La imagen de la maternidad como una etapa de plenitud y felicidad absoluta empieza a resquebrajarse ante la evidencia científica. Cada vez más estudios confirman lo que muchas mujeres han vivido en silencio: parir no garantiza bienestar emocional, y el malestar mental durante el embarazo y el posparto es más frecuente de lo que la sociedad reconoce.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 10% de las mujeres embarazadas y el 13% de las que han dado a luz presentan trastornos mentales, principalmente depresión. Sin embargo, estimaciones más recientes del Centro de Políticas para la Salud Mental Materna advierten que la cifra real es mayor: hasta una de cada cinco mujeres experimenta algún trastorno emocional durante el embarazo o el primer año tras el parto.

Lejos de ser casos aislados, se trata de una de las complicaciones más comunes de la maternidad. Evidencia clínica recopilada por Institutos Nacionales de Salud (NIH, siglas en inglés) sitúa la depresión perinatal como una de las afecciones más frecuentes en este periodo, afectando aproximadamente a una de cada siete mujeres. A nivel global, la depresión posparto puede alcanzar hasta el 20% de las madres, especialmente en países de ingresos medios y bajos, de acuerdo con la OMS.

Los números que no se pueden ignorar

Una de las revisiones más amplias realizadas hasta la fecha, publicada el 1 de mayo de 2026 en la revista The Lancet Psychiatry, analizó datos de más de dos millones de mujeres en 90 países y ofreció cifras comparables a escala global sobre el trastorno depresivo mayor en el ciclo perinatal.

El estudio encontró que:

  • 6.2% de las mujeres (1 de cada 16) sufre depresión mayor durante el embarazo.
  • 8.3% alcanza su punto más alto en las primeras dos semanas tras el parto, el periodo de mayor vulnerabilidad.
  • 6.8% (1 de cada 15 madres) padece depresión mayor en el primer año posparto.

Estas cifras se mantienen por encima de las de la población general durante todo el embarazo y el primer año tras el nacimiento, lo que confirma que la maternidad representa un período de riesgo elevado y sostenido para la salud mental.

Más allá de la tristeza posparto

El trastorno depresivo mayor no debe confundirse con el llamado “baby blues”, una tristeza transitoria que puede aparecer en los primeros días tras el parto y que suele resolverse sin intervención.

A diferencia de esto, la depresión mayor es una condición clínica que puede incluir tristeza persistente, desapego hacia el bebé, dificultad para realizar actividades cotidianas, insomnio severo e incluso pensamientos de autolesión.

A esto se suma la ansiedad perinatal, el trastorno de estrés postraumático asociado al parto y la llamada carga mental materna, un peso invisible relacionado con la gestión del hogar, los hijos y el trabajo, que impacta la salud física y emocional de las mujeres.

Un problema frecuente pero invisible

A pesar de su magnitud, la salud mental materna sigue siendo una de las áreas más desatendidas dentro de los sistemas de salud. Datos del Centro de Políticas para la Salud Mental Materna revelan que menos del 20% de las mujeres son evaluadas para detectar trastornos mentales durante los controles prenatales o posnatales.

Esto significa que la mayoría de los casos pasa desapercibida. Sin diagnóstico, no hay tratamiento. Y sin tratamiento, las consecuencias pueden escalar.

En la práctica clínica, esta realidad ya es visible. La ginecóloga obstetra Yubelis Brito señala que cuatro de cada diez pacientes requieren apoyo en salud mental, siendo la depresión y los trastornos de ansiedad los diagnósticos más frecuentes.

Señales de alerta y momentos críticos

De acuerdo con Brito, existen signos claros que pueden indicar que una mujer necesita apoyo emocional durante esta etapa.

“El descuido en la toma de suplementos, expresiones de culpa o inutilidad, rechazo del embarazo, insomnio, tristeza, ansiedad excesiva o incluso signos de desnutrición pueden ser señales de alerta”, explica.

La especialista advierte que estos trastornos pueden aparecer o intensificarse en momentos específicos:

“Durante el embarazo suelen debutar o agravarse en el primer y tercer trimestre, mientras que en el puerperio las semanas dos a seis son especialmente críticas”.
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Consecuencias que trascienden a la madre

El impacto de estos trastornos no se limita a la salud de la mujer. La OMS advierte que la depresión y la ansiedad en el embarazo o el posparto pueden afectar el desarrollo del bebé.

En casos graves, las consecuencias pueden ser extremas. Según Brito, pueden darse situaciones tan desgarradoras como la muerte del recién nacido o incluso de la madre, ya sea por daño al bebé o a sí misma.

Salud mental en República Dominicana

En el país no existen estadísticas consolidadas sobre depresión posparto y la falta de datos actualizados dificulta dimensionar el problema. No obstante, la OMS señala que la ansiedad y la depresión son los trastornos mentales más comunes y que afectan con mayor frecuencia a las mujeres, especialmente en etapas como el embarazo y el posparto.

El Plan Nacional de Salud Mental 2026-2030, impulsado por el Ministerio de Salud Pública, reconoce la alta carga de los trastornos mentales y la brecha de atención existente en el país. La estrategia plantea fortalecer la atención desde el primer nivel, ampliar los servicios y mejorar la cobertura, incluyendo programas especializados como la atención al duelo gestacional y neonatal.

En ese contexto, Brito considera que hay avances, pero aún retos:

“Aunque no todas las maternidades cuentan con unidades de crisis, el personal está capacitado para identificar estos casos y realizar interconsultas con psicología y psiquiatría”, señala.

¿Qué hacer cuando se detecta y prevención?

Cuando se detecta un caso, la intervención debe ser inmediata. Según la doctora, lo correcto es involucrar a un familiar cercano y referir a la paciente a psiquiatría para evaluación y manejo de la crisis. Además, la especialista recomienda medidas preventivas para las futuras madres, tales como:

  • Mantener una alimentación saludable.
  • Realizar actividad física.
  • Tomar sol regularmente.
  • Practicar actividades recreativas como leer, escuchar música o bailar.
  • Realizar actividades creativas como pintar o dibujar.
  • Conectarse con el entorno, por ejemplo, caminar al aire libre.
  • Buscar apoyo profesional o grupos de ayuda ante cualquier señal de alerta.

Una crisis que exige respuesta

El Día Mundial de la Salud Mental Materna busca romper el silencio en torno a esta problemática. Ya que, como resume la especialista:

“Una madre sin bienestar emocional no puede garantizar los cuidados que necesita su bebé”.

Halley Antigua

Periodista apasionada por temas tecnológicos, salud y sociales; me gusta ponerle rostro a los datos. Disfrutar de la cultura y el turismo ecológico.

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