Canto de agua-amor y mariposas. In memoriam a Julia de Burgos, de Luesmil Castor Paniagua. Este libro de poemas (1.ª edición, 2023) contiene diseño y maquetación de Ediciones Amargord, 28770-Colmenar Viejo (Madrid), 2023. 77 págs. www.amargordediciones.com. ISBN: 978-9945-29-179-7. Madrid, España.
Se trata de un libro de poemas de la autoría del comunicador social, investigador de la comunicación social y poeta Luesmil Castor Paniagua.
En su diseño temático, consta de una dedicatoria a Bebé —compañera de toda una vida— y a la descendencia Ithiel, Habeerlyn y Lihia Masmeli (véase pág. 9, obra citada). Contiene tres bloques de poemas: el primer bloque está integrado por diez (10) poemas; el segundo canto contiene nueve (9) poemas, y el tercero y último canto está integrado por siete (7) poemas, para un total general de veintiséis (26) poemas que representan la estructura temática de este libro.
Además, presenta una nota de agradecimientos a Alejandro Santana, Abinader Fortunato y Josué Leger, y en ellos a todos los miembros del Colectivo de Escritores Tiempo de nosotros, así como a los del Grupo Cultural Sur Santo Domingo (véase pág. 11, obra citada).
Al conmemorarse los 70 años de la muerte de la poeta Julia de Burgos (17-2-1914 / 6-7-1953), Luesmil le hizo este homenaje a esa poeta boricua que, desde muy joven, demostró su rebeldía ante el poder patriarcal y el poder político, como bien señaló Castor Paniagua en un ensayo de su autoría titulado Julia de Burgos: un proyecto escritural de resistencia, contenido en el libro Subalternos y resistencias en la literatura latinoamericana, publicado por Editorial Santuario, Santo Domingo, República Dominicana (2022).

Este es, en la totalidad de los poemas recogidos aquí, un abierto homenaje al personaje y a su discurso poético de rebeldía y arrebatos cotidianos.
Hay aquí una valoración poética que procura conducirnos a la memoria permanente de su vuelo hacia la otredad, contra los vestigios del olvido. Veamos:
(…)
En cada mariposa que vuela está Julia siluetada,
en cada una de sus alas estampada va Julia;
en cada latido de corazón que palpita
por el hombre o mujer que se ama está Julia.
Julia murió de versos ebrios de amor;
ella murió sin tormento,
sin dolor en su cuerpo,
porque ya en sus versos lo había dejado
escrito: el dolor.
(…)
(Véanse págs. 25-26, obra citada).
El sujeto-autor se asume aquí como tributario de un reconocimiento para la historia de los recuerdos. El imaginario transcurre entre la vigilia sobre el dolor de quien, en vida, edificó su angustia sobre su espíritu de poeta en cuarentena vivencial, adolorida de tanto amar sobre la nada.
En estos versos, a pesar de su edificación sobre la muerte, no hay tristeza. Al contrario, brota una lírica intimista de gozo como tributo a esa poeta que murió atormentada por la ausencia de aquellos amores que transmigraron hacia lejanos horizontes, quedando atrapada en una eterna soledad.
Esta es la demostración más palpable y sensible de que también el amor mata. Julia de Burgos murió de amor, y el sujeto-autor en este poemario lo ratifica desde una metaforización inmersa en el recuerdo de aquella voz que tanta ternura derramó y que, al final, cae sin aliento sobre el camino de sombra de los abandonados.
En estos versos fluyen los vacíos de la enamorada que quiso poblarse de ensueños tras el amado que nunca escuchó su reclamo de mujer revestida de soledad y olvidos.
Eso es lo que, en el trajinar de estos poemas, nos queda en el recuerdo, porque en este homenaje poético el sujeto-autor no podía dejar de asumir su compromiso de poner en evidencia la angustia de la poeta en su presente, atormentado por el desamor.
Ella, que tanto explayó y dio amor, murió en soledad, sin los soñados besos del amado, a quien tanto le rogó el calor de un simple abrazo para vivir, quedando sola sobre la acera, cobijada por la madriguera de la muerte.
