Un teatro que se detiene a pensarse

El teatro dominicano en tres actos: entre el pensamiento y la urgencia de un sistema

El año pasado, en este mismo día, escribíamos desde la urgencia: la necesidad de un teatro dominicano vivo, sostenible y nuestro.

Hoy, la reflexión vuelve, pero con mayor peso.

En el marco del Día Mundial del Teatro, el Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General de Mecenazgo, en coordinación con Gestor Cultural RD, convocó el foro “Gestión Teatral en República Dominicana”, moderado por Bohechío Polanco y Henry Mercedes Vales.

Celebrado el pasado 24 de marzo, como antesala a esta conmemoración, el encuentro reunió a voces diversas del sector en torno a tres ejes esenciales: historia, sostenibilidad y futuro.

Henry Mercedes Vales, Lucina Jiménez, Javich Peralta, Arisleyda Beard y Danilo Ginebra durante el conversatorio sobre el teatro dominicano, celebrado el 24 de marzo en la Dirección de Mecenazgo.

Más que un evento conmemorativo, fue un ejercicio poco frecuente: el teatro dominicano deteniéndose a pensarse a sí mismo.

Y en ese acto necesario, pero también revelador, emergió una verdad que ya no podemos seguir posponiendo:

sabemos lo que nos falta… pero aún no logramos construirlo.

Escena de la obra "Esas que no", presentada en el Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo 2025, FITE RD.

Primer acto: la historia sin continuidad suficiente

El primer bloque, Historia y continuidad del teatro dominicano, reunió a Elvira Taveras, Claudio Rivera y Karina Noble en una reflexión sobre memoria, rupturas y evolución.

Pero más allá de las exposiciones, quedó flotando una inquietud más profunda que también expuse en ese espacio:

¿qué estamos haciendo, realmente, con el teatro dominicano?

Porque cuando hablamos de gestión teatral, no podemos empezar por los recursos.

Tenemos que empezar por nosotros.

Aquí no hay extraños.

Aquí hay historia compartida.

Aquí hay oficio.

Aquí hay memoria.

Somos teatristas dominicanos.

Y si eso es verdad, hay que decir algo incómodo: no tenemos una visión compartida.

No es falta de talento.

No es falta de compromiso.

Es falta de articulación.

Escena de la obra "Cuerpos de barro", de Haffe Serulle.

Segundo acto:  la sostenibilidad como herida abierta

En el segundo bloque, Producción, financiamiento y sostenibilidad, con Viena González, Basilio Nova y Lidia Ariza, el diagnóstico fue directo: el teatro dominicano sigue siendo más un acto de resistencia que una industria.

Pero hay una verdad que no podemos suavizar: hemos visto a nuestros maestros enfermar, envejecer y morir en condiciones indignas… y hemos tenido que hacer colectas para enterrarlos.

Eso no es solo doloroso.

Es una vergüenza colectiva.

El teatro dominicano existe.

Resiste.

Crea.

Pero no está organizado como sistema.

Y mientras tanto, seguimos sin responder lo esencial: ¿cómo se sostiene el teatro sin sacrificio permanente? ¿dónde está su modelo económico?

Porque gestionar teatro no es solo producir obras.

Es construir sentido.

Es garantizar continuidad.

Obra de teatro Bolo Francisco, Dirección: Claudio Rivera. Compañía Nacional de Teatro. 2015, Foto de Karoline Becker.

Tercer acto: el público y el sentido del teatro

El tercer bloque, Públicos, nuevas generaciones y futuro, con Arisleyda Beard, Lucina Jiménez y Javich Peralta, abordó el punto más determinante: ¿para quién estamos haciendo teatro? ¿Para el país… o para nosotros mismos?

Si hablamos de futuro, hay que decirlo con claridad: el teatro tiene que entrar de manera real en la educación pública dominicana.

No como actividad ocasional.

No como acto de fin de curso.

Sino como parte del proceso formativo.

Porque ahí se forma el espectador, el ciudadano sensible, y el futuro creador.

Sin escuela, no hay público.

Sin público, no hay teatro.

Y entonces la frase vuelve, inevitable: se produce cada vez más, pero no siempre se permanece.

Obra "Preciosas".

Intermedio: la pregunta que incomoda

En medio del foro, otra pregunta atravesó la discusión: ¿qué significa realmente gestionar teatro? ¿Gestionar es solo buscar dinero?

