y la República Dominicana, que tomó el camino de una economía de libre mercado y una democracia que, con sus vaivenes, ha dado estabilidad a la región.

La igualdad como conflicto y el futuro del experimento americano

El filósofo y sociólogo doctor Fernando Ferrán eligió una perspectiva distinta a la de sus colegas: en lugar de mirar hacia el pasado, propuso mirar hacia el futuro. Tomando como hilo conductor La democracia en América, la obra en dos volúmenes que el pensador francés Alexis de Tocqueville escribió tras visitar los Estados Unidos en el siglo XIX, Ferrán planteó una pregunta que resonó en la sala: a 250 años de 1776, ¿Qué queda del experimento americano?

"En el doscientos cincuenta aniversario de la independencia de los Estados Unidos, Tocqueville sigue siendo una lectura incómoda. No porque explique lo que América fue, sino porque ayuda a comprender lo que todavía intenta ser", afirmó el académico.

Ferrán identificó tres elementos constitutivos fundamentales del sistema cultural estadounidense. El primero y más decisivo, dijo, es la igualdad de condiciones: no una igualdad material entre las personas, sino una igualdad ante la ley que, por primera vez en la historia, derrumbó las jerarquías estamentales. "Las jerarquías caen por primera vez en la historia. No de un día para otro, sino que se empieza a recorrer históricamente un camino que da la oportunidad de llegar a ser iguales ante la ley", explicó.

Lejos de presentar ese principio como un logro pacífico, Ferrán lo describió como el origen de un conflicto permanente y constitutivo.

"Las trece colonias no crearon un reino de la amistad y la fraternidad. Crearon un conflicto: él y yo no somos iguales, pero tenemos los mismos derechos. Esa dinámica fue el primer elemento constitucional", explicó, apoyándose en la idea agustiniana de que la historia humana comienza con el conflicto, no con la armonía.

Con esa lectura, Ferrán situó la tensión entre igualdad formal y desigualdad real no como una falla del sistema estadounidense, sino como su motor histórico: la fuerza que ha impulsado, durante dos siglos y medio, la expansión progresiva de derechos y la disputa permanente por su alcance.

Katheryn Luna

Editora de Economía

Editora de Economía. Periodista. Comunicadora Social, con maestría en Comunicación Corporativa. Experiencia en temas educativos, salud, turismo, tránsito, transporte, gestión de desechos, agua y economía. Premios AIRD, Funglode, FIL, Indocal, Unicef, Juan Bosch, Raphy Durán y PEL.

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