Un libro de cuentos posee la ventaja: está conformado por varias historias. Todas pueden ser buenas, pero con una que resulte interesante se abre el deseo de leer las demás. Ese es el caso de Viajes al mundo de Baldor, de Miguel Rodríguez Checo. Este libro está conformado por catorce cuentos, publicado por Editorial Algos, con diseño de portada de Abner del Villar y corrección de estilo a cargo de Bismal Galán.
El cuento al que me refiero es El guerrillero, uno de los mejor logrados. Otros títulos incluidos son: El comandante, El puente, Domingo en la tarde, La llave, La espera, El edificio, El desfile, entre otros. Este es el cuarto libro del autor.
Este libro fue publicado en 2010. Desconozco si, después de esta publicación, el autor ha escrito otro libro de cuentos. Si no ha sido así, la literatura dominicana se estaría perdiendo de un excelente narrador que, en cada cuento, exhibe una imaginación fecunda y conocimientos sobre el arte de escribir cuentos.
En varios de los relatos, lo onírico está presente, en los que el autor liga ese universo a conflictos psicológicos y, en otros casos, a enfermedades mentales.
Analicemos el cuento El guerrillero:
«Delante de la cueva que ha utilizado como refugio, débil, sin poder dormir, asediado por los insectos y el calor, el guerrillero se queda absorto y, como en vagos recuerdos, vienen a su memoria las arengas frente al campamento sobre grandes hombres que abandonaron todo: familia y estatus social para luchar por sus ideas. Se emocionó al recordar cuando, junto al fuego, sus compañeros contaban historias sobre aquellos que cayeron en combate por la causa que defendían».
Un buen inicio: el protagonista está en el centro de la narrativa. Luego, hambriento, tiene necesidad de comida y debe buscar alguna casa para ver si encuentra algo.
Este inicio nos enfoca en un hombre que se enfrenta a una fuerza mayor, que podría ser el gobierno. Al llegar a la casa, empieza el desarrollo del cuento, los giros, los conflictos verdaderos y las razones de su vida de guerrillero.
Un narrador que sigue al personaje, pero sin revelar
El autor construye la historia mediante un narrador omnisciente en tercera persona y aplica uno de los principios expuestos por el maestro del cuento, Juan Bosch, en los que desplaza el conocimiento del verdadero conflicto.
«El cuentista avezado sabe que su tarea es llevar al lector hacia ese hecho que ha escogido como tema; y que debe llevarlo sin decirle en qué consiste el hecho», dijo Bosch.
Estructura
La estructura del cuento responde a un diseño cuidadosamente elaborado. El planteamiento presenta al supuesto guerrillero aislado en la montaña.
El desarrollo introduce el encuentro con un anciano ciego que vive solo en una humilde vivienda y que fue profesor de generaciones. A partir de ese momento, el relato cambia de dirección. Lo que parecía una historia política se convierte en un diálogo filosófico donde dos hombres hablan de una misma palabra. Dos ideas se enfrentan al mismo tema: la libertad.
El final fue inesperado por la forma en que se dio la noticia.
El verdadero conflicto
«¿Anda alguien ahí?» «Soy guerrillero». «¿Guerrillero? ¿Desde cuándo hay guerrillero en esta zona?»
Esta última pregunta del anciano ciego pone en duda el papel de guerrillero. Siguió indagando sobre las razones de su sublevación y contra quién era. El guerrillero dijo que era obvio: contra los enemigos, buscaba la libertad. El anciano dijo que también había malos amigos (traidores).
«¿Cuál libertad?».
«¿Cómo que cuál libertad? —reaccionó contrariado—, la que nos permita ser los dueños de nuestra vida, sin estar sometidos al yugo de nadie, por muy poderoso que sea. ¿Acaso no le gustaría a usted ser libre?»
«Pero si yo soy ciego, ¿para qué quiero la libertad? Sería lo peor que pueda ocurrirme que, a esta edad, ciego y enfermo, me dejen libre». «¿Sabes que yo también luché por la libertad?»
El anciano le dijo que ha dedicado su vida a luchar contra la ignorancia, que zafarse de esas ataduras es la verdadera libertad.
Es precisamente en esta conversación donde el cuento revela su verdadero conflicto, que no es político, sino psicológico; el protagonista libra una batalla contra una realidad construida por su propia mente. Cree combatir una opresión que solo existe para él.
De manera paralela, surge un conflicto ideológico, representado por el diálogo entre el guerrillero y el anciano. Ambos afirman luchar por la libertad, pero entienden esa palabra de maneras radicalmente distintas.
Para el guerrillero, la libertad debe conquistarse mediante la revolución y las armas.
Para el anciano, la verdadera libertad consiste en romper las cadenas de la ignorancia mediante el conocimiento.
Cuando afirma:
«¿De qué sirve a un ser humano tener la libertad de movimiento si no tiene la libertad de pensar?»
Tiempo, espacio, personajes
El tiempo del cuento es lineal. Solo breves evocaciones permiten comprender cómo se formó el universo mental del guerrillero. El espacio es limitado: primero en un área de la montaña, luego en la casa donde se desarrolla la verdadera historia.
En cuanto a los personajes: el guerrillero, que representa un delirio de persecución, lo encarna en la libertad, y el anciano maestro, que representa la sabiduría. Ambos juegan un papel principal. El antagonista no es una persona, sino una enfermedad que impide que el protagonista pueda discernir la realidad en que vive.
Aspecto relevante
Lo paradójico es que el anciano, impedido de caminar y moverse libremente, se sienta más libre que el guerrillero que camina y sube montañas, y permanece atrapado en la cárcel construida por su propia mente, la cual le impide ser libre.
Mientras el guerrillero busca la emancipación mediante las armas, el viejo maestro la encuentra entre los libros. Su confesión constituye uno de los pasajes más logrados del cuento:
«No creo que un ser humano pueda albergar un sentimiento más grato que aquel que se siente cuando se ha zafado de las ataduras de la ignorancia… Gracias a mi pasión por la lectura… Julio Verne se ha presentado a esta puerta… juntos hemos recorrido los lugares más increíbles del planeta… Qué sensación sentirme libre, libre, libre. Carajo, eso sí es libertad.»
El autor da pistas sutiles sobre el estado del protagonista; no así el desenlace, que surge como una sorpresa, pero casi de manera natural. Impacta al lector y lo pone a interpretar retrospectivamente toda la historia. Pero también el lector se ve obligado a analizar detenidamente el intercambio de impresiones entre ambos personajes, lo que lo obliga a conocer con más profundidad la palabra libertad.
En conclusión
El guerrillero de Miguel Rodríguez Checo nos deja gratamente impresionados de cómo un relato narrado con sencillez, pero bien estructurado, es capaz de presentar a profundidad un planteamiento filosófico de lo que significa realmente ser libre.
Pero también nos deja con las preguntas: ¿Es suficiente romper las cadenas externas si permanecemos prisioneros de nuestras propias limitaciones interiores? ¿Puede un hombre recorrer montañas y seguir siendo esclavo de su mente? ¿Puede otro, ciego y enfermo, sentirse plenamente libre gracias al conocimiento?
Podríamos decir que la mayor virtud de El guerrillero es demostrar que la libertad no siempre comienza cuando desaparecen las cadenas visibles. En ocasiones, la verdadera independencia nace cuando el ser humano conquista la libertad de pensar.
Esa reflexión convierte este relato en mucho más que un cuento sobre un supuesto insurgente; lo transforma en una profunda meditación sobre la condición humana.
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