Si reducimos la gestión al financiamiento, condenamos el teatro a la mera supervivencia.

Gestionar también es: decidir contenidos, construir sentido, definir políticas, establecer relaciones.

Y en ese punto surge otra ausencia evidente: ¿dónde está el sector privado en esta conversación?

Debe integrarse, sí, pero sin sustituir el criterio artístico ni la responsabilidad cultural.

Koldo y Michy Montilla, en obra de teatro.

Último acto: decisiones que no pueden esperar

El foro dejó preguntas concretas que no pueden seguir siendo evitadas:

¿Qué teatro queremos desde Bellas Artes?

¿Qué Teatro Rodante necesitamos realmente?

¿Qué formación teatral responde a nuestra realidad?

Y aún más: ¿quién decide lo que se pone en escena?

Porque gestionar también es eso: decidir qué historias contamos… y a quién le damos el escenario.

Pero hay un punto que ya no admite dilación: no basta con diagnosticar.

Articular una red nacional de teatro, descentralizar la circulación escénica, profesionalizar la gestión teatral y garantizar condiciones dignas para el teatrista no son aspiraciones abstractas: son decisiones pendientes.

Si no asumimos esa dirección, seguiremos gestionando recursos… pero no estaremos gestionando el teatro.

La obra "Cecilia B", escrita de Giovanny Cruz, fue la elegida para clausurar el Festival Nacional de Teatro 2024. Foto: Karla Natasha Alcántara ACENTO. Fecha: 30 octubre 2024, Palacio de Bellas Artes, Distrito Nacional.

Cierre: deponer los egos, construir el sistema

Hay algo más difícil que cualquier política pública: deponer los egos.

El teatro dominicano no puede seguir dividido por protagonismos, ni por diferencias políticas, ni por pequeñas parcelas de poder.

Primero tenemos que reconocernos entre nosotros.

Y luego, con autoridad, exigir una política cultural seria, continua y respetuosa.

Porque el Estado debe apoyar.

Pero nosotros debemos pensar.

Y si no pensamos juntos, no hay gestión teatral posible.

Porque antes que todo y por encima de todo somos teatristas dominicanos.

Y ya es hora de comportarnos como tal.

El Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, obra del pintor Miguel Núñez.

Epílogo: el teatro frente a su propia verdad

Este 27 de marzo, el teatro dominicano no enfrenta una crisis de talento.

Enfrenta una crisis de estructura.

No le falta voz.

Le falta sistema.

Pero hay algo más profundo que no podemos seguir evadiendo: la República Dominicana tiene una deuda alta, histórica y aún pendiente con sus teatristas… y con el teatro mismo.

Porque antes de ser entretenimiento,

el teatro fue estrategia, fue conciencia, fue país en construcción.

Desde 1840, en plena ocupación haitiana,

Juan Pablo Duarte y los Trinitarios comprendieron el poder de la escena y, a través de las sociedades dramáticas La Filantrópica y La Dramática, llevaron a escena ideas que no podían decirse abiertamente.

Bajo la apariencia del espectáculo, se sembraba la libertad.

Se despertaba la conciencia.

Se ensayaba la nación.

El teatro no fue un adorno de la independencia.

Fue una de sus herramientas.

Y, sin embargo, hoy, quienes sostienen ese legado sobreviven en la precariedad, en el olvido institucional, en la fragmentación.

Esa contradicción no es casual.

Es una deuda.

Y es colectiva.

Y frente a esa realidad, ya no basta con reflexionar.

Hay que decidir.

Decidir si seguimos normalizando la fragilidad o si asumimos, de una vez, la responsabilidad de construir un sistema que dignifique, articule y proyecte el teatro dominicano.

Porque no todo lo que se ve permanece, y no todo lo que permanece necesita ser visto.

El teatro dominicano en tres actos: entre el pensamiento y la urgencia de un sistema

Ha llegado el momento de dejar de insistir en lo visible… y comenzar, definitivamente, a construir permanencia.

Y de saldar con acciones, no con discursos, la deuda que este país tiene con sus teatristas.

Porque solo cuando esa deuda sea saldada, el teatrista dominicano será plenamente correspondido y dignificado, y podrá habitar su país en armonía, con la misma pasión con que lo ha soñado, con la misma verdad con que lo ha puesto en escena.

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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