Hace este año 2026 siete décadas, 70 años, en que un equipo de élite de la CIA, con autorización del ejecutivo de esa nación, secuestró y trasladó a República Dominicana para que Trujillo lo desapareciera, al escritor, abogado y activista vasco Jesús de Galíndez, representante del Partido Nacionalista Vasco, PNV, en los Estados Unidos y, simultáneamente, informante tanto del FBI como de la CIA.
¿Qué llevó a esa decisión de las más altas instancias de poder en los Estados Unidos? Una razón poderosa: Jesús de Galíndez representaba un serio peligro a los objetivos militares geoestratégicos de esos años que buscaba el establecimiento de bases militares en España y la restauración de las relaciones políticas, comerciales y, sobre todo, militares entre los Estados Unidos y la España franquista.
Desde 1945 y, sobre todo, desde que se proclamó la Doctrina Truman, el 12 de marzo de 1947, cuyo propósito expreso fue contener la expansión del comunismo y enfrentar la influencia de la Unión Soviética, los militares norteamericanos presionaron por levantar las sanciones a España, excluida de la ONU y otros organismos y del Plan Marshall, a cambio de que Franco les permitiera a los norteamericanos instalar bases militares en territorio español.
La Doctrina Truman sentó las bases tanto para el Plan Marshall como la formación de la OTAN. De ambos organismos España fue aislada.
Ni Roosevelt ni Truman, su vicepresidente, y luego sucesor, simpatizaban con Franco. Por el contrario, tenían un vivo sentimiento de rechazo por los vínculos de Franco con los nazis y los fascistas. Pero los militares norteamericanos habían reestructurado sus prioridades y definido a la URSS estalinista como el nuevo enemigo.
La URSS había sido aliada de Hitler. Stalin brindó por la salud del Fuhrer. De hecho, y aunque ese dato se omite y olvida, fueron la URSS y la Alemania nazi simultáneamente, los que iniciaron la segunda guerra mundial al invadir Polonia. Alemania invadió Polonia el 1ro. de septiembre de 1939 y la Unión Soviética hizo lo mismo el 17 de septiembre y se dividieron el territorio polaco. Luego Hitler atacó el 22 de junio de 1941 a su aliado Stalin y eso provocó que Stalin cambiara de bando.
El proceso por las bases
Franco se movía entre dos grandes tendencias que dividían su régimen: la de los ultra pro-nazis resentidos por el rechazo norteamericano, y el de los pragmáticos que, a la vista de la derrota de Alemania, aceptaban buscar un acomodo y colaboración.
De ahí que estableció cuatro grandes condicionamientos para autorizar las bases:
- Ayuda militar y rearme con equipos y suministros
- Asistencia económica tipo Plan Marshall
- Levantar la exclusión de España de la ONU y reconocimiento político
- Soberanía nominal de España sobre las bases militares.
Estados Unidos aceptó y en 1949 hizo un primer intento fallido de que se levantaran las sanciones a España. Galíndez y el PNV activaron para que esa exclusión se mantuviera. Los Estados Unidos no pudieron alcanzar los dos tercios necesarios para levantar la exclusión.
Entonces, en 1950, Kim Il-Sung y los chinos iniciaron una ofensiva en Corea y los Estados Unidos envió tropas para contener la expansión. Inició la guerra de Corea y la presión de los militares sobre el ejecutivo fue mayor.
Ese mismo año, 1950, Estados Unidos logró que la ONU aprobara la resolución 386 que revocó la condena internacional al régimen franquista y puso fin al aislamiento diplomático.
Ese proceso aceleró las negociaciones.
A partir de la visita el 16 de julio de 1951 del Almirante Forrest Sherman, jefe de operaciones navales de EE.UU. a España, Galíndez advierte a Aguirre, el presidente del PNV, sobre el cambio de política norteamericana frente a Franco y reevaluar la colaboración con esa política por parte de los vascos: “Yo sigo creyendo que todo cambió a partir de la visita del almirante y la política anterior es agua pasada”. Esa opinión de Galíndez, contraria a mantener en favor de la CIA el aparato vasco de inteligencia fue del conocimiento de La Compañía, porque la CIA controlaba su correspondencia.
Entonces sucedió lo inesperado: los republicanos ganan las elecciones de 1952 y la dupla Dwight Einsehower, Ike, como presidente, y Richard M. Nixon, como vicepresidente, ganan las elecciones. Los arquitectos mayores de esa victoria fueron los hermanos John Foster Dulles, que asumiría como Secretario de Estado del nuevo gobierno, y Allen Dulles, quien pasaría a dirigir la CIA, de la que era entonces Subdirector de Planes desde 1951.
El triunfo de Eisenhower fue tan arrollador, que Galíndez, en un informe al presidente del PNV y que inicia con una palabra elocuente: “¡Catástrofe!”, escribe: “Jamás pensé que la victoria de Eisenhower fuera de tal magnitud. Fui a Times Square a esperar los resultados y a las 11 yo me retiré convencido de que nada había que hacer, pero aun así y todo en ese momento no sospeché la paliza. Todavía es demasiado pronto para hacer comentarios fundados. Pero tengo muchísimo miedo”.
