La Canoíta: Madera, rito y resistencia en la Cofradía del Espíritu Santo
La canoíta no es un simple objeto de madera; es una cartografía sonora que delimita el territorio de lo sagrado y lo ancestral en la comunidad en el espacio patrimonial Sabana del Espíritu Santo en Villa Mella. Dentro del complejo organológico de la Cofradía del Espíritu Santo de los Congos, este instrumento se erige como un idiófono de entrechoque cuya singularidad es absoluta en el contexto de la música tradicional dominicana.
Clasificada técnicamente dentro del sistema Hornbostel-Sachs, la canoíta cumple una función metronómica vital, siendo el eje rítmico sobre el cual se asientan el congo mayor, el conguito y las maracas. Su origen, profundamente ligado a la herencia africana bantú, nos remite a una historia de supervivencia y adaptación en la que el esclavizado africano, despojado de todo, logró encapsular en dos palitos de madera la memoria de su retorno espiritual a la Madre África.
Génesis y caracterización de la canoíta en el pensamiento antropológico
La investigación académica ha buscado incansablemente el rastro genético de este instrumento. El antropólogo y maestro Carlos Hernández Soto, quien tiene la investigación más aguda sobre el tema, en su obra fundamental Morir en Villa Mella (1996), estableció una conexión directa entre la canoíta y la "Bisaka" de Angola en Africa, basándose en los estudios del investigador José Redinha. Esta vinculación es crucial para entender que la canoíta no surgió del azar, sino que es una evolución de los bloques de madera hendidos que el francés Benjamín Latrobe ya describía en 1819 en la Plaza de los Congos de Nueva Orleans en EE.UU.
Por su parte, Edis Sánchez y Josué Santana (2022) subrayan que su construcción es de una sencillez engañosa, pues requiere la selección de maderas sumamente duras como el Capá, garantizando una resonancia que "corta" el ambiente ritual. El instrumento consta de dos piezas: una cilíndrica y otra ahuecada en forma de canoa, cuya hendidura produce un sonido grave que influye en toda la musicalización de la Cofradía.
El rito y la vida: Los portadores de la tradición en Villa Mella
La existencia de la canoíta está indisolublemente ligada a las manos que la tallan y la ejecutan. Durante varios años de trabajo de campo en el enclave de la Sabana del Espíritu Santo, hemos documentado cómo figuras emblemáticas como Don Sixto Minier y Don Enrique Minier han sido custodios de este saber. El proceso de elaboración de la canoíta es en sí mismo un acto ritual donde el artesano dialoga con la madera para extraer de ella el espíritu de los ancestros. Ahora Teresa Minier, sobrina de Sixto la elabora y enseña a otros también, pasando el saber ancestral con alegría, como buena artesana patrimonial.
Es imperativo destacar que, aunque el liderazgo de la Cofradía suele asociarse a figuras masculinas, la ejecución de la canoíta ha sido históricamente compartida por mujeres cuya precisión rítmica ha sido el motor de innumerables "bancos", ceremonias funerarias y celebraciones a los santos. La importancia del toque radica en su capacidad de convocar lo espiritual; es el llamado que permite que el tiempo se detenga y se abra el espacio para la comunión con el Espíritu Santo y la Virgen del Rosario.
Canoíta de Annette Dalmasí: Una reinterpretación sublime desde la escena
La vitalidad de esta tradición encontró un eco profundo el pasado sábado en el evento "Viviendo lo nuestro 2026″, organizado por FUNTEPOD e INDARTE en el Día Nacional del Folklore. En esta gala, que conmemoraba los 25 años de la declaratoria de la UNESCO, la artista y gestora cultural Annette Dalmasí presentó su obra "Canoíta".
Esta pieza es el resultado de una investigación corporal rigurosa en la que Dalmasí no se limita a imitar el paso de la danza, sino que utiliza la danza contemporánea para canalizar la mística del instrumento.
Como joven folklorista y bailarina solista del Ballet Folklórico Nacional, Annette ha sabido llevar a las tablas sus investigaciones desde la observación participante en los espacios patrimoniales como la Sabana del Espíritu Santo, transformando la ritualidad en un lenguaje de resistencia estética desde la mirada de los estudios de coloniales que proponen Quijano, Mignolo y Walsh. Su presentación fue un homenaje sublime que puso en valor el instrumento como un puente entre lo terrenal y lo espiritual, logrando que el público vivenciara la conexión inquebrantable entre el ser humano y su raíz negra.
Crónica de un reconocimiento en 2026
El evento "Viviendo lo nuestro 2026″ no fue solo un despliegue artístico, sino un acto de justicia histórica hacia los portadores de tradición. Bajo la dirección de la maestra Senia Rodriguez de la Fundación Teatro Popular Danzante, se reconoció la labor de Doña Catalina Nolasco (Vitalina) y Don Francisco Nolasco Sarante (Viú), pilares fundamentales de la Cofradía.
