AMIGO LECTOR:

La economía mundial está entrando en una nueva etapa en la que la seguridad nacional y los objetivos geopolíticos adquieren un peso mucho mayor en las agendas de política gubernamental. Inclusive aunque dejemos a un lado el declive del multilateralismo y el auge del proteccionismo comercial en las economías avanzadas, la industrialización orientada a la exportación ha perdido su atractivo como mecanismo fiable para el crecimiento económico y la creación de empleo. El cambio climático sigue siendo una amenaza constante, mientras que la revolución de las energías renovables ofrece tanto esperanza como nuevas posibilidades para un cambio estructural.

De ahí que, adaptarse a estas perturbaciones exige un replanteamiento sustancial de las estrategias de crecimiento, tanto en los países de renta baja como en los de renta media, como lo es el caso de nuestro país.

El enfoque debe desplazarse desde las industrias orientadas a la exportación hacia la gran mayoría de la población, en nuestros  países, que trabaja en sectores de servicios tradicionales no sujetos al comercio internacional.

Es prioritario e impostergable  mejorar la situación de los vendedores ambulantes, los trabajadores de la «economía de plataformas» (informales), los microempresarios y otros colectivos ajenos a los mercados globales. Esto contribuiría más al desarrollo de las economías nacionales que, por ejemplo, el ensamblaje de teléfonos inteligentes.

NOTA 1.: Sería sensato que los responsables de las políticas públicas realizaran esta adaptación cuanto antes.

NOTA 2.: El objetivo del desarrollo económico sigue siendo el mismo: una mayor productividad de los trabajadores y la posibilidad de obtener unos ingresos dignos.

En el pasado, las estrategias de crecimiento exitosas ponían el énfasis tanto en los fundamentos básicos como en el cambio estructural . Estos fundamentos incluían la gobernanza, las instituciones, la integración de los mercados y el capital humano. El cambio estructural se lograba mediante la industrialización, a través de la transformación de los agricultores rurales de subsistencia en trabajadores industriales urbanos. Cuanto más rápida era la industrialización, más rápido era el crecimiento económico resultante. De ahí que, cuanto mayor era la inversión en los fundamentos, más probable era alcanzar un crecimiento sostenible.

Aquel modelo ha llegado a su límite y, para muchas economías en desarrollo, podría estar prácticamente agotado. Consideremos los futuros patrones de empleo en el mundo en desarrollo. A partir de las tendencias actuales en materia de demografía, educación, comercio e industrialización, es posible realizar proyecciones aproximadas sobre la composición ocupacional.

NOTA 3.: Cabe señalar que la mayoría de los trabajadores no contará con estudios universitarios. En segundo lugar, más de tres cuartas partes se desempeñarán en ocupaciones que no están expuestas directamente a la economía internacional, ya sea a través del comercio o de la posibilidad de deslocalización (offshore).

NOTA 4.: Lo más importante es que cerca de dos tercios de la fuerza laboral en el mundo en desarrollo ocuparán puestos que no requieren formación universitaria y que no son objeto de comercio internacional. Se trata, en gran medida, de empleos de muy baja productividad y predominantemente informales, como la venta ambulante, el trabajo doméstico, los servicios de restauración o la agricultura de subsistencia.

La conclusión inevitable es que los modelos tradicionales de transformación productiva, es decir, la inversión en educación convencional y la industrialización orientada a la exportación, ya no son capaces de generar un gran número de empleos de calidad. Por tanto, estas estrategias apenas contribuirán a crear oportunidades de ingresos para la mayoría de los trabajadores en las economías en desarrollo.

En cambio, el desafío central del desarrollo económico actual reside en cómo aumentar la productividad en actividades no comercializables, principalmente en el sector servicios, que no exigen una formación universitaria convencional. Esta cuestión debería articular cualquier debate sobre el futuro de las estrategias de desarrollo.

A principios de este año, varios centros académicos, entre ellos la Universidad de Harvard,        pusieron  en marcha la Iniciativa para la Transformación Económica Global de la Harvard Kennedy School.

La motivación principal fue ayudar a los responsables de políticas públicas a encontrar respuestas a este desafío del desarrollo económico. Los debates revelaron que muchos líderes de economías en desarrollo siguen apostando firmemente por la industrialización como motor de diversificación económica, transición ecológica, exportaciones y crecimiento. Al fin y al cabo, en la mayoría de los países, el sector servicios se asocia, en gran medida, a actividades de baja cualificación, escasa productividad y carácter precario o de subsistencia.

SIN EMBARGO, El sector manufacturero sigue siendo importante por diversas razones:

1-Efectos de aprendizaje y productividad,

2-Atracción de inversiones, seguridad nacional

Empero, éstas ya no actúan como el motor de empleo que fueron  en el pasado. En la mayoría de los países y sectores, la producción se ha vuelto mucho más intensiva en capital.

NOTA 5.: El crecimiento de la productividad en enclaves industriales carece de relevancia para el desarrollo económico si no va acompañado de la creación de empleo para el resto de la población.

Centrarse en sectores como los semiconductores, el ensamblaje de teléfonos inteligentes o los vehículos eléctricos no generará, por sí solo, un crecimiento significativo.

El enfoque debe dirigirse a impulsar la productividad en aquellas actividades donde se concentra y seguirá concentrándose, la mayor parte del empleo. Necesitamos una versión actualizada de las políticas industriales que, en su momento, favorecieron eficazmente la industrialización; pero, esta vez, orientada principalmente a los servicios no comercializables.

