La elección de Luis Abinader como presidente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) volverá a concentrar en una misma persona la conducción del Poder Ejecutivo y la máxima autoridad formal de la organización gobernante.
Abinader fue elegido por aclamación para dirigir el PRM durante el período 2026-2030, en sustitución de José Ignacio Paliza, quien ocupaba el cargo desde 2018. Su juramentación está programada para el próximo 5 de septiembre.
La decisión tiene una importancia que trasciende la estructura interna del partido. Abinader concluirá su segundo período constitucional en agosto de 2028 y no podrá presentarse nuevamente, pero dirigirá la organización durante el proceso de selección de la persona que buscará sucederlo en el Palacio Nacional.
De esta manera, será simultáneamente presidente de la República y presidente del PRM durante aproximadamente dos años. Después de abandonar el Gobierno, permanecería al frente del partido hasta 2030, según el período para el cual fue elegido.
La coincidencia no es nueva en la política dominicana. Juan Bosch, Joaquín Balaguer y Leonel Fernández también dirigieron formalmente o encabezaron sus partidos mientras ejercían la Presidencia de la República, aunque cada caso ocurrió en circunstancias políticas e institucionales diferentes.
Juan Bosch presidió el PRD durante su Gobierno de 1963
Juan Bosch llegó al poder como presidente y principal dirigente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), organización fundada en el exilio en 1939 para enfrentar la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
Bosch ganó las elecciones del 20 de diciembre de 1962 y asumió la Presidencia de la República el 27 de febrero de 1963, manteniendo simultáneamente la presidencia y el liderazgo político del PRD.
La coincidencia terminó abruptamente el 25 de septiembre de 1963, cuando su Gobierno fue derrocado mediante un golpe de Estado, apenas siete meses después de su juramentación.
Años más tarde, Bosch abandonó el PRD debido a diferencias internas y fundó el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en 1973. Aunque continuó presidiendo esa organización durante décadas, nunca volvió a ocupar la Presidencia del país.
Balaguer gobernó con un partido construido alrededor de su figura
Joaquín Balaguer constituye uno de los casos más prolongados de concentración del liderazgo gubernamental y partidario en la historia dominicana.
Balaguer encabezó la creación del Partido Reformista durante la década de 1960 y ejerció su presidencia y liderazgo indiscutido mientras gobernó el país entre 1966 y 1978 y nuevamente entre 1986 y 1996.
En 1984, el Partido Reformista se fusionó con el Partido Revolucionario Social Cristiano para convertirse en el actual Partido Reformista Social Cristiano (PRSC). Pese al cambio de nombre y estructura, Balaguer continuó siendo su máxima figura.
El funcionamiento de la organización estuvo profundamente vinculado con su liderazgo personal. Las candidaturas, las alianzas y las principales decisiones políticas dependían en gran medida de su autoridad, incluso después de que dejó definitivamente el poder en 1996.
Su caso, sin embargo, ocurrió durante administraciones marcadas por el presidencialismo, el caudillismo y, especialmente durante los llamados Doce Años, por denuncias de persecución política y cuestionamientos electorales.
Leonel Fernández encabezó el PLD durante ocho años de Gobierno
El antecedente más reciente antes de Abinader es el de Leonel Fernández, quien fue elegido presidente del PLD en enero de 2002.
Cuando Fernández regresó al Palacio Nacional en agosto de 2004, ya ocupaba la máxima posición de la organización. Mantuvo ambos cargos durante sus administraciones de 2004-2008 y 2008-2012.
La situación fue diferente durante su primer Gobierno, entre 1996 y 2000, debido a que en ese período Juan Bosch todavía era el presidente del PLD.
Fernández continuó encabezando el partido después de dejar el Gobierno en 2012 y permaneció en la posición hasta octubre de 2019, cuando renunció en medio de la crisis interna provocada por las primarias presidenciales. Posteriormente pasó a dirigir la Fuerza del Pueblo.
Durante los gobiernos de Fernández, la presidencia del partido le permitió mantener influencia sobre las candidaturas, la composición de los organismos internos y la relación entre el PLD, el Congreso Nacional y el Poder Ejecutivo.
