Como dije en una conferencia anterior, dictada en el marco del IX Congreso de la Metapoesía en Madrid, en octubre del 2025, titulada "El Amor y la Solidaridad como Valores Metapoéticos", la poesía en su esencia más pura, es el reflejo del alma humana. Es un espejo que devuelve imágenes de nuestra existencia, nuestros sueños y nuestras inquietudes. A lo largo de la historia, han surgido innumerables movimientos poéticos, cada uno con su propia visión y su particular forma de expresión (ver el mundo).
En República Dominicana, dos de estos movimientos, son el Movimiento de la Poesía Efluvista fundado por Virgilio López Azuán el 12 de octubre del año 2011 y el Movimiento Internacional de la Metapoesía, fundado por Jorge Piña el 13 de octubre del 1990. Estos movimientos, aunque distintos en su origen y desarrollo ( 15 y 36 años de madurez, respectivamente), comparten un terreno común que merece ser explorado: la búsqueda de una poesía que trascienda lo meramente estético para adentrarse en las profundidades del ser y del lenguaje.
El Movimiento de la Poesía Efluvista, nacido en el seno de la cultura hispanohablante ( al igual que el Metapoético), se caracteriza por su énfasis en la "efluvia", esa emanación sutil e intangible que impregna la realidad y que el poeta busca capturar en sus versos.
Todos estamos al borde y ya somos contornos,/en esta ciudad que llamamos cuerpo,/en este círculo de átomos hirvientes,/de burbujas humanas mecidas por el viento.// Y tocamos nuestras orillas para tocar lo cierto,/para salvarnos del vacío disparado del tiempo,/del tiempo en la piel, del tiempo incierto./… (Al borde, siempre al borde, Virgilio López Azuán. Al borde, siempre al borde, Editorial Santuario)
En la otra vía, la Metapoesía, es la poesía que reflexiona sobre sí misma, sobre su proceso de creación, sus límites y sus posibilidades. Es un acto de autoconciencia literaria, donde el poema se convierte en objeto y sujeto de su propia indagación.
El piano se mueve en la música/se excita en la tecla/pronuncia su ineluctable fervor a la voz/se mueve en la palabra/tono que ama su ser en el canto/pasaje secreto del vivir/baile que se besa es el piano/alucinante pasión del deseo/cuerpo en el cuerpo/…(Piano en el poema, Jorge Piña. METAVERSO, Antología de doce metapoetas estelares)
A primera vista, estos dos conceptos podrían parecer dispares. La Metapoesía se ancla en la intelectualidad, en la deconstrucción del lenguaje y la forma, mientras que el Efluvismo se sumerge en lo etéreo, en lo inmaterial y lo subjetivo. Sin embargo, una mirada más profunda revela puntos de convergencias importantes.
Ambos movimientos comparten una preocupación por la esencia de la expresión. La Metapoesía busca desentrañar la esencia del acto poético, el "por qué" y el "cómo" de la creación. El Efluvismo, a su vez, intenta capturar la esencia inmaterial de las cosas, el "qué" subyacente que las define más allá de su apariencia física. En este sentido, ambos son exploraciones de lo fundamental, de aquello que dá sentido y significado.
Además, tanto la Metapoesía como el Efluvismo desafían los convencionalismos. La Metapoesía rompe con la idea de que el poema debe ser una ventana transparente a un mundo exterior, y en su lugar, lo convierte en un espejo que refleja su propia construcción. En cambio, el Efluvismo, desafía la primacía de la razón y la percepción sensorial directa abriendo las puertas a una comprensión más intuitiva y sutil de la realidad.
La intersección más interesante surge cuando se considera cómo el efluvio podría manifestarse dentro de un marco metapoético y viceversa. ¿Podría un poema metapoético no solo reflexionar sobre su propia creación, sino también sobre el "efluvio" que emana de ese acto creativo? Decimos que sí. Solo hay que imaginarse un poema que, al hablar de su propia escritura, no solo describe el proceso de elección de palabras o estructuras superiores, sino que también intenta capturar la "sensación" que el poeta experimenta al escribirlo, la "energía" que fluye a través de él, o el "aura" que el poema adquiere una vez es finalizado. En este escenario, la Metapoesía se enriquecería con una dimensión Efluvista, trascendiendo la reflexión intelectual para adentrarse en el terreno de lo sutil y lo intangible.
De igual forma, un poema Efluvista podría adoptar una postura Metapoética al reflexionar sobre la dificultad de capturar lo inmaterial a través del lenguaje. También es posible. Entonces, ¿Cómo se traduce un efluvio, una sensación etérea, en palabras que reflexionen la construcción concreta del poema? Esta pregunta, que es esencialmente metapoética, podría ser el motor de un poema Efluvista, donde la lucha con el lenguaje se convierte en parte de la experiencia del efluvio mismo.
Los efluvistas creen en la capacidad de la poesía para revelar lo oculto, lo que subyace más allá de la superficie de las cosas. Para ellos, el poema no es solo un conjunto de palabras, sino un conducto a través del cual fluyen las energías del universo, las emociones más recónditas y las verdades más profundas. Su lenguaje es a menudo evocador, simbólico y cargado de musicalidad, buscando crear una atmósfera que lleve a la introspección y a la conexión con lo trascendente. Los Efluvistas parten de una concepción hipersensorial como herramienta para potenciar esta resonancia interna, creando un ritmo que acompaña el flujo de la efluvia.
