Un hombre de raza negra con una barba corta sonríe mientras carga de cerca a su bebé recién nacido

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En los meses antes de que mi hijo naciera, mi pareja y yo asistimos a un taller activo de natalidad, una sesión de amamantamiento y el curso prenatal del hospital, leímos una pila de libros sobre el embarazo y los bebés y ojeamos una gran cantidad de sitios web. Nuestras libretas de apuntes se llenaron rápidamente.

Entre mis apuntes de esa época hay detalles de las muchas maneras en que los cuerpos de las mujeres de preparan para el parto y la maternidad: las hormonas suben y bajan, los órganos se desplazan, los cerebros se transforman.

Nadie, sin embargo, me contó que mi cerebro y cuerpo también se estaban preparando para la paternidad.

Mi hijo tenía más de un año cuando, por primera vez, se me atravesó esa idea en Father Time ("El padre en escena"), un libro de la primatóloga Sarah Blaffer Hrdy en el que postula que los hombres cuentan con todo el cableado biológico necesario para ser "tan protectores y dedicados a la crianza como la madre más comprometida".

Esto despertó mi curiosidad. Soy un firme creyente en la paternidad activa, pero me imaginaba que eso era una decisión cultural de mi generación de hombres. El libro de Hrdy, sin embargo, me introdujo a un completo campo académico que plantea que nuestro comportamiento está arraigado en la biología, solo que está latente y esperando a que algo lo active.

Después de entrevistar a Hrdy y otros expertos e indagar en los estudios, llegué a una sencilla conclusión: la paternidad cambia a los hombres en maneras que se asemejan cómo la maternidad transforma a las mujeres.

Entre más involucrado esté un padre en el cuidado de su bebé, más profunda se vuelve esa transición. Estos cambios en nuestros sistemas endocrino y neuronal demuestran que un padre dedicado a la crianza no es una aberración moderna, pero una característica biológica profundamente arraigada.

Baja de testosterona

Las primeras investigaciones de como los padres son transformados por los bebés resultaron de las observaciones de otros animales.

Estos estudios de finales del siglo XX encontraron que muchos mamíferos machos -incluyendo otros primates- manifiestan cambios hormonales claros, incluyendo subidas y bajadas de hormonas como la testosterona, vasopresina y prolactina, típicamente asociadas con la maternidad, a medida que se involucran activamente en la crianza.

Cuando el antropólogo estadounidense Lee Gettler, en ese entonces un estudiante universitario, supo de estos resultados a comienzos de los 2000, quedó enganchado.

"Le pregunté a mi profesor si alguien estaba estudiando estos asuntos en padres humanos, y la respuesta en ese momento fue principalmente no", cuenta Gettler, actualmente director del Laboratorio de Hormonas, Salud y Comportamiento Humano en la Universidad de Notre Dame, en Indiana, Estados Unidos.

El primerísimo estudio que demuestra los cambios hormonales en los hombres acababa de ser publicado en 2000 por dos académicas canadienses: Katherine Wynne-Edwards y Anne Storey. Para cuando Gettler indagó en este campo, ya era un hecho establecido que los padres tenían niveles más bajos de testosterona que los hombres sin hijos.

Un padre primerizo carga a su pequeño hijo en un portabebés y empuja un chochecito a través de un parque con árboles y arbustos

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Varios estudios ya han establecido que los hombres con hijos tienen niveles más bajos de testosterona que los que no tienen hijos.

"Pero aquí hay un problema de la gallina y el huevo, ¿verdad?", me explicó Gettler. "¿Los hombres con baja testosterona son más propensos a ser padres? O ¿si de alguna manera la transición a la paternidad conduce a esta cascada de cambios biológicos en los hombres?".

Para responder a esta y otras preguntas, Gettler se asoció con los científicos que realizaban un proyecto de décadas en la ciudad de Cebú, Filipinas.

En 2005, ese equipo recolectó muestras de saliva de 624 hombres, con una edad promedio de 21 años y sin pareja, y les midió la testosterona, luego, cuatro años más tarde los midió otra vez. Querían responder dos interrogantes: ¿los hombres que se convirtieron en padres en el interín tendrían niveles más bajos de testosterona, y si serían más bajos en los padres que pasaban más horas cuidando de sus hijos?

