Fue George Santayana quien sentenció: “Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”. The Life of Reason, (1905), frase manipulada por demasiados arcopolíticos que rumian la Crónica Universal de la Demagogia. Mnemósine (Moneta para los romanos, quienes la vincularon con la Advertencia y el Recuerdo) simbolizaba la Memoria, y un estanque en el Hades que otorgaba el recuerdo de Vidas Pasadas: toda herida insta a pasar páginas pa’ la izquierda en aras de cicatrizarla, mas, cada pueblo trae las suyas a guisa de (des)memoria, y es distinta la de cada uno.
Desde su porche, la Historia se revela fetichista a costa del costado de nombres célebres, tragedias cercanas al humor rojo que Tolstói tenía por ironía y que conviene orear, so pena de bañarnos en aquellas aguas del Hades. Alejandro Magno recibió un flechazo que le perforó el costado izquierdo; Julio César recibió 23 puñaladas y, según los registros forenses de Antistio, solo la del costado izquierdo era mortal, suerte de Rosita versión clásica; Crazy Horse murió cuando un soldado estadounidense lo atravesó en el costado con una bayoneta. Y para no prolongar la lista negra, el Maestro de Galilea es casus singularis, Marvin Gaye fue asesinado con un disparo en el costado derecho. Sucesos que dieron al traste con sus pasos individuales; desastrosamente, allende y aquende en el tiempo, la Memoria ha sido, es y será, una pleitesía que nos une y vincula en su recuento, cual telaraña ética.
De allí que Gustavo Olivo Peña (San Francisco de Macorís, 1958); Premio Nacional de Cuentos José Ramón López (2022 y 2026) en Desde un costado de la (des)memoria, escudriñara la dominicanidad por todas las puntas de la rosa de los vientos, introduciendo la lupa en los recovecos de sus intimidades axiomáticas, las que abarrotan la conciencia, “La idea de dejar atrás todo lo sensato, deshacerse de la rutina que constituía el sostén de su existencia, iba y venía como una atracción fatal, pero no se decidía.”(P.54); a ver qué salía de la desidia policial: “…Escuche bien lo que tiene que hacer, Pérez. Y esta vez no meta la pata ¡carajo! Regresará como si no pasara nada, hágase el pendejo, acérquese al profesor, como amigo, y trate de averiguar qué hace con los tipos raros que le visitan…(P.91)”; del Arte “…un día se mostró abatido, lloró, dijo que estaba convencido de que no lograría concluir su obra maestra…(P.118)”, de una fotografía reveladora como los satélites sobre la Franja de Gaza: “No puedo relatar en forma pormenorizada, por la intensidad de lo que sucedió, la conmoción que sentí al concluir la lectura y ver el brillo acuoso en el azul de los ojos de don Juan” (P.113); la vida elevada a oteros literarios: “Le daba lo mismo callar o rendirse al rito protocolar. Su mirar apagado, las oscuras ojeras y el caminar cabizbajo desmintieron la afirmación de bienestar.”(P.53).
Así entendemos el vínculo de la Memoria y las Vidas Pasadas con la Advertencia. La Gran Madre preservó sus costumbres por medio de la oralidad, antes de que el pedernal raspara la cueva. La Memoria amamantó al homo memor anterior a este homo intelligentiae artificialis que sustituye a los meteoritos en la extinción del planeta, desmemoriado de que con ella desfilan los hijos de Equidna y Tifón.
Sin distinción, las civilizaciones que tejieron el rizoma de quienes somos, con permiso de Deleuze y Guattari, preservaron la memoria mediante epopeyas, cantares, fábulas, parábolas, diálogos, alegorías, leyendas, mitologías que acaban en literatura. De Uruk es la Epopeya de Gilgamesh, de los sumerios el Himnos de Enheduanna; el Himno a Nikkal es Hurrita, el Rig-veda es el texto sagrado más antiguo de la India y el Mahabharata y el Ramayana sus dos más grandes epopeyas; la Ilíada y La Odisea vienen de Grecia, igual que La Teogonía; y Taíno es el mito de Yaya. La lista no para gracias al palaustre de los arqueólogos. Sendas razones para propagar el acto escritural (lector) sin domeñar la anciana oralidad. En palabras de Dionicio López Cabral: “Al presenciar la muerte del ocaso, ¿cómo olvidar los viejos de la casa?”
