Mucho antes de que el cine dominicano hablara de comedia, política y hechos históricos, su primera gran historia fue una de fe. En 1922, apenas tres décadas después del nacimiento del cine dominicano, República Dominicana estrenó su primer largometraje: La leyenda de la Virgen de la Altagracia, dirigida por los fotógrafos Fernando Báez y Juan B. Alfonseca.
Esta obra es considerada el acto fundacional del cine dominicano, según el informe Antología de largometrajes dominicanos, publicado por la Dirección General de Cine (Dgcine).
No fue casual que la película inaugural del cine nacional tuviera como eje a la madre espiritual del pueblo dominicano. El guion, atribuido al historiador Bernardo Pichardo, se basó en las prédicas que el párroco de Higüey, Gabriel Moreno del Christo, ofrecía sobre la leyenda de la aparición de la virgen.
Dichas prédicas habían sido previamente recogidas por Juan Elías Moscoso, por encargo del propio sacerdote. Así lo documenta el experto en cine Félix Manuel Lora. De este modo, el cine dominicano nació bajo el signo de “Tatica”.
Más de 100 años después del primer largometraje, la devoción a la Virgen de la Altagracia volvió a inspirar nuevas miradas cinematográficas, esta vez en forma de documentales.
La productora Larimar Films ha sido clave en este rescate audiovisual de la fe dominicana, con dos obras dirigidas por Elsa Turull de Alma; El custodio de la Virgen, centrado en la figura del padre Evaristo Areché, rector de la Basílica de Higüey, Donde floreció una devoción, una exploración de los orígenes históricos y culturales del culto a la virgen, y Camino a Higüey, que lleva a la pantalla grande la devoción de los dominicanos por esta figura religiosa.
Estos documentales fusionan cine, historia y religiosidad popular, mostrando cómo la fe mariana sigue viva en la cotidianidad dominicana.



El Custodio de la Virgen sigue al padre Evaristo Areché, responsable de la protección del ícono de la Altagracia y de la organización de las celebraciones tradicionales que se extienden desde agosto hasta enero. El documental revela el trabajo detrás de las fiestas religiosas, la logística, la seguridad de la imagen y la dimensión humana de una devoción que moviliza multitudes cada 21 de enero.
Esta producción tuvo un presupuesto total de RD$ 39.8 millones, de los cuales la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) aprobó la ejecución de RD$ 680,765.
Por su parte, Donde floreció una devoción reconstruye los orígenes históricos del culto a la virgen de la Altagracia, conectando pasado y presente a través de testimonios, imágenes y memoria colectiva. El proyecto contó con un presupuesto aprobado de RD$ 61.5 millones por la Dirección General de Cine (Dgcine), aunque la DGII autorizó la ejecución de RD$ 33.9 millones.
Además, el director Abi Alberto retrata el sentimiento de profundo amor que los dominicanos sienten por la virgen de la Altagracia. La historia que genera interés desde el primer minuto, inicia su recorrido por las vidas de varios personajes que serán los protagonistas de este relato visual. El documental se tituló Camino a Higüey, estrenado en 2016.
Desde La leyenda de la Virgen de la Altagracia (1922) hasta los documentales actuales, la virgen ha sido más que un tema religioso: ha sido una musa fundacional del cine dominicano.
Entre la primera película nacional y las producciones actuales median más de 100 años, pero la historia es la misma: un pueblo que mira a “Tatica” no solo como imagen sagrada, sino como símbolo de identidad, devoción y séptimo arte.
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