En Casavalle es mediodía y el silencio en las calles terrosas contrasta con los disparos que estremecen a la gente humilde y trabajadora al caer el sol.
"Balaceras (hay) prácticamente todas las noches", relata Silvana de los Santos, una vecina que ha vivido sus 50 años en esta zona del norte de Montevideo, mientras atiende un pequeño puesto de frutas y verduras.
"Mi hija tiene 10 años y me dice: 'Mamá, ¿eso qué son, bombas o son…?'. Y no, llega un momento en que le tengo que decir la verdad, porque está creciendo", continúa.
De los Santos habla a unas cuadras del lugar adonde el papa León XIV prevé llegar en la tarde de este sábado, en el marco de su recorrido por Uruguay, y pide que la visita traiga cierta paz a la zona, sobre todo para los niños.
"A veces", dice, "en los colegios y las escuelas públicas tienen que salir corriendo a buscar a sus hijos por un tema de conflicto entre bandas o balazos".
Casavalle abarca distintos microbarrios con alta densidad de población, más desigualdad socioeconómica y mayores índices de violencia que otras partes de la capital uruguaya, señalan varios estudios.
Esa situación difiere de la imagen de tranquilidad y prosperidad que suele proyectar Uruguay y fue clave para que el Papa decidiera visitar el sitio.
"Para nosotros era fundamental que estuviera en ese lugar, que conociera también la realidad de la pobreza del Uruguay", le dice a BBC Mundo el cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo.
"También hay situaciones de violencia fuertes", agrega, "y sin embargo ahí la Iglesia está presente con una variedad de obras como en ningún otro lugar del Uruguay".
"Esto es violencia"
La parroquia de Casavalle que visitará León se llama Nuestra Señora de Guadalupe, un templo de 1987 con ladrillos a la vista y un ajetreo especial en estos días.
Afuera se ha levantado un escenario para recibir al pontífice, con una cruz de madera de unos 130 kilos elaborada por adolescentes del Inisa, el instituto uruguayo de detención de menores infractores.
"El Papa viene a Casavalle a recordarles a muchos uruguayos que hay vida del otro lado de avenida Italia", dice Alejandro Andrada en referencia a la arteria que divide Montevideo entre el norte más popular y el sur más rico.
Andrada condujo una organización social de Casavalle que dejó de existir y, al caminar por la zona, señala calles con aguas servidas o basura acumulada.
"Esto es violencia", comenta.
También repara en la solidez de casas construidas por inmigrantes españoles e italianos décadas atrás, que se distinguen de otras viviendas mucho más precarias y recientes.
Un poco más allá, dos vecinos veteranos describen una escena dantesca que presenciaron un rato antes en un contenedor de residuos.
"Una mujer (estaba) peleando con un perro, porque ella quería comer unos fideos que habían tirado y el perro se los quería comer", narra Delmar Sandez, un jubilado de 86 años.
Rodolfo Arévalo, de 67, dice a su lado que en esas calles los robos se han vuelto frecuentes como las ráfagas de disparos.
"Es por la droga, por la pasta base (de cocaína), entre pandillas de barrio y barrio", asegura.
No es el único que piensa así.
Cerca de dos tercios de los vecinos de la zona identifican "la droga" como un problema principal y los enfrentamientos entre grupos vinculados a ella como una preocupación, según un estudio de la Universidad de la República publicado en junio en base a una encuesta en Casavalle y barrios lindantes.
El año pasado, la seccional policial de la zona registró 39 denuncias de homicidios, lo que equivale a 44,1 casos cada 100.000 habitantes, la mayor tasa de Montevideo en ese período, según datos oficiales.
Tal proporción casi triplica la media de homicidios de toda la ciudad (16,5), es apenas menor a la que tuvo en 2025 la ciudad colombiana de Cali (46,8 cada 100.000 personas) y casi el doble que la tasa de muertes violentas que hubo en Río de Janeiro (22,7 cada 100.000 habitantes).
Los expertos atribuyen buena parte de esas muertes en Casavalle a conflictos de microtráfico y disputas territoriales.
Pero la seccional policial de la zona también fue la que recibió más denuncias de violencia doméstica en Montevideo el año pasado: 1.377.
Estrella Cuadrado, una vendedora callejera de 50 años, asocia el aumento de la inseguridad a la ausencia de adultos que antes "hacían respetar el barrio".
"Hoy no están esos referentes mayores", dice. "Están presos o se han matado entre ellos".
"Mucha seguridad"
El sacerdote Pablo Coimbra, líder de la parroquia local, señala que en el barrio "hay violencia, pobreza, narcotráfico", pero también "gente humilde y trabajadora que quiere salir adelante".
Las obras sociales de la Iglesia en la zona, explica, incluyen centros educativos que becan a niños y jóvenes, talleres de oficios que van desde la tecnología hasta la carpintería, alimentación, promoción de deportes y cuidado de ancianas abandonadas.
También se han construido y reparado más de 130 viviendas en los últimos años para familias vinculadas a la parroquia.
Todo eso es financiado por la propia Iglesia, por fundaciones privadas y, en algunos casos, por convenios con el Estado, detalla Coimbra, que también es contador público y hace seis años inició su misión en Casavalle.
"No es un Estado ausente", comenta, "pero sí es un Estado ineficiente".
A pocos metros de la parroquia, Guadalupe Bongiovanni y Diego Rivero trabajan en un conjunto de viviendas de la Iglesia a medio construir que se espera que sean bendecidas por León.
"A mi hijo le robaron en la esquina de casa, con arma y todo", relata Bongiovanni, de 36 años. "Tienen que traer mucha seguridad para cuando venga el Papa".
La mayor presencia policial ya es evidente desde hace días en la zona: pasan agentes a pie, en motos, camionetas y hasta en vehículos blindados.
Coimbra descarta que haya problemas de seguridad durante la visita papal. Y, en una recorrida por el barrio, saluda con familiaridad a los vecinos.
De pronto, Lorenzo Álvarez, un pensionista de 71 años, se acerca al sacerdote para informarle que entraron a robar a su casa cuando había salido.
Coimbra recuerda que el año pasado él mismo enfrentó a un conocido ladrón de la zona para exigirle que dejara de robar a los vecinos.
"Te voy a matar", le respondió el hombre.
El sacerdote hizo entonces una denuncia policial por la amenaza. Y prosiguió con sus tareas.
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