Cuando recibieron los resultados, la respuesta a ambas preguntas fue "sí". Los hombres que tuvieron hijos manifestaban niveles de testosterona significativamente más bajos comparados a los que no eran padres.

Y los hombres que habían pasado más tiempo cuidando a sus hijos manifestaban las caídas más pronunciadas de testosterona. Aquellos que compartían la cama con sus infantes también tenían niveles más bajos.

"Creo que fue el primer mensaje claro en la literatura científica que los hombres tienen esta capacidad de preparación para la paternidad", me dijo Gettler. De una forma, explica, esta es su biología preparándolos para dar cuidado.

Un padre y una madre dormidos con su bebé en la misma cama. Están cubiertos de sábanas blancas y recostados en almohadas blancas

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Los padres que comparten la cama con sus bebés registran aún menores niveles de testosterona, según un largo estudio en Filipinas.

Sus conclusiones no son únicas. Otros equipos han encontrado que las bajas de testosterona durante el embarazo de la pareja también están vinculadas a una más alta inversión, compromiso y satisfacción después del nacimiento, y que los niveles de esta hormona inclusos están vinculados a las reacciones de los hombres cuando el bebé llora: los volvió más alertas y receptivos.

En 2018, un equipo en el laboratorio de Gettler también concluyó que los padres con niveles de testosterona más bajos tienden a estar más comprometidos con el cuidado de los bebés y los pequeños.

Pero ¿cuándo sucede eso? La duda si sucede antes o después del nacimiento hervía en la mente de James K Rilling, director del Laboratorio de Neurociencia Social Humana de la Universidad Emory, en EE.UU.

"Mi suposición", me contó Rilling, "era que sucedería durante el período posnatal, después de que los padres pasaran algún tiempo interactuando con sus infantes".

Lo que descubrieron los sorprendió. Cuando hicieron pruebas con padres expectantes tras sólo cuatro meses de la concepción, dos hormonas registraban niveles más bajos comparados a los de un grupo de control: testosterona y vasopresina.

"Y lo interesante es que entre más baja su testosterona, más se involucraban con la madre y el infante después de nacer", expresa Rilling, quien en 2024 publicó Father Nature, un libro (aún no editado en español) que explora la ciencia de la paternidad. Él afirma que la vasopresina tuvo un efecto similar.

Rilling está curioso de por qué esto sucede. ¿Hay una señal de feromonas que los padres expectantes reciben de sus parejas embarazadas? ¿Es un cambio psicológico que sucede una vez se enteran que esperan un bebé?

Como con muchos de los resultados sorpresivos de este campo relativamente joven, no sabemos. Lo que es cierto es que los cambios van más allá de la testosterona.

Una mujer embarazada está recostada en una camilla mientras una doctora le toma una imagen del vientre con ultrasonido. Las acompaña la pareja de la mujer, un hombre joven de barba. Todos miran la pantalla que muestra la imagen de ultrasonido

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El vínculo paternofilial se estimula desde mucho antes de que nazca el bebé.

Una oleada de la hormona del amor

Tomemos, por ejemplo, la oxitocina, la llamada hormona del amor. Esta es una hormona que recuerdo de mis cursos prenatales: nos instaron a mantener las cosas relajadas y suaves durante el parto para que la oxitocina de mi pareja fluyera y luego disminuyera cuando diera a luz.

Una vez mi hijo nació, nos dijeron que una inmensa oleada de oxitocina al parir y repetidos incrementos durante el amamantamiento ayudarían a que el bebé y mi pareja se apegaran.

Pero yo no estaba consciente de que en las primeras horas después de su nacimiento, mientras yacía sobre mi pecho desnudo, la oxitocina también se estaba elevando en mí.

Muchos estudios alrededor del mundo han encontrado niveles más altos de oxitocina en los padres, incluyendo aquellos cuyos hijos tienen entre uno y dos años y aquellos interactuando con bebes menores de seis meses; y eso parece corresponder al tiempo que pasamos con nuestros hijos.