Es obvio que ese “muchísimo miedo” no era a Trujillo. Y, de nuevo, Galíndez no imaginaba que su correspondencia era leída por sus empleadores.
El desborde de las “operaciones encubiertas”
Los Dulles convencieron, con la ayuda de Nixon, a Eisenhower del valor de las operaciones encubiertas.
El nuevo gobierno, que asumió en 1953, empezó un política aventurera en ese sentido.
A meses de estar en la dirección del gobierno norteamericano, los Dulles obtienen la aprobación de Ike Eisenhower para derrocar al primer ministro de Irán, el nacionalista y anticomunista Mohammad Mossadegh, El 19 de agosto de 1953, mediante la Operación Ajax. En la revuelta contra Mossadegh hubo un oscuro personaje que era parte de la turba que vociferaba contra el gobernante derrocado: el ayatollah Ruhollah Jomeini.
Ese mismo año, 1953, eufóricos por el “triunfo” en Irán (que nos condujo al actual conflicto en el 2026), proponen a Eisenhower otra aventura para satisfacer los intereses de su cliente la United Fruit, la “Mamita Yunai” de Miguel Ángel Asturias: descabezar el régimen nacionalista y anticomunista de Guatemala encabezado por el coronel Jacobo Arbenz. Eisenhower ordena a la CIA tumbar a Arbenz y Dulles monta la Operación PBSUCCES que logra hacer renunciar a Arbenz el 27 de junio de 1954. Aquel evento llenó de sangre a Centroamérica por décadas y todavía mantiene a Guatemala inestable, más de 70 años después.
En 1953 también el gobierno de Eisenhower logra el anhelado acuerdo con la dictadura de Franco para establecer bases militares en España.
Matar a Onassis y eliminar a Galíndez
En 1954, embriagados por sus éxitos, Allen Dulles viola la Ley de Seguridad Nacional promulgada y firmada por Harry Truman el 26 de julio de 1947 que constituyó la Agencia Central de Inteligencia, CIA, pues la misma tenía como área de competencia el ámbito internacional y tenía prohibido operar dentro de los Estados Unidos, responsabilidad del FBI, y decide crear organizaciones “independientes” financiadas por la CIA bajo contrato, para hacer trabajo sucio interno.
Una de esas organizaciones se constituyó en 1954 para romper el Acuerdo de Yeda del 20 de enero de 1954, mediante el cual el magnate griego Aristóteles Onassis acordó con el Rey Saud bin Abdulaziz de Arabia Saudita y Onassis acordaron que todo el petróleo saudí se transportaría en los tanqueros cisternas de Onassis mediante la creación de una flota nacional de buques cisterna, la Saudi Arabian Maritime Tanker Company.
El equipo gobernante en EE.UU. consideró ese acuerdo lesivo a la seguridad nacional de los Estados Unidos e iniciaron una política de acoso, amenazas, penalizaciones y presiones tanto a Onassis, que era renuente a romper el ventajoso acuerdo, como al rey Saud.
Eso condujo a que se pidiera al exagente del FBI, Robert Maheu, constituir una compañía, Robert Maheu & Associates, para provocar la anulación del acuerdo. La compañía de Maheu de inmediato recibió un contrato de la CIA. Y por igual, se le suplió de un operativo de alta consideración en la agencia: el exmiembro del FBI y de la CIA John Joseph Frank.
Una de las opciones contempladas era la eliminación física de Onassis. En la biografía de Onassis escrita por Peter Evans, Nemesis, el autor señala que el entonces vicepresidente Richard Nixon, al darle a Maheu un apretón de manos, le dijo: “Y solo recuerda esto: si tdienes que matar a ese bastardo, no lo hagas en suelo americano”. Dos años después, esa solución se la aplicaron a Galíndez.
En 1955 el rey Saud, ante las amenazas y la presión, revocó unilateralmente el acuerdo. Onassis dejó de ser un peligro y la orden de neutralización extrema se canceló. La compañía Robert Maheu y Asociados tuvo otro encargo, eliminar a Galíndez fuera de suelo americano.
¿Por qué urgía secuestrar y hacer desaparecer a Galíndez?
Aunque era informante tanto del FBI como de la CIA y caliesaba a los sectores liberales del exilio en los que se movía, incluyendo a los propios exiliados dominicanos, Galíndez era pro vasco y antifranquista.
El escritor español Manuel Vázquez Montalbán en su artículo publicado en El País, España, el 22 de septiembre del 2002, “El héroe impuro”, expresa: “Galíndez trabaja en la ONU para impedir la legalización de la España de Franco, al lado de un exiliado notable que también ha pasado por Santo Domingo, el capitán Durán, protagonista de Soldados de Porcelana, de Vázquez Rial, personaje tan valorado por Alberti y por Jaime Gil de Biedma. La noche en que Galíndez tiene que admitir la traición de los Estados Unidos de Eisenhower y los hermanos Dulles, y el ingreso del franquismo a la ONU, escribe una de sus mejores páginas, lo que tiene su mérito porque no era demasiado buen escritor. Dejémoslo en correcto o suficiente”.