Desde un costado de la (des) memoria pone en negritas el cuento dominicano, en el que convergen una retahíla de estilos que permiten aligerar la mímesis materialista; verbigracia, cinco representantes de esta vasta veta: Hilma Contreras, Virgilio Díaz Grullón, Marcio Veloz Maggiolo, Pedro Peix y Luis R Santos, quienes trascienden lo social, el lenguaje directo y la atmósfera costumbrista, ahondando en la sicología, ontológica y antropología de los personajes. En favor de narraciones que nos dejan perplejos ante la consecución de humanidades matizadas con el puntillismo de Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte, de Georges Seurat (1884 a 1886).
Olivo P. no solo pone en evidencia los maestros de la tensión que lo antecedieron en el patio, sino que, amplía el margen de elasticidad a la caza de caracteres integrales: ventrílocuo de la ficción y realidad más desvaídas, por esmero de nuevas voces. Traslucen Hemingway, Fitzgerald; Maupassant, Gógol, Carmen de Burgos y Clarice Lispector sin influencias acendradas. Conciso, turgente, enfrenta al lector a otros claroscuros de la realidad.
Concomitantemente, Alejandro Paulino Ramos (San Francisco de Macorís, 1951) sugiere que somos, “…resultante del proceso de hibridación demográfica, que solo se explica a través del estudio y conocimiento de nuestra historia económica, política, social, jurídica y cultural. Todo está expresado y contenido en los libros, periódicos, revistas, documentos, utensilios, piezas arqueológicas, fotografías, partituras musicales…” (Acento, 2012); lo que abarca exilios, caudillismos; intervenciones norteamericanas, la nerviosa codependencia con Haití; dictaduras, una proto dictadura ilustrada; mesianismos, populismos y neoconservadurismos; maridaje de violencia social y reformas policiales, judiciales, legislativas: “Por mi formación de abogado considero sagrada la labor de impartir justicia. En fin, amigo, también sabes de la lealtad de la familia Bonet Santurce hacia el gobierno y mi persona. Su suerte ahora está en mis manos.” (P.39); nuevos currículos cada que no baste enlodar a los maestros para justificar la aporía de culpar al único actor sin decisión en la Política Educativa del Estado/Empresario que maneja a su antojo el porcentaje del PIB legislado para la Educación, confinado a ser histrión de las discrepancias bajo contrato de turno: “…Eso sí, les pidió que no informaran a nadie debido a que se podría alentar a otros educadores de la zona a reclamar mejorías…(P.85)”.
Sucede que acarreamos desde los confines del ADN esta dialéctica de (des)memoria, y en la medida que los ultrajes se diluyen en la apatía, prevalecen la violencia doméstica o social, la luz de neón de la corrupción administrativa, pérdida de los modales ciudadanos, el tamiz barriobajero que atiborra nuestras cárceles y maternidades de posadolescentes, abandono de la lectura e incapacidad de ser coherentes: “…tome en cuenta el daño que se le haría a esta familia, a la que el país tiene mucho que agradecer…(P.36)”.
Podemos empotrar en un costado de nuestra memoria la Lanza de Longino, tras tanta agua y sangre (re)llovida (Juan 19:34) y resurgir a estadios de desarrollo homogéneo o permanecer como Tomás (Juan 20:27), incrédulos y ajenos a nuestras responsabilidades personales y comunitarias, como el personaje de Ante la ley, inhábil para una anuencia que debió concederse él mismo, por ausencia de referentes. “…Espero que este triste momento que compartimos ponga fin a cuarenta años de dudas…(Pags.44-45)”.
De mi parte, opto por releer, y varias veces, la obra de G. Olivo P. Se lee por placer, decretó Borges, y una vez no alcanza cuando develas epifanía tras otra, y el tiempo tampoco espera si debes memorizar demasiadas heridas en el costado de una dominicanidad acotada con alto sentido de literariedad.
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