Por ejemplo, los padres que se involucran en juegos y contacto más divertidos con sus hijos manifestaron un aumento de oxitocina, e incluso un cambio parecido fue evidente cuando los padres cargaron por primera vez a sus recién nacidos.

Oxitocina le da una sobrecarga a nuestro instinto paternal. Eso se puede poner a prueba, asegura Rilling, rociando las narices de los hombres con la hormona y tomando nota de lo que sucede.

"Hay un estudio que me encanta completamente", expresa. "Les dan [a los papás] oxitocina intranasal cuando están interactuando con su pequeño, y encuentran que hace que los padres muevan la cabeza más rápido". En la video llamada, Rilling sacude su cabeza de derecha a izquierda y de arriba abajo, en lo que aparenta ser un muy convincente padre sobre entusiasmado.

Ese resultado sugiere un ciclo positivo autorreafirmante con oxitocina: a medida que la hormona aumenta, el papá es más propenso a interactuar con su hijo, lo que a su vez estimula otro aumento.

Gráfico de un cerebro masculino con zonas iluminadas que representan los estímulos hormonales

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La oxitocina le da una sobrecarga a nuestro instinto paternal.

Entre más observan los científicos este tema, más cambios adicionales encuentran en otras hormonas. En un estudio publicado en 2025, Rilling y su equipo encontraron que la vasopresina -una hormona que en animales suele estar vinculada a la territorialidad y agresión de macho contra macho- se había suprimido en los padres nuevos antes de que sus bebés nacieran.

Otra candidata sorprendente es la prolactina. En humanos, este químico es mejor conocido por su papel en la lactancia y el cuidado maternal, pero los biólogos lo han vinculado al cuidado paternal en otros animales, incluyendo las aves, peces y titíes, monos sudamericanos conocidos por sus instintos paternales.

En 2023, un equipo liderado por la psicóloga clínica estadounidense Darby Saxbe estudio los niveles de prolactina en padres expectantes y concluyó que aquellos que sentían un vínculo más fuerte con su bebé antes de nacer tenían niveles más altos de la hormona, y que los niveles prenatales de prolactina pronosticaban cuán involucrados estarían estos padres en su cuidado.

Como ya hemos visto con los niveles de oxitocina, ambos cambios hormonales son más pronunciados en los padres que toman mayor cuidado de sus bebés. "No es el caso que únicamente las nuevas madres pueden ser hormonales", afirma Saxbe. "Parece que los hombres están manifestando algunas de las mismas adaptaciones y algunos de los mismos tipos de consecuencias".

Una segunda adolescencia

Saxbe ha estado investigando si las consecuencias de estos cambios hormonales dejan una huella en los cerebros de los papás. "Pensé que los padres son en realidad muy interesantes, casi una población especial en el sentido que experimentan las transformaciones de la paternidad sin el embarazo biológico", me comentó.

Las madres que dan a luz reciben una explosión de hormonas mientras cargan a sus hijos y luego reciben otro incremento durante el parto. Pero las experiencias de sus parejas son más sutiles. "Así que casi nos permiten desagregar los efectos del embarazo de los efectos de la experiencia de la crianza", explicó Saxbe, cuyo libro Dad Brain (El cerebro del papá) se lanza este 2026.

Hace unos años, su equipo unió fuerzas con colegas en España para escanear los cerebros de padres primerizos antes y después del nacimiento de sus hijos. Descubrieron que había cambios neuronales en marcha. Sus cerebros se estaban adaptando para acomodar las nuevas experiencias e información.

Saxbe compara esta transición hacia la paternidad con la adolescencia, otro umbral crítico de desarrollo en el que nuestro cerebro debe adaptarse a nuevos desafíos, estímulos e ideas.

Y en un estudio de seguimiento, la psicóloga descubrió que los hombres que sentían lazos más estrechos con su bebé por nacer o planeaban tomar más baja laboral tenían mayores cambios en sus cerebros. En 2026, Rilling reportó evidencia similar de los cambios cerebrales en padres primerizos, confirmando la transición neurológica.

