El análisis que realiza Nicanor Ursúa sobre el libro “El oficio de pensar. Diálogos filosóficos”, 2 volúmenes, editados por el Archivo General de la Nación, Vol. DLII y Vol. DXLIV, Santo Domingo, 2025, de Andrés Merejo, constituye una lectura rigurosa y penetrante que amplía notablemente el horizonte interpretativo de la obra. No se trata de un comentario lateral, sino de una reflexión que desentraña la arquitectura conceptual del texto y pone en evidencia su vocación formativa. Ursúa comprende que este libro no es solo una exposición de corrientes y autores de la filosofía, sino una propuesta integral sobre el ejercicio mismo del pensar como responsabilidad intelectual y cultural.
En su lectura, Ursúa subraya la amplitud con que Merejo articula tradiciones filosóficas diversas, integrando pensadores extranjeros y dominicanos dentro de un mismo marco reflexivo. Esa apertura remite al gesto originario de Sócrates y al carácter dialógico de la filosofía, entendida no como acumulación de respuestas, sino como práctica sostenida de las preguntas. De este modo, el libro se convierte en orientación para pensar de manera más abierta, crítica y constructiva, especialmente en el contexto dominicano e hispanoamericano.
Asimismo, el análisis de Ursúa destaca que “El oficio de pensar” enseña a estructurar el conocimiento desde la interrogación constante.
La filosofía aparece allí como camino y no como clausura, como búsqueda del ser a través del diálogo y la problematización. Al clarificar estos elementos, Ursúa no solo profundiza la comprensión de la obra de Merejo, sino que también reafirma la vigencia de la filosofía como ejercicio vivo, dinámico y comprometido con nuestra realidad histórica.
Ursúa recorre la obra de Merejo con lucidez, entendiendo que este trabajo no se limita a recoger lo que los entrevistados dicen, sino que se atreve a ir más allá, a interrogar lo que subyace, lo que no siempre se formula explícitamente.
Esa expresión que Ursúa utiliza —“ir más allá”— define con precisión la inquietud intelectual de Merejo: preguntas bien preparadas, razonadas, reflexionadas, que no se conforman con la primera capa del discurso. Hay en su método una vocación profundamente socrática, esa metáfora del tábano que despierta al caballo, que incomoda para hacer pensar, que punza para que la verdad no se acomode en la superficie.
Ursúa no se limita a reseñar el libro: lo interroga, lo despliega y lo sitúa dentro de una tradición de pensamiento que trasciende lo meramente local. Señala que la obra constituye una suerte de cartografía filosófica, en la que confluyen voces extranjeras y nacionales, tradiciones clásicas y debates contemporáneos, articuladas no como simple acumulación erudita, sino como ejercicio vivo del pensar. De ahí que Ursúa considere este texto una guía permanente, no solo por su amplitud temática, sino por la manera en que invita al lector a asumir el pensamiento como práctica y responsabilidad.
Ursúa establece una analogía particularmente significativa al evocar a Marco Aurelio, recordando que el emperador dirigía reflexiones a su hijo con el propósito de transmitirle el legado moral y filosófico de su tiempo. En esa evocación, Ursúa sugiere que Merejo cumple una función semejante: no escribe únicamente para informar, sino para formar. Como afirma el propio Ursúa: “El libro de Merejo no es un compendio cerrado, sino una invitación a continuar la conversación filosófica que nos constituye”. Esta afirmación subraya el carácter pedagógico y a la vez abierto de la obra, concebida como herencia intelectual y estímulo crítico.
Asimismo, Ursúa va más allá de lo que podría esperarse de una lectura convencional, al vincular el pensamiento de Merejo con una ética del hacer. No se trata solo de examinar conceptos o reconstruir genealogías filosóficas, sino de mostrar que el ejercicio del pensamiento implica una toma de posición frente a la realidad. En ese sentido, el análisis de Ursúa revela la coherencia interna del libro: la selección de pensadores, tanto dominicanos como extranjeros, responde a la necesidad de insertar la reflexión nacional en un horizonte universal, evitando el aislamiento y afirmando, al mismo tiempo, una identidad crítica propia.
Lo que Ursúa destaca con particular énfasis es la amplitud de miras de Merejo. “El oficio de pensar” recoge corrientes diversas, dialoga con tradiciones heterogéneas y propone una visión integradora del quehacer filosófico en la República Dominicana con respecto al pensamiento hispanoamericano. Gracias a la lectura exhaustiva de Ursúa, la obra aparece no solo como un panorama histórico, sino como un acto de responsabilidad cultural: un esfuerzo consciente por consolidar una memoria intelectual y proyectarla hacia el futuro. Esa perspectiva analítica de Ursúa enriquece y profundiza cualquier aproximación previa al libro, pues lo sitúa en el lugar que merece dentro del pensamiento hispanoamericano y dominicano contemporáneo.
Según la lectura de Ursúa, Andrés Merejo nos orienta hacia una forma de pensar que retoma la tradición de los grandes maestros del diálogo, en particular la herencia socrática. No se trata de ofrecer un sistema cerrado ni un repertorio de respuestas definitivas, sino de reactivar el ejercicio del preguntar como fundamento mismo de la filosofía. En esa línea, Ursúa subraya que “El oficio de pensar” devuelve al lector al gesto inaugural de Sócrates: interrogar, incomodar, desinstalar certezas para abrir caminos de comprensión más hondos.
Esta obra no es solo una compilación de autores, sino una invitación a continuar una tradición crítica que se alimenta del diálogo, la confrontación de ideas y la apertura a múltiples corrientes filosóficas. Ursúa entiende que esa amplitud permite que el pensamiento dominicano se inserte en un horizonte más vasto, evitando el aislamiento y propiciando una construcción intelectual más abierta, rigurosa y creativa.
El análisis de Ursúa aclara un punto esencial: la filosofía, en Merejo, no es respuesta sino pregunta. Es camino y no destino; es proceso y no clausura. En ese sentido, la evocación del gesto socrático ante el Oráculo de Delfos adquiere un valor simbólico: la sabiduría comienza con el reconocimiento de la propia ignorancia y con la decisión de estructurar el conocimiento desde la interrogación constante. Ese retorno al origen no implica arcaísmo, sino actualización del método crítico como herramienta para comprender nuestro presente.
De ahí que el trabajo de Andrés Merejo resulte extraordinario y que el análisis de Nicanor Ursúa contribuya a clarificar su alcance. El oficio de pensar recuerda que la filosofía nació como esfuerzo por organizar el saber para todos, por complejizar el pensamiento y contextualizarlo en cada época. En el escenario dominicano e hispanoamericano, esa tarea adquiere un carácter urgente: continuar preguntando por el ser, por la historia y por el destino colectivo. Nicanor Ursúa, al desentrañar la arquitectura conceptual de la obra, nos ayuda a comprender que este “oficio” no es una ocupación académica aislada, sino una responsabilidad cultural y ética que compromete a toda la comunidad pensante.
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