Luego de un viaje de 10 días en una misión histórica alrededor de la Luna, los cuatro astronautas de la misión Artemis II reingresaron este viernes a la Tierra, luego de un delicada operación en la que reingresaron a la atmósfera a casi 35 veces la velocidad del sonido.
A las 8:07 pm (hora del este de EE.UU.), la cápsula Orión realizó su amerizaje en el océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, tal como estaba programado por la NASA.
El retorno se inició con un encendido de propulsores de ocho segundos a las a las 2:53 p.m.. Esta maniobra ajustó milimétricamente la trayectoria de la nave para garantizar un descenso seguro.
Poco después de las 7:30 p.m. el módulo de tripulación se separó del módulo, lo que deja expuesto el escudo térmico del vehículo justo antes de chocar contra la atmósfera terrestre.
"Durante los últimos 10 días, el módulo de servicio cilíndrico ha sido el caballo de batalla de la misión", comenta Pallab Ghosh, corresponsal de Ciencia de la BBC.
"Sus motores realizaron las maniobras que enviaron a Orion en una trayectoria alrededor de la Luna. Sus paneles solares generaron la energía que mantuvo con vida a la tripulación. Su sistema de propulsión empujó la nave hacia una trayectoria de regreso a casa a través de 230.000 millas de espacio vacío. Ahora ha sido desechado y se quemará en la atmósfera, con su trabajo completado. Nunca será recuperado", agrega.
La fase más crítica de este regreso se inició a las 7:53 p.m. La fricción aerodinámica someterá a los astronautas a fuerzas de gravedad de hasta 3,9 G. El intenso calor formará una capa de plasma a unos 1.650 ºC alrededor de la cabina.
Mientras se precipita a través de la atmósfera, el escudo térmico de Orión estará expuesto a temperaturas de alrededor de 2.700ºC, aproximadamente la mitad de la temperatura de la superficie del Sol.
Esta barrera ardiente bloqueó todas las comunicaciones por radio. El centro de control de la misión perdió el contacto total con la nave durante unos seis minutos.
A las 8:03, un sistema automático comenzó el desplieguue de los paracaídas. Esto reducirá progresivamente la velocidad del vehículo hasta unos 32 kilómetros por hora antes de tocar el agua.
El amerizaje está programado para las 8:07 p.m.
Un equipo militar y de rescate ya aguarda en el Pacífico.
Según los protocolos de la agencia espacial, tras el impacto, buzos especializados asistirán a los astronautas para sacarlos de la cápsula hacia una balsa inflable.
Luego, serán trasladados en helicópteros desde el océano hasta el buque anfibio USS John P. Murtha en un plazo máximo de dos horas.
El fin de un viaje histórico
El inminente amerizaje concluirá una travesía de diez días y más de 1,1 millones de kilómetros de distancia. Los astronautas estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen viajaron más profundo en el espacio que cualquier otro ser humano en la historia.
El grupo despertó en su último día en órbita a más de 98.000 kilómetros de la Tierra. Atrás dejan un recorrido donde sobrevolaron la cara oculta de la Luna e incluso sostuvieron una conversación en directo con el presidente Donald Trump.
La llegada de la cápsula marcará el final del primer viaje lunar tripulado en más de medio siglo. Los cuatro exploradores abren la puerta para el futuro regreso de la humanidad a la superficie de nuestro satélite natural.
Cómo realmente se siente la reentrada en la atmósfera
Por Helen Sharman, primera astronauta del Reino Unido
Sé lo que la tripulación de Artemis II está a punto de experimentar.
Después de días flotando en ingravidez, la reentrada fue para mí un regreso brutal a la normalidad.
Cuando nuestra cápsula golpeó la parte superior de la atmósfera, el suave silencio de la órbita dio paso a un rugido creciente y a una vibración feroz. La nave empezó a sacudirse, las fuerzas G aumentaron y me sentí aplastada contra mi asiento.
Recuerdo intentar levantar nuestro manual de reentrada y sorprenderme por lo pesado que se sentía; incluso mover mi dedo meñique requería esfuerzo.
Cada pequeño movimiento de repente exigía trabajo, como si la gravedad "se encendiera" de nuevo.
Aun así, estaba demasiado concentrada para sentir miedo: ojos en las pantallas, esperando que cada hito se cumpliera, confiando en el escudo térmico que no podía ver.
Sabía que iba a ser duro, pero también sabía que solo duraría unos minutos antes de que se abrieran los paracaídas y el descenso se suavizara.
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