En estos poemas, a pesar de la ira que acompañó por siempre a Julia de Burgos, el discurso poético queda estacionado en una voz que fluctúa entre imágenes que procuran visualizar la figura de la poeta desde la palabra y sus múltiples laberintos semánticos.
La soledad de Julia de Burgos, su rabia y su fervor por la ternura son detalles que brotan desde los diferentes universos poéticos de estos versos.
La idea aquí es brindar a los lectores un trazo poético abierto y libre de la imagen de soledad y llanto de la poeta Julia de Burgos, sin endiosarla ni convertirla en una expresión de santidad, porque ella nunca miró hacia la misticidad en su vivir terrenal; al contrario, hizo de la materia y del fulgor del sexo el centro de su pensar, de su hacer y de su existir.
Se trata de una aproximación estética al transcurrir de una poeta irreverente y amorosa a la vez. Es la visión poética manifestada desde la metáfora, centrada en el eco de una poeta enamorada, apresada en su propia red de amargos sentimientos.
Este reconocimiento a Julia de Burgos, desde el poema, es una afrenta que conlleva al sujeto-autor a manifestar los rasgos espirituales del alma de la poeta en su trajinar libertario y el vacío medular que nos ha dejado su inesperada partida. Veamos:
(…)
Siempre fuiste el ave que voló con alas blancas
sobre la negrura de los odios;
el canto de amor, libertad y paz por las islas
atropella cuerdas de guitarras en tus cantos.
Vendrán de lados nuevos cantos por la patria que aún reclama;
viene menuda tu frente recogiendo el salitre
de Vieques resistida.
Allí la isla está sangrando
y tu boca de espumas viene curando
las heridas de siglos de existencia.
Tú, delgada y diminuta, te vas sobre la brisa
reclamando patria junto a Betances y Albizu.
(…)
(Véanse págs. 51-54, poema titulado Julia enroscada en el canto libertario, obra citada).
Esa es otra vertiente que se deja al descubierto en la vida de esta poeta: su valor patriótico ante el mundo y su apego al reclamo libertario e independiente de su pueblo, Puerto Rico.
No es solo la Julia enamorada y bohemia la que transita por este canto, sino que hay aquí una mirada panorámica de la poeta en su rebuscar sobre la brisa, a pesar de su agonía de amante sin asombros.
Se procura dejarnos una Julia humana: aquella que sabe del abandono y del amor multiplicado sobre el tiempo. Esa es la Julia que fluye en estos versos.
Debo señalar que en esta edición la obra presenta algunas urgencias que, para una segunda edición, deberían ser reconsideradas, como la corrección de la redacción de algunos poemas, donde se reclama un mejor y más efectivo uso de los signos de puntuación y de la acentuación. Sé que, muchas veces, la rapidez en el terminado de una obra puede conducir a estas situaciones.
De todas maneras, el valor estético y poético de este homenaje se mantiene por la organización de la estructura metafórica que se representa en la discursividad poética que emana de esta obra.
He preferido cerrar esta transcrítica literaria con algunos versos de este homenaje, donde el sujeto-autor habla con Julia de Burgos y le confiesa:
Julia, siento tenue tu presencia,
cual mariposa rasgando el cielo
de mi rostro isleño.
Presiento que hay que morir nuevamente
bajo el cielo de tu isla
para poder llorar
todas las islas que te acompañan
en tu muerte.
(…)
(Véanse págs. 67-68, poema titulado Cuando te toque el funeral, obra citada).
En ese poema hay una cita de Julia de Burgos que dice:
Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese: un intento de vida, un juego al escondite con mi ser. Yo misma fui mi ruta.
No se presenta la fuente de esta cita, pues el autor no indica de qué poema o libro procede. Esto también debería ser revisado en una próxima edición de la obra.
Este es un homenaje poético desde el cual el sujeto-autor plasma la esencia del canto y del vivir de la poeta Julia de Burgos, y nos convoca, como lectores y lectoras, a rebelarnos contra el olvido y a plasmar el ritmo y la imagen del poetizar de esta poeta del amor y la desventura en nuestra conciencia.
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