Por Géraud Bosman-Delzons, redacción medioambiental de RFI

“Las posibilidades” de mantener el calentamiento promedio en +1,5° C —el objetivo más ambicioso del Acuerdo de París para preservar un clima sostenible— se han “esfumado” por completo, según el Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente. Al menos “temporalmente”, espera la organización, que considera que el mundo aún puede cumplir con este objetivo climático.

Ya casi no era tema de debate ni un misterio. En los últimos dos años, e incluso antes para algunos, los climatólogos y hasta el secretario general de las Naciones Unidas no han dejado de preparar a la opinión pública para un “rebasamiento” climático. El “overshoot” ya había sido destacado por el mismo PNUMA en un informe publicado el pasado 2 de septiembre —aunque se seguía utilizando un condicional meramente formal—. A dos semanas de la Conferencia de la ONU sobre el Clima (COP31), el PNUMA lo convierte en el titular principal de su informe anual de Brecha de Emisiones, publicado este 21 de octubre.

“Tras décadas de medidas de mitigación insuficientes, un rebasamiento más significativo del límite de 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales (…) es ahora inminente e inevitable”, afirma la agencia de la ONU para el medioambiente en este informe de referencia. El documento mide “la brecha de emisiones”, es decir, la diferencia entre las emisiones mundiales de 2025 y las que se necesitarían para mantener el rumbo hacia un calentamiento máximo de +1,5 °C con respecto a la era preindustrial, período (siglos XVIII y XIX) en el que el desarrollo económico de Occidente comenzó a calentar el planeta.

El calentamiento promedio mundial es hoy de aproximadamente 1,4 °C. Los últimos nueve años de la década son los más calurosos de la historia. El año 2024, el más caluroso registrado, alcanzó por primera vez los +1,6 °C.

En 2025, se emitieron aproximadamente 58,4 gigatoneladas de equivalente de CO₂ (GtCO₂e) a la atmósfera. Una cantidad estable en comparación con 2024. Sin embargo, el PNUMA considera que es “demasiado pronto para concluir que las emisiones mundiales han alcanzado una meseta o un pico”, ya que las emisiones de CO₂ derivadas de la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas), de óxido nitroso y de gases fluorados siguen aumentando. Estos aumentos se han visto compensados por una disminución de las emisiones de CO₂ procedentes de la quema de biomasa: los incendios forestales de 2025 generaron menos emisiones en comparación con el año anterior, que fue excepcional.

Muerte de corales y sequías

Superar el umbral climático de 1,5 °C no significa dar un salto al vacío. La acumulación de estas pequeñas fracciones de grados centígrados genera enormes consecuencias en nuestro mundo: retroceso del hielo marino, derretimiento del permafrost (sumidero de carbono en Siberia y cimiento de las montañas en los macizos alpinos y del Himalaya), muerte de los corales (refugio de biodiversidad, vitales para las poblaciones costeras), sequías agrícolas, incendios y, en última instancia, consecuencias económicas (inflación alimentaria y energética) y de salud. Y como todo está interconectado, existe un gran riesgo de que la situación se descontrole a medida que se superan los límites físicos del planeta. “Cada cinco años, las emisiones al nivel actual añaden 200 GtCO₂e a la atmósfera y elevan la temperatura en aproximadamente 0,1 °C”, señala el PNUMA.

“El desafío ahora consiste no solo en garantizar que el calentamiento global se mantenga muy por debajo de los 2 °C, sino también en reducir al mínimo la duración y la magnitud del rebasamiento”, con miras a un “retorno creíble a 1,5 °C para finales de siglo”. Es “la única opción que queda”, subraya el informe titulado este año «El punto de no retorno». Sin embargo, no se trata de un retorno exactamente igual, ya que algunos puntos de inflexión son irreversibles, como el derretimiento de los glaciares.

“Superar el límite no significa rendirse”, declaró Antonio Guterres en un mensaje de video difundido a los medios de comunicación. “Aún podemos asegurarnos de que [ese exceso] sea lo más limitado y breve posible”, aseguró el secretario general de la ONU, quien dejará su cargo a finales de año, tras diez años de insistencia sobre la gravedad de la crisis climática.