En este contexto, también se destacó nuestra labor como investigador cultural, resaltando que el compromiso académico debe estar siempre al servicio de la dignidad de las comunidades. Este reconocimiento, entregado en un auditorio a casa llena, reafirma que el patrimonio vivo de la isla sigue resistiendo a pesar de los siglos de negación. La presencia de Annette Dalmasí en este escenario simboliza el relevo generacional de una juventud que no ignora su pasado, sino que lo abraza para construir nuevas narrativas de identidad dominicana como primer pueblo afrodescendiente de America, que no puede divorciar su dominicanidad de su africanidad.
Entre el Código Negro y la represión contemporánea
Sin embargo, no podemos celebrar la cultura mientras los portadores siguen siendo perseguidos por las instituciones del Estado. La historia de la negación de los rituales negros en nuestra isla no terminó con la abolición de la esclavitud ni con el cese del Código Negro Carolino de 1784. Es una herida abierta que se manifiesta hoy en actos de represión policial en un estado social y democrático de derechos.
Resulta inaceptable que en pleno año 2026, la misma fuerza pública que prohibió a Corina cantar salve cimarrona en español en el Parque Independencia en acto público, haya incautado recientemente los instrumentos patrimoniales a los cofrades del Espíritu Santo en Villa Mella en la celebración de un banko a un difunto, por entender que es una cultura haitiana.
El hecho de que una patrulla policial detuviera el sonido del congo, el conguito y la canoíta durante un rito fúnebre es un atropello a la libertad de culto y un ataque directo a un Patrimonio de la Humanidad. Esta criminalización de la cultura afrodominicana es la prueba de que el pensamiento colonial sigue operando desde las estructuras de poder, intentando silenciar el latido de la madera con la que se elaboran los tambores, las canoitas, las maracas y los panderos de la salve.
Hacia una salvaguardia consciente del sonido ancestral
La puesta en escena "Canoíta" de Annette Dalmasí se levanta como un ejercicio de reafirmación y un acto de puesta en valor frente a las sombras del desconocimiento. Es una propuesta estética que nos recuerda que el toque de la canoíta debe trascender los siglos, manteniendo la vibración que resonó en los manieles del siglo XVI como símbolo de libertad. La labor del investigador cultural contemporáneo no puede ser ajena a estas realidades; debe constituirse en un puente crítico que señale las contradicciones entre el discurso de valoración patrimonial y las acciones que, en la práctica, dificultan la expresión de nuestros rituales.
La canoíta es el remo simbólico que nos permite navegar el complejo mar de nuestra identidad dominicana, y su sonido es un testimonio de resiliencia que se niega a ser silenciado por la incomprensión de las normas actuales. Si la madera tiene memoria, nosotros tenemos la responsabilidad ética de ser su eco, velando por la integridad de una herencia que define nuestra esencia más profunda.
Ante la paradójica realidad de que expresiones reconocidas por organismos internacionales como la UNESCO sigan enfrentando restricciones en su propio territorio, como ha sucedido recientemente con la interrupción de toques tradicionales en Villa Mella por parte de autoridades que aún parecen operar bajo lógicas de exclusión heredadas del pasado colonial, es necesario reflexionar: ¿Cómo podemos garantizar una verdadera protección de nuestro patrimonio si el aparato institucional aún no logra armonizar el orden público con el respeto a la espiritualidad de nuestras comunidades?
Es momento de que la salvaguardia pase del papel a la práctica, garantizando que el latido de los Congos y el golpe seco de la canoíta sigan marcando el ritmo de nuestra historia sin temor a la censura.
Hasta la próxima semana.
Referencias
Andújar Persinal, C. (2007). Identidad cultural y religiosidad popular. Santo Domingo, República Dominicana: Letra Gráfica.
Guerrero, J. (2005). Cotuí, Villa, Carnaval, Cofradía y Palos. Un estudio etnográfico. Santo Domingo, República Dominicana: Editora UASD.
Hernández Soto, C. (1996). Morir en Villa Mella. Ritos funerarios afroamericanos. Santo Domingo, República Dominicana: Centro para la Investigación y Acción Social.
Pérez, X. (2010). Consultorio Folklórico de la República Dominicana. Santo Domingo, República Dominicana: Ministerio de Cultura.
Sánchez, E. y Santana, R. (2022). La Música Dominicana. Santo Domingo, República Dominicana: IPGH, Editora Búho.
Viviendo Lo Nuestro. (2026). Honrando el legado de los portadores de tradición y la labor del investigador. Santo Domingo. Recuperado en https://acento.com.do/cultura/viviendo-lo-nuestro-2026-honrando-el-legado-de-los-portadores-de-tradicion-y-la-labor-del-investigador-9621543.html. FUNTEPOD/INDARTE.
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