Una tarde de verano recibí una llamada del poeta Domingo Acevedo, quien me indicó que la poeta Graciela de la Cruz tenía palabras para mí. Pautamos la conversación y supe el motivo: la poeta Miriam Mejía Campos pondría en circulación su libro Haikus y flores en la Novia del Atlántico, Puerto Plata, en el recién inaugurado restaurante de la poeta Lourdes Batista Jakab. Llegó el día, allí estuve, y de inmediato constaté la inmersión y devoción de Miriam por el haiku.
Pero antes de sumergirme en su mundo contemplativo, es importante trazar algunas pinceladas sobre la mujer en el haiku, pues el suyo fue un caminar doloroso. Desde Den Sute-jo y Chiyo-ni, hasta Sugita Hisajo y Suzuki Shizuko, la mujer siempre fue excluida de los círculos literarios, llegando incluso a llamarse peyorativamente a su quehacer "haiku de cocina". Sin embargo, el tiempo puso todo en su lugar al otorgar trascendencia a sus creaciones, donde afloraba un haiku intimista y maternal que aportó al género un cálido acercamiento a lo humano.
Miriam Mejía Campos escritora y poeta dominicana, es oriunda de Mao, Valverde. Estudió Estadística y Sociología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, reside actualmente en Estados Unidos. Es una cultivadora de la poesía japonesa. En su recorrido por el mundo de la contemplación cuenta con tres libros: Aletear de libélulas, Haikus y flores, y Aves de Quisqueya. Los lazos literarios entre la poeta y este servidor se fueron estrechando, hasta el punto de darme el honor de prologar la obra gestada en su vientre contemplativo: Aves de Quisqueya. Presento aquí mi lectura de su acercamiento al haiku.
Si al abrir la primera página de un libro, este nos envuelve en una sinfonía armónica natural, el libro nos ha conmovido. Y eso es lo que ha hecho la escritora Miriam Mejía en el nacimiento de su tercer libro de haiku, Aves de Quisqueya. Ciertamente, el vientre creativo de la poeta es una flor fecundada por el libar de las aves; es el canto gravitante del viento:
Cual sinfonía
el canto de las aves
al amanecer
Dulce el canto
de los hermosos cisnes
antes de morir
El acercamiento de un poeta a la poesía no es un acto del azar: es una elección de la poesía para llevar al poeta por los caminos de la contemplación. La poeta Miriam Mejía fue elegida por el haiku para escribir en ella. Porque desde el mismo origen del cosmos, todo fue dialécticamente creado; todo fue y es poesía:
Millones de años
de evolución mágica
un pichón vuela
En los pinares
la hembra, de un verde oliva
hace su nido
El libro Aves de Quisqueya es el resultado de la contemplación, y también un grito de alerta de la poeta para proteger nuestras aves endémicas y migratorias en peligro de extinción. Aves amenazadas por la ambición desenfrenada de los seres humanos de cambiarlo todo, a sabiendas de que, si destruimos el equilibrio de la vida, estamos condenados a desaparecer también como especie:
El Gavilán
de la Hispaniola quiere
volver al nido
Una lechuza
vigila en la penumbra
a sus pichones
La poeta nos invita a través del haiku a conocer la diversidad de aves de nuestra isla. Nos lleva, a través del trinar de los pájaros, a caminar junto a ella por el asombroso mundo de los tres versos; nos deja ensimismados para que el haiku encuentre en nosotros otras almas para habitar:
Mientras canta
busca y busca comida
y al nido vuelve
Un pájaro azul
en una fuente de agua
moja sus plumas
En el haiku, el poeta desaparece: no es protagonista de nada, solo recibe el aware; no toca nada, solo deposita en otros lo contemplado. Es quien lleva el hechizo para que la iluminación, el satori, sea una bendición colectiva. Entonces podemos decir que este libro de la poeta Miriam Mejía es un corazón latiendo en las alas de Quisqueya:
Tras el arado
las garzas van y vienen
en oleajes
Tan pequeñito
zumbador esmeralda
entre las flores
En esencia, Aves de Quisqueya, es un libro didáctico, donde los estudiantes pueden asumir un rol de conciencia ecológica desde el verso. Es la conjugación de la naturaleza como sinfonía y elección poética en defensa del canto endémico y migratorio que puebla nuestra isla. Por tanto, la peregrinación de la poeta Miriam Mejía por el mundo de la sensorialidad y la sensibilidad la sitúa en Quisqueya como la voz que reclama y aclama, como la dama que respira haiku.

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