El veterano político enfrenta un gran escollo, ya que su doctrina siempre centrada en la seguridad quedó en entredicho el 7 de octubre de 2023 cuando comandos islamistas liderados por Hamás lanzaron un asalto sin precedentes contra Israel.
Su principal rival, el exjefe del Ejército Gadi Eisenkot, ha canalizado la indignación pública por este fracaso y está en empate técnico con Netanyahu en las encuestas.
Netanyahu, el primer ministro más el primer ministro más longevo de Israel
El dirigente, de 77 años, está haciendo todo lo posible por ganar: se jacta del apoyo expresado por Donald Trump, agita el miedo de que las potencias hostiles quieren su derrota y aviva los temores de que si ganan sus oponentes, se fundará un Estado palestino, un tema al que se opone la mayoría de los israelíes.
Su campaña se apoya en gran medida en un solo eslogan, visible en afiches por todo el país: "O la derecha o Palestina".
Más allá de los comicios, el primer ministro que más tiempo permaneció en el cargo en Israel -casi 19 años en diferentes mandatos- enfrenta una orden de arresto internacional de la CPI por presuntos crímenes de guerra en Gaza.
También está acechado por un juicio por corrupción y debe gestionar el agotamiento por un conflicto en múltiples frentes que se intensificó en los últimos tres años.
No obstante, espera aprovechar las guerras libradas desde el 7 de octubre para encubrir el fallo de seguridad, haciendo alarde de los golpes militares asestados en Gaza contra el movimiento palestino Hamás, en Líbano contra Hezbolá, y también contra Irán, apoyo fundamental de ambos grupos, al que Israel ha atacado en dos ocasiones.
Eisenkot, contra el "terrorismo judío" pero a favor de la "doctrina Dahiya"
Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor (2015-2019), de 66 años, se comprometió a unir a los israelíes tras el mandato divisivo de Netanyahu, quien ha llevado al país a una marcada deriva hacia la derecha.
"Hay un amplio sector en Israel cuyo principal objetivo en las próximas elecciones es simplemente que las cosas estén más tranquilas", dijo Tal Elovits, investigador del centro de estudios Molad.
"La clase media busca a alguien que se vea responsable, aburrido. Creo que Eisenkot tiene ese atractivo", señaló.
Eisenkot, quien está en un empate técnico con Netanyahu en los sondeos, prometió tratar de restaurar la imagen internacional de Israel, gravemente dañada tras tres años de guerra en Gaza y violencia en la Cisjordania ocupada.
Se comprometió también a tomar medidas enérgicas contra los colonos de Cisjordania que han atacado a palestinos con impunidad y recientemente agredieron a un periodista estadounidense y a un alcalde francés, denunciando estos incidentes como "terrorismo judío" instigado por el gobierno de Netanyahu.
Pero este militar no es ningún pacifista. Trató incluso de posicionarse más a la derecha que Netanyahu al prometer que no habrá un Estado palestino y difundió imágenes pasadas del jefe de gobierno -quien ha estado casi 19 años en el poder- expresando a regañadientes estar abierto a la idea bajo la presión de Estados Unidos.
Al mando de las fuerzas armadas durante la guerra de 2006 en Líbano, Eisenkot ideó la llamada "doctrina Dahiya", llamada así por un suburbio de Beirut, en la que Israel prometió emplear fuerza masiva contra la infraestructura civil en zonas pobladas por los militantes del movimiento proiraní Hezbolá.
Israel ha vuelto a adoptar esta doctrina en Gaza, causando una destrucción que, según los críticos, equivale a crímenes de guerra, algo que el gobierno niega.
Orígenes contrapuestos
Eisenkot se ha ganado una amplia simpatía del público después de que su hijo Gal y dos sobrinos murieran en combate en Gaza.
Sus raíces obreras constituyen otro elemento de su atractivo. Sería el primer jefe de gobierno sefardí, es decir, de judíos cuyos orígenes recientes se remontan a Oriente Medio y el norte de África.
A diferencia de Netanyahu, quien proviene de una familia de la élite y cuyo padre fue un destacado profesor en Estados Unidos, Eisenkot es hijo de judíos marroquíes y creció en la periferia geográfica de Israel.
Sus orígenes salieron a la luz cuando un comentarista del Canal 14, una cadena afín a Netanyahu, lo describió como "un mono" controlado por "elitistas ashkenazíes", en referencia a los judíos de ascendencia europea que históricamente dominaron las instituciones políticas y económicas de Israel.
Aunque el término no es necesariamente un insulto racial en hebreo y puede significar un "chivo expiatorio" que asume la culpa en nombre de otros, la declaración provocó una condena generalizada de los políticos de la oposición y del propio dirigente israelí.
Eisenkot se apresuró a aprovechar el episodio en su beneficio.
Su equipo instaló vallas publicitarias que denunciaban la discriminación contra los sefardíes, y su partido acusó a Netanyahu de marginar a los miembros sefardíes de su formación, el Likud, al limitar sus apariciones en los medios durante la campaña.
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