Desde el punto de vista cultural, los seres humanos, a lo largo del tiempo se han distinguido unos de otros. Las creencias religiosas, las ideologías políticas y diversas tradiciones han acentuado esas diferencias, a lo que se añade el sexo, el origen, la nacionalidad, apariencia física, el temperamento, la inteligencia, la formación educativa, y la condición económica y social. En numerosas ocasiones, esas diferencias se utilizaron como argumentos para justificar la discriminación, la dominación e incluso el exterminio de millones de personas a quienes consideraban inferiores.
Así ocurrió bajo regímenes totalitarios como la Alemania de Hitler, la Unión Soviética de Stalin, la China de Mao, la Cuba de Fidel o la República Dominicana de Trujillo. Cada uno, con argumentos ideológicos, pero sin evidencias científicas, construyeron mitos y narrativas que legitimaron la persecución de personas y graves violaciones de los derechos humanos.
Las diferencias individuales existen, y en el ámbito deportivo, la evidencia científica sí muestra que ciertos rasgos biológicos pueden ofrecer ventajas para determinadas disciplinas. En el atletismo, se han identificado variantes genéticas relacionadas con la potencia muscular y la velocidad, además de características como piernas largas, bajo porcentaje de grasa corporal, predominio de fibras musculares de contracción rápida, gran masa muscular y elevada eficiencia cardiovascular. Las condiciones físicas de nuestra campeona olímpica Marileidy Paulino ilustran muchas de estas características. Los investigadores coinciden en que su extraordinario éxito también es fruto del entrenamiento sistemático desde niña, la disciplina, el acompañamiento técnico, el apoyo institucional y el contexto cultural.
Algo semejante ocurre con las Reinas del Caribe. La mayoría de sus integrantes son altas, fuertes y muy musculosas, atributos favorables para el voleibol de alto nivel. Sin embargo, Brenda Castillo, considerada por muchos especialistas como la mejor líbero del mundo, demuestra que su inteligencia, la velocidad de reacción y sus técnicas compensan ampliamente la menor estatura y debilidad física.
En la natación también se observan características corporales que aumentan las probabilidades de éxito: brazos largos en relación a la estatura, hombros anchos, manos y pies grandes, gran capacidad pulmonar y elevada flexibilidad de hombros y tobillos. No obstante, en los Juegos Centroamericanos y del Caribe vimos destacados nadadores mexicanos y centroamericanos mulatos y pequeños, no europeos ni anglosajones, que obtuvieron importantes triunfos.
La ciencia es clara: ciertos rasgos anatómicos pueden aumentar la probabilidad de alcanzar un alto rendimiento deportivo, pero no garantizan el éxito. Este depende, además, de la calidad de los entrenadores, la gerencia, la nutrición, la preparación psicológica, la disciplina, el apoyo familiar, la fortaleza mental y el respaldo institucional.
Según la psicología del deporte, la genética proporciona un potencial inicial, pero solo el esfuerzo sostenido, la práctica deliberada y un entorno favorable permiten transformar ese potencial en excelencia. A ello se suman los hallazgos de Daniel Kahneman, el premio nobel, quien mostró que exageramos al atribuir el éxito exclusivamente al talento, a la voluntad, y subestimamos el papel del contexto y de la suerte. Comprender esa interacción entre biología, ambiente y correctas decisiones humanas permite valorar el mérito deportivo sin caer en prejuicios ni simplificaciones. Mis calurosas felicitaciones a los países y atletas participantes en los recién celebrados Juegos Centroamericanos y del Caribe. Gracias por habernos traído tanta alegría.
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