En cuanto a los múltiples cambios en nuestros cerebros y cuerpos paternales y maternales, hay un aspecto de úsalo o piérdelo: entre más te involucres, más cambias: "Es como si algo se disparara", indica Sarah Hrdy, la primatóloga autora de Father Time.

Ella cree que todos los cerebros humanos tienen la capacidad latente de ser padre, lo que ella denomina como "sustrato aloparental", que puede ser activado bajo las circunstancias adecuadas.

Una mujer dando a luz en un hospital acompañada de su pareja que le toma la mano, mientras dos parteras la asisten

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Las mujeres reciben un estallido de hormonas cuando cargan su bebé y cuando dan a luz. Los hombres experimentan cambios más sutiles.

En su libro Father Time, sostiene que a medida que los humanos evolucionaron hacia sociedades más complejas, era el cuidado colectivo (aloparental) lo que permitió a los humanos prosperar. Era valioso tener hombres que pudieran aportar el cuidado primario de un bebé, así que desarrollamos la capacidad de hacerlo, la cual todavía mantenemos.

"La madre Naturaleza es una vieja dama con algunos hábitos muy malos", me indica. "Y un ama de casa muy frugal. Cuando tiene un ingrediente que no está usando inmediatamente, no lo tira. Lo almacena en su despensa".

Estos "ingredientes almacenados" se vislumbran en un estudio de 2014 que Hrdy llama, "uno de los documentos de ciencia más fascinantes que jamás haya leído".

En este, un equipo de académicos israelíes liderados por Ruth Feldman reclutó parejas heterosexuales en las que la mujer aportaba el cuidado primario y el padre "ayudaba", además de parejas homosexuales criando niños sin la participación de una mujer, y escanearon sus cerebros mientras estos observaban videos de sus bebés.

Con las parejas heterosexuales, en los cerebros de las mujeres que aportaban el cuidado primario se iluminaban las áreas relacionadas a las respuestas instintivas más profundas, como la amígdala, mientras que los hombres que las apoyaban mostraban más actividad en las áreas sociales; eso podría implicar que inicialmente estaban evaluando la situación antes de actuar.

Pero los hombres gay que aportaban el cuidado primario manifestaron actividad similar en la amígdala y otras regiones "maternales" del cerebro, mientras mantenían el elemento social también.

La paternidad estaba literalmente cambiando el cableado de sus cerebros.

Una pareja de hombres gay con su bebé recién nacido

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Los hombres gay que se encargan del cuidado de sus bebés también manifiestan cambios en regiones "maternales" del cerebro.

Cambios sociales

Todos los expertos con quienes hablé, y la vasta mayoría de la literatura en esta disciplina, concordaban en que estos desarrollos en la biología paternal deberían reenfocar las políticas públicas sobre las familias.

"Es una prioridad social urgente que apuntalemos la oportunidad de los padres para desarrollar esas conexiones", sostiene Saxbe. Dice que mejores políticas de licencia por paternidad, por ejemplo, pueden ayudar a estrechar los lazos entre los padres y los hijos.

Otro cambio clave es involucrar a los hombres desde el principio, me indicó Gettler, incluyendo su asistencia a los ultrasonidos, yendo a las citas e interactuando activamente con su pareja durante el embarazo.

"Sabemos que esta biología empieza a operar durante el período de embarazo a medida que las familias se preparan para recibir a sus bebés", señaló.

Los padres activos, involucrados, tienen beneficios para la familia. Las madres con parejas más activas han reportado mejor salud mental en muchos países incluyendo Pakistán, Kenia y Estados Unidos.

Y crucialmente, los niños también se benefician. En un enorme estudio que siguió a 292 familias durante siete años y que fue publicado en 2026, investigadores de EE.UU. concluyeron que los niños de padres más atentos tenían mejor salud cardíaca. El giro inesperado: el comportamiento de las madres no tuvo el mismo efecto.

"Creo que hay un lugar para pensar en cuánto la biología de la paternidad aporta los fundamentos para estructurar familias fuertes y saludables desde el comienzo", concluyó Gettler.

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BBC

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