La historia de la Unión Cívica Nacional constituye un valioso punto de partida para analizar las transformaciones históricas ocurridas entre el período posterior a la dictadura de Trujillo (1961-1966) y el régimen autoritario de los doce años de Joaquín Balaguer (1966-1978).
La UCN fue la organización partidaria que representó los intereses de la oligarquía cívica, aquella fracción burguesa que jugó un papel subordinado durante la existencia del modelo trujillista, encabezó la lucha contra los remanentes del trujillismo y controló los resortes del poder luego de la salida del gobierno de Joaquín Balaguer, hasta la guerra de abril de 1965.
Sin embargo, en el período abierto con las elecciones de 1966, la UCN dejó de ser una organización política dominante hasta su desaparición.
Adentrarnos, de manera general, en este recorrido histórico nos sitúa en un momento específico de la coyuntura política dominicana y en su transición hacia otro estadio, con características diferentes.
La UCN estuvo al frente, junto a otras organizaciones, como el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, de las acciones políticas de repudio a la presencia de los trujillistas en el poder, bajo las nuevas condiciones.
A partir de la salida de Joaquín Balaguer del gobierno y del país, fruto de las luchas de amplios sectores sociales, se constituyó el segundo Consejo de Estado en 1962, bajo la hegemonía política de la UCN.
El 27 de febrero de 1962 pasó de organización cívica a partido político para participar en las elecciones de ese mismo año.
Pese a contar con el apoyo de una fracción del bloque de poder económico y a su activismo alrededor del tema de la destrujillización, la UCN sufrió una apabullante derrota en el proceso electoral del 20 de diciembre de 1962, logrando un 30 % de las votaciones frente al 58.7 % del PRD.
Frente a esta nueva coyuntura política, la UCN practicó una oposición hostil hacia el nuevo gobierno y apoyó el golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963.
De hecho, el gobierno golpista, el llamado Triunvirato, respondía a los intereses políticos y corporativos de los sectores burgueses en los que se apoyaba la UCN.
En este breve, pero importante período, es posible identificar dos desaciertos fundamentales que marcaron el futuro de dicha organización.
Primero, la UCN y los sectores burgueses que le servían de sustento sufrieron una sensible derrota política, porque leyeron equivocadamente las coordenadas del momento político y lo que la mayoría de la sociedad realmente deseaba.
Segundo, el otro error fue propiciar y apoyar el derrocamiento del primer gobierno democrático de la postdictadura, con lo cual se desconectaron de las demandas democráticas del pueblo dominicano, convirtiéndose así en uno de los apoyos políticos de un régimen ilegítimo, como lo fue el Triunvirato.
Ambos aspectos incidieron en el declive histórico de esta organización, pero no determinaron, de manera inevitable, su paulatina reducción y posterior desaparición.
A partir del ajusticiamiento del dictador Trujillo, se generó una "crisis de hegemonía", algunos de cuyos componentes fundamentales fueron los siguientes:
En primer lugar, la división de las clases dominantes en dos sectores: trujillistas y antitrujillistas o cívicos. Ambos sectores luchaban por el control del Estado y el usufructo del emporio económico trujillista.
En segundo lugar, se produjo la emergencia, como actores clave, de los sectores populares, sobre todo urbanos, a través de la formación de organizaciones sociales de los más diversos tipos, las cuales encabezaron procesos de lucha por demandas concretas de cada sector.
En tercer lugar, se fue estructurando un sistema político alrededor de la formación de los partidos políticos modernos y de nuevos liderazgos.
Como lo plantea Wilfredo Lozano, a partir de la llegada al poder de Joaquín Balaguer, "se inaugura en la República Dominicana un nuevo esquema de dominación social, económica y política".
Este nuevo modelo tuvo como objetivos estratégicos el cierre de la brecha que existía entre los sectores de poder (trujillistas y cívicos), integrando a otros sectores a un nuevo esquema que buscaba la modernización de la burguesía y la contención de la lucha social y política para evitar una nueva crisis como la de abril de 1965.
¿Por qué Balaguer expresaba mejor el nuevo modelo de dominación?
Balaguer representaba políticamente la posibilidad de articular un esquema de dominación estable que cumpliera con las siguientes condiciones: 1) tuviera el apoyo del poder imperial norteamericano; 2) unificara el bloque de poder para superar la división entre trujillistas y antitrujillistas; 3) permitiera la integración de la burocracia civil y militar trujillista para el manejo eficiente y unificado del Estado, y 4) integrara al campesinado en este modelo, creando una base social de masas que le sirviera de soporte, debido a su ascendiente sobre este sector, que lo veía como el heredero del trujillismo.
A este nuevo esquema de poder, Lozano llama "bonapartismo dependiente", en el entendido de que descansaba en un "equilibrio tenso" entre los diversos intereses contrapuestos de las clases dominantes, los de la propia burocracia estatal, el campesinado y el propio liderazgo de Balaguer, que aparecía como árbitro en ese escenario.
La UCN, que representaba a un sector específico de las élites económicas, no servía para suturar la división que existía entre estas, ni podía integrar, en un mismo modelo de dominación, a la burocracia cívico-militar y al campesinado, sectores que poseían una fuerte herencia trujillista.
En las nuevas condiciones, y siempre bajo el control de los Estados Unidos y de sus intereses, Balaguer fue la figura idónea para representar y encabezar un modelo que buscaba superar la crisis de hegemonía y evitar una agudización de las luchas de clases que condujera a un nuevo estallido, semejante al del 24 de abril de 1965.
En la medida en que este modelo se fue articulando, la UCN fue perdiendo apoyo social y político y dejó de jugar un papel político determinante.
Su declive y posterior desaparición eran cuestión de tiempo.
Y así fue.
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