El asunto es que por vía de Galíndez la CIA proporcionó cuantiosos fondos a las organizaciones antifranquistas vascas, y Galíndez tenía esos registros.
De hacerlos públicos, algo que en su despecho podía perfectamente ocurrir, por sentirse traicionado por sus aliados, podía hacer saltar los acuerdos alcanzados y echar al traste las metas de las bases militares, al reforzar en España al sector opuesto a acuerdos con los norteamericanos brindándoles munición.
Los Dulles no podían permitirse eso.
En un artículo del periodista norteamericano Dew Pearson, con el título Dinero que llega fácil, en secreto se va. Para la CIA, el dinero no es problema. este escribe:
“Uno de los casos más extraños fue el de las enormes sumas de dinero que la CIA entregó al profesor Jesús de Galíndez, de la Universidad de Columbia; este fue secuestrado el 12 de marzo de 1956 cuando entraba en el metro de Nueva York y nunca más se supo de él.
Por lo general, su desaparición se ha atribuido al dictador Trujillo, de la República Dominicana.
No cabe duda de que el profesor Galíndez recibía pagos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), a pesar de que lideraba el movimiento de resistencia vasco en América del Norte y del Sur, trabajando para derrocar al generalísimo Franco en España.
La política oficial del gobierno de los Estados Unidos —acertada o no— ha sido apoyar a Franco. Contamos con bases navales y aéreas en España y hemos invertido más de dos mil millones de dólares en su construcción y en el apoyo a Franco. Sin embargo, la CIA gastó cerca de un millón de dólares en apoyar al hombre que intentaba derrocar a Franco.”
He ahí el problema.
¿Por qué sacarlo de los Estados Unidos? Simple, la CIA y los Dulles tenían una confrontación con John Edgar Hoover, el poderoso jefe del FBI, que buscó siempre que la CIA estuviera bajo el control de su agencia.
Si Galíndez moría en suelo norteamericano, ese hecho autorizaba al FBI a meter su hocico en la investigación del caso y podría proveer a Hoover de munición para justificar que la CIA se pusiera bajo su control, algo que Allen Dulles no iba a aceptar.
Ahora bien, el FBI no tenía juridicción fuera de los Estados Unidos. Ese era el territorio asignado a la CIA. Y Galíndez no era ciudadano norteamericano.
Iñaki Egaña, en su artículo “Galíndez 50 años de su desaparición” escribió: “no es de extrañar que la desaparición de Galíndez tuviera en una empresa de ex agentes que trabajaban para la CIA la gestación del crimen (Robert Maheu). La misma empresa que luego fue contratada para asesinar a Fidel Castro y que se vio involucrada más tarde en el Watergate. Poco se ha hablado de ello”.
Precisamente, por el éxito alcanzado en el secuestro y desaparición de Galíndez, cargándole todo a Trujillo: secuestro, traslado y desaparición, para lo que Maheu logró reclutar al jefe de inteligencia de Trujillo, el coronel Arturo Espaillat, alias Navajita, fue lo que llevo que a Maheu le dieran el encargo de contratar matones de la mafia para eliminar a Castro, en la Operación ZRRIFLE. Navajita traicionó a su jefe, al ayudar a plantar evidencias incriminatorias que mostraran la implicación de Trujillo en el plagio, incluyendo el envío de agentes como la agente del SIM Gloria Viera y su amante, el exiliado republicano español Jesús Martínez Jara, alias El Cojo, quienes se pasearon por México antes de llegar a New York y ennoviar a Viera con Galíndez (si hubiesen querido matarlo, Viera o El Cojo lo habrían hecho sin dificultad). El asunto es que los vieran, los reconocieran y lo vincularan al aparato de operaciones sucias del tirano.
La periodista norteamericana Lisa Pease en un libro documentado: A lie too big to fail (Una mentira demasiado grande para fracasar), sostiene la tesis de que a Robert Maheu por igual le dieron otro proyecto que ejecutó con éxito: el asesinato el 5 de junio de 1968 del candidato presidencial del Partido Demócrata Robert Kennedy, exfiscal general y hermano del asesinado presidente John F. Kennedy. Y sus últimas andanzas conocidas fueron con el escándalo de Watergate.
Un último dato que no es para nada casualidad: el día del secuestro de Galíndez, 12 de marzo de 1956, coincide con la fecha en que se proclamó la Doctrina Truman, 12 de marzo de 1947. Fue una celebración de la misma.
Si después de todo lo expuesto usted todavía repite el bulo divulgado por la CIA a través de la revista Life en 1957, atribuyendo el secuestro a un pique de Trujillo porque la tesis que Galíndez escribía y otras candideces por el estilo, es su derecho. Veremos otros datos que refuerzan el hecho de que fue una decisión del gobierno norteamericano y sus principales ejecutivos de entonces, para neutralizar un peligro potencial que podía echar por tierra los acuerdos de bases militares logrados por Estados Unidos con Franco en 1953.
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