Así, la Metapoesía, con una perspectiva más global, se centra en la poesía que reflexiona sobre sí misma, sobre su propia naturaleza y sus límites. Los Metapoetas exploran el acto de escribir, la relación entre el lenguaje y la realidad; y el papel del poeta en la sociedad. Su obra a menudo se convierte en un diálogo con la tradición poética, una deconstrucción de las formas establecidas y una experimentación con nuevas posibilidades expresivas. La Metapoesía puede ser irónica, lúdica o profundamente filosófica, pero siempre busca desvelar los mecanismos internos de la creación poética. A menudo, los poemas se convierten en ensayos líricos sobre el lenguaje, la verdad y la experiencia humana, utilizando la propia poesía como objeto de su indagación fascinante, como lo hizo el mexicano Octavio Paz.
La convergencia entre ambos movimientos es innegable. Ambos comparten una profunda preocupación por la esencia de la poesía y su capacidad para ir más allá de lo superficial. Los Efluvistas, al buscar la efluvia, están, en cierto modo, reflexionando sobre la capacidad del lenguaje para capturar lo inefable, una preocupación que se asemeja a la Metapoesía. La búsqueda de lo trascendente en la poesía Efluvista puede interpretarse como una forma de lo Metapoético, donde el poema se convierte en un medio para explorar los límites de la expresión y la percepción. De manera similar, la Metapoesía, al indagar en el proceso creativo y la naturaleza del lenguaje, a menudo desvela esas "efluvias" que inspiran al poeta. Al reflexionar sobre cómo las palabras dan forma a la realidad los metapoetas se acercan a la idea de que el lenguaje no es solo un vehículo, sino una fuerza que emana del ser y transforma como lo hacen los efluvistas.
La experimentación con la forma y el contenido en la Metapoesía puede ser vista como un intento de encontrar nuevas posibilidades para canalizar esas emanaciones sutiles que los Efluvistas buscan.
Esta fusión da lugar a una poesía que no solo se interroga a sí misma, sino que también se siente, se percibe más allá de su lectura. Un poema que, al desvelar sus entrañas creativas, también revela el hálito vital que lo anima y la impronta emocional que lo gestó es una poesía que respira, que vibra, que deja una huella en el lector, no solo por su contenido o su forma, sino por la atmósfera que irradia.
Así, por ejemplo, la obra poética de Paz, a menudo explora la naturaleza del lenguaje y la creación poética, y al mismo tiempo, se sumerge en la búsqueda de lo trascendente y lo místico. Los poemas
de Paz, en ocasiones, no solo hablan de la poesía, sino que también evocan una sensación de lo inefable, un "efluvio" que trasciende las palabras. La metapoesía en Paz no es un ejercicio frío de deconstrucción, sino una vía para acceder a una comprensión de la efluvia y más profunda de la existencia, donde el acto de nombrar es también un acto de conjuro.
También, la poesía del español Federico García Lorca, es un ejemplo de esa poesía que nombra y mistifica, además de que es una metapoesía que se entrelaza con un profundo sentido de lo telúrico y lo ancestral. Sus versos, al reflexionar sobre el duende no solo describen un proceso creativo, sino que también invocan una fuerza primigenia, un "efluvio" que emana de la tierra y del alma andaluza. La Metapoesía lorquiana no se limita a la reflexión sobre el arte, sino que se convierte en un vehículo para la expresión de una energía vital y misteriosa, haciéndola comulgar con el concepto de la Poética Efluvista.
El Efluvismo y la Metapoesía, han entrado a lo eterno del Olimpo de las letras nacionales, hispánicas y universales. Y han bebido el conjuro de la esencia inagotable de la filosofía, del metalenguaje y de los efluvios para alcanzar los bordes dimensionales de la verdadera creación.
Esta convergencia, en este sentido, entre la Metapoesía y el Efluvismo, ofrece un terreno fértil para la experimentación poética. Permite la creación de obras que no solo son conscientes de su propia naturaleza, sino que también son sensibles a las emanaciones sutiles que las rodean y que ellas mismas generan. Hay que verlas no solo como un arte de la filosofía y del lenguaje, sino también, como un arte de la percepción y la resonancia, donde el poema se convierte en un conducto para lo visible y lo invisible, lo tangible y lo etéreo.
En última instancia, tanto el Movimiento de la Poesía Efluvista como el Movimiento Internacional de la Metapoesía nos abren el camino hacia una lectura más profunda y consciente. Nos instan a ver el poema no solo como un producto final, sino como un proceso, una experiencia, una puerta a la comprensión de nosotros mismos, el universo y todo lo que nos rodea. La convergencia entre estos dos movimientos nos recuerda que, a pesar de las distintas corrientes y escuelas literarias, la poesía sigue siendo un faro que ilumina los rincones más oscuros de la existencia y un eco de la voz humana que resuena a través del tiempo y del espacio en el mundo literario.
Murcia, España, 29 de Junio, 2026
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