Trujillo y el antecedente de un partido al servicio de la dictadura
Si la comparación se amplía a quienes ejercieron la máxima jefatura de una organización política desde el poder, el antecedente más antiguo del siglo XX corresponde a Rafael Leónidas Trujillo.
El dictador fue el jefe supremo del Partido Dominicano, creado en 1931 y utilizado como estructura política del régimen que controló el país hasta 1961.
No se trataba de un partido democrático con competencia interna, sino de un instrumento de control político y social. Por esa razón, su caso no puede equipararse con el funcionamiento de las organizaciones partidarias dentro del sistema electoral actual.
Trujillo ocupó formalmente la Presidencia entre 1930 y 1938 y nuevamente entre 1942 y 1952, aunque conservó el poder efectivo durante toda la dictadura, incluso cuando colocó a otros dirigentes en el cargo.
Hipólito Mejía y Danilo Medina no presidieron sus partidos desde el Gobierno
No todos los mandatarios dominicanos han ocupado simultáneamente la presidencia de sus organizaciones.
Durante el Gobierno de Hipólito Mejía, entre 2000 y 2004, la presidencia del PRD estuvo en manos de Hatuey de Camps durante una parte importante del período. Ambos terminaron enfrentados por la intención de Mejía de buscar la reelección presidencial.
Tampoco Danilo Medina presidió el PLD durante sus administraciones de 2012 a 2020. En esos años, la organización estuvo encabezada por Leonel Fernández hasta su renuncia en 2019.
Medina fue elegido presidente del PLD en marzo de 2021, varios meses después de abandonar el Palacio Nacional.
Otros presidentes que también han dirigido sus partidos en el mundo
La conducción simultánea del Gobierno y el partido oficialista no es exclusiva de República Dominicana. Se presenta tanto en sistemas presidenciales como parlamentarios, aunque sus implicaciones dependen de las leyes, las instituciones y el nivel de democracia interna de cada nación.
Cyril Ramaphosa, en Sudáfrica, preside el Congreso Nacional Africano (ANC) desde diciembre de 2017 y ocupa la Presidencia del país desde febrero de 2018. Fue reelegido al frente de la organización en 2022.
En Turquía, Recep Tayyip Erdoğan retomó en 2017 la presidencia del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), después de una reforma constitucional que permitió al jefe del Estado conservar su militancia y dirección partidaria.
Nicolás Maduro ejerció simultáneamente la Presidencia de Venezuela, desde 2013, y la del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), desde 2014, hasta que fue capturado por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026.
En China, Xi Jinping es secretario general del Partido Comunista Chino desde 2012 y presidente del país desde 2013. En ese sistema, la secretaría general del partido constituye la posición política de mayor poder y se encuentra por encima de la propia jefatura estatal.
En los regímenes parlamentarios, la coincidencia suele ser parte del funcionamiento habitual del sistema. Giorgia Meloni, por ejemplo, es presidenta de Hermanos de Italia y jefa del Gobierno italiano desde 2022.
También ocurrió con Nelson Mandela, quien encabezó el ANC entre 1991 y 1997 y fue presidente de Sudáfrica entre 1994 y 1999. Durante tres años ocupó simultáneamente ambas posiciones.
Una práctica legal, pero sometida a límites
La Constitución dominicana no prohíbe que el presidente de la República encabece al mismo tiempo una organización política. La separación necesaria se encuentra en el ejercicio de las funciones y en el manejo de los recursos públicos.
La Ley 33-18, de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos, prohíbe utilizar bienes, fondos, funcionarios y medios pertenecientes al Estado para beneficiar a una organización o candidatura.
En el caso de Abinader, la principal atención estará colocada en la forma en que administrará las diferencias internas del PRM, especialmente durante la competencia por la candidatura presidencial de 2028.
Su nueva posición puede facilitar la coordinación entre el Gobierno, el Congreso y las estructuras partidarias, pero también exigirá una separación clara entre las actividades del presidente de la República y las decisiones del presidente del PRM.
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