Cada año, la ciudad de La Vega se transforma en un escenario de color, música y tradiciones con el Carnaval Vegano, una de las celebraciones culturales más antiguas y representativas de República Dominicana.
Según el portal del Ayuntamiento de La Vega, las raíces del Carnaval de La Vega están ligadas a la historia colonial del país. Investigadores e investigadoras coinciden en que las primeras manifestaciones carnavalescas ocurrieron en febrero de 1520 en lo que hoy son las Ruinas de La Vega Vieja, cuando pobladores recreaban celebraciones similares a las que traían los españoles durante el período de Carnestolendas o carnaval.
Con el paso de los siglos, esta festividad se fue transformando y adaptando, incorporando elementos de expresiones culturales indígenas y africanas, hasta convertirse en la fiesta popular que hoy congrega a miles de participantes cada febrero.
¿Cuáles son los elementos que la hacen única?
El Carnaval Vegano se distingue por la riqueza simbólica y estética de sus personajes, especialmente del Diablo Cojuelo, figura principal de la celebración.
De acuerdo con Yanio Concepción, el estudioso de las costumbres veganas, la careta del Diablo Cojuelo puede representar la tradicional imagen del diablo europeo, una cabeza de animal o incluso escapar hacia el terreno de la fantasía con rasgos antropomorfos. Es una máscara ambivalente: puede ser fea y bella, terrorífica y bondadosa, seria y alegre, pero sobre todo burlona, reflejando el espíritu satírico del carnaval.
En cuanto al disfraz, Concepción detalla que está compuesto esencialmente por:
-
Un pantalón ancho ajustado a los tobillos.
-
Una camisa amplia de grandes mangas, ajustada en la cintura y en las muñecas, que termina en una faldilla.
-
Un capuchón llamado galacha, que cubre la cabeza y cae por la espalda.
-
Tela brillante adornada con cientos de cascabeles cosidos al traje.
-
Una careta que cubre el rostro.
-
Y la tradicional vejiga, utilizada para interactuar con el público.
Este conjunto no solo cumple una función estética, sino también sonora y performática, ya que el movimiento del traje hace resonar los cascabeles, aportando dinamismo al desfile.
Los Diablos Cojuelos adoptan distintos nombres según la región del país: en Cabral se les conoce como Cachúas, en Montecristi como Toros y en Cotuí como Papeluses, lo que evidencia la diversidad regional del carnaval dominicano.
El folclorista Fradique Lizardo, citado por Mario Concepción, destacó la calidad de las caretas veganas, señalando que en La Vega se encuentran las únicas máscaras móviles del país, cuya mandíbula se mueve dejando ver los dientes, un detalle que potencia la teatralidad del personaje.
Preparación y organización
La entidad responsable de coordinar cada edición del carnaval, en conjunto con el Ayuntamiento, es la Unión Carnavalesca Vegana (Ucave).
La preparación de los disfraces, comparsas y la logística de la actividad involucra a comunidades enteras, convirtiendo la celebración en un proceso colectivo que se vive con intensidad durante semanas previas a los desfiles.
Patrimonio cultural
En 1977, el Carnaval Vegano fue reconocido por la Cámara de Diputados como Patrimonio Folclórico de la Nación, convirtiéndolo en una manifestación cultural de gran valor para los dominicanos.


Noticias relacionadas
Compartir esta nota