Según el escenario de sobrepaso más optimista, el calentamiento global alcanzaría un pico de 1,7 o 1,8 °C antes de volver a descender después de 2050. Para seguir este escenario, es necesario reducir las emisiones en un 18 % para 2030, en un 45 % para 2035 y en un 69 % antes de 2040, “lo que equivale a casi un 6 % al año”. Así, para el PNUMA, este escenario permite “mantener la alineación con el objetivo a largo plazo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento muy por debajo de los 2 °C, al tiempo que se continúan los esfuerzos para alcanzar los 1,5 °C”.

“Esta reducción del 18 % en las emisiones de gases de efecto invernadero tiene mucho sentido. Si actuamos con prontitud, con voluntad política y valentía, es totalmente posible”, comentó Inger Andersen durante la conferencia de prensa.

Cerrar las centrales de carbón de aquí a 2040

Sin embargo, las cifras del informe nos devuelven a una cruda realidad. Si las políticas climáticas presentadas por los Estados ante la ONU (unas hojas de ruta denominadas “contribuciones determinadas a nivel nacional”) se implementaran adecuadamente, solo permitirían una reducción del 5 al 8 % para 2030 y del 11 al 15 % para 2035. Si bien son más numerosas y de mayor “calidad” que las del año pasado, estas hojas de ruta representarían una reducción máxima de 4 GtCO₂e en 2035 en comparación con los niveles previstos para 2030, “muy lejos de lo que se necesitaría”, señala la ONU.

El calentamiento alcanzaría entonces los 2,6 °C a finales de siglo. Y los 2,8 °C si no cambiaran las políticas ambientales actuales. “Sin medidas urgentes, muy pronto será imposible limitar el calentamiento máximo a menos de 1,7 a 1,8 °C”.

Según el informe, para mantener el escenario de volver a 1,5 °C, sería necesario reducir la proporción del carbón en un 55 %, la del petróleo en un 15 % y la del gas en un 5 % en el suministro energético mundial total de aquí a 2035. Solo en lo que respecta al suministro de electricidad, todas las centrales a carbón deberían cerrarse para 2040, mientras que países como China o India siguen construyendo nuevas. También se trata de reducir casi a la mitad las emisiones de metano en el mismo plazo, un objetivo técnicamente alcanzable si los Estados simplemente tuvieran la voluntad de reparar sus fugas, que ahora pueden rastrearse por satélite.

La incierta eliminación del CO2 del aire

Por último, este escenario implicaría, además de este esfuerzo por reducir las emisiones, “la captura y el almacenamiento de aproximadamente 320 gigatoneladas de CO₂ a lo largo del siglo”, el equivalente a ocho años de emisiones. Pero “los desafíos tecnológicos y socioeconómicos hacen que las posibilidades de lograrlo sean inciertas”, matiza el informe del PNUMA.

“Las temperaturas solo bajarán si se elimina el CO₂ de la atmósfera”, precisó Keywan Riahi, autor de este informe y director del departamento de Energía del Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), un centro de vanguardia en la modelación de escenarios que implican el uso de tecnologías de captura y almacenamiento de carbono. “Existen diferentes formas de eliminar este CO₂. Hay procesos naturales, como por ejemplo la reforestación, la gestión de humedales, etc. Pero también se han propuesto soluciones técnicas, como el uso de la bioenergía y la captura de CO₂ de los gases de combustión durante la producción de energía, o incluso la captura directa del aire”.

A gran escala, estas tecnologías, sin embargo, no han sido validadas por la ciencia.

“Todas estas tecnologías conllevan riesgos”, admite el especialista. “Por lo tanto, hay que tratar de limitar al máximo el exceso de emisiones, para no tener que depender de estas tecnologías para eliminar el CO₂ de la atmósfera”. Y agrega: “Aunque las soluciones basadas en la naturaleza son, por supuesto, preferibles, también conllevan el riesgo de no concretarse”. El sumidero planetario de CO2se está debilitando debido al propio cambio climático. Por lo tanto, no es seguro que podamos contar con la superficie forestal necesaria para absorber el CO₂ de la atmósfera, y las tecnologías podrían —o no— alcanzar la escala que necesitamos. Por eso es importante prepararnos desde ahora para poder extraer el CO₂ de la atmósfera a gran escala dentro de diez a veinte años”.

El PNUMA ya se había mostrado extremadamente escéptico sobre la pertinencia de la geoingeniería en su informe del mes pasado, titulado ‘Limitar el rebasamiento’. “Una extracción a tal escala es costosa y riesgosa”, volvió a recordar Anne Olhoff, directora científica del informe de hoy.

RFI

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