Esta estrategia PODRIA sustentarse  en dos pilares:

a)-El primero se centra en la oferta de mano de obra, mediante la formación profesional y el desarrollo del capital humano.

b)-El segundo se enfoca en la demanda de mano de obra, buscando mejorar la productividad de las empresas locales. Ambos aspectos deben coordinarse para lograr el máximo impacto en el empleo productivo.

De ahí que, Nuestras proyecciones indican que, para la mayoría de los trabajadores en las economías en desarrollo y en un futuro previsible, la transición al mercado laboral consistirá en el paso directo de la educación secundaria al mundo del trabajo.

NOTA 6.: Una transición exitosa exige replantear nuestro enfoque sobre el desarrollo de la fuerza laboral. En muchos países, la educación secundaria actual contribuye poco a aumentar la capacidad de generar ingresos de los individuos. Los programas educativos no están orientados a las competencias profesionales que demandan los empleadores, ni tampoco proporcionan las habilidades interpersonales; necesarias para acceder a buenos empleos y progresar profesionalmente.

Sin embargo, abundan las oportunidades para el cambio. Muchas economías en desarrollo han hecho obligatoria, o están considerando hacerlo,  la educación secundaria superior.

Esto abre una puerta a la formación profesional y técnica dentro de los sistemas educativos, permitiendo reemplazar los modelos fallidos del pasado. Existen pruebas sólidas de que dicha formación puede ser eficaz en una gran variedad de contextos.

La digitalización, actualmente en curso, de los datos sobre educación y empleo, Incluso en países de bajos ingresos, permite diseñar, probar e implementar programas que respondan a las necesidades específicas de los mercados laborales regionales, de una manera que antes resultaba inimaginable.

Nota 7.: En los países de ingresos altos y en algunos de ingresos medios, los programas de formación profesional y técnica (situados por debajo del nivel universitario), capacitan a los trabajadores para acceder a empleos de calidad en sectores como la atención sanitaria, la construcción, los servicios personales, y el soporte e infraestructura de tecnologías de la información (TI).

Con las adaptaciones adecuadas, estos enfoques pueden aplicarse fácilmente en todo el mundo en desarrollo.

Ahora bien, desde la perspectiva de la demanda, se requieren políticas industriales mejor adaptadas a las pequeñas empresas, que predominan en el sector servicios.

Una estrategia consiste en incentivar a las grandes empresas para que inviertan en las capacidades de sus proveedores o de otras pequeñas empresas. Por ejemplo, las empresas que operan mediante plataformas digitales pueden ofrecer asistencia técnica y de marketing a los negocios minoristas, a las empresas de servicios de alimentación y a los trabajadores independientes que utilizan sus sistemas.

Los gobiernos pueden alentar a estas compañías a ir aún más lejos, colaborando con exportadores consolidados, empresas mineras y grandes cadenas minoristas para ampliar y mejorar, en términos de productividad, sus redes de proveedores locales.

Muchas grandes empresas cuentan con programas de formación propios que podrían adaptarse para beneficiar a un espectro más amplio de negocios.

Otra estrategia consistiría en proporcionar a las micro y pequeñas empresas recursos públicos destinados directamente a mejorar su productividad.

NOTA 8.: Muchos gobiernos ya ofrecen servicios de este tipo, que van desde préstamos hasta formación en gestión empresarial. No obstante, estos programas rara vez se centran específicamente en la productividad ni tienen en cuenta las limitaciones a las que se enfrentan las pequeñas empresas.

Sin embargo, la  evidencia derivada de diversas intervenciones en economías en desarrollo sugiere que, una formación en gestión bien orientada, junto con apoyo en marketing y el acceso a tecnología, puede impulsar la productividad y el empleo en las pequeñas empresas, incluidas las del sector informal.

Tal y como se ha hecho palpable, se desprenden varias lecciones claves:

a)-En primer lugar, los empleos productivos son la piedra angular del desarrollo económico; por tanto, cuanto mayor sea su número, mejor. La tecnología, la innovación, las exportaciones e incluso el propio crecimiento resultan insuficientes si solo benefician a un segmento reducido de la fuerza laboral.

b)-En segundo lugar, el éxito en el ámbito del desarrollo dependerá, en gran medida, de la suerte de los servicios no transables. Estas actividades están dominadas por empresas de menor tamaño, pero generan la mayor parte de los empleos. Sin un aumento sustancial de su productividad, el desarrollo se estancará.

NOTA 9.: El éxito dependerá  de una cultura de aprendizaje y experimentación. Los gobiernos no pueden determinar de antemano qué sectores o iniciativas triunfarán; no saben de antemano qué funcionará. Esta incertidumbre debe tenerse en cuenta al diseñar los programas gubernamentales.

En resumen, en nuestros países la manufactura y la industrialización han sido, durante mucho tiempo, la estrategia de desarrollo. Sin embargo, aunque este enfoque ha impulsado el crecimiento y ha sacado a millones de personas de la pobreza, la mayor parte del empleo sigue concentrada en el sector de servicios no comercializables. De ahí que,  de aumentar la productividad de los empleos en los servicios tradicionales y de carácter doméstico —como la restauración, la hostelería y el trabajo en la economía de plataformas— conducirá a un modelo de crecimiento más inclusivo.

Virgilio Malagón Alvarez

Economista

PhD en Economía con especialidad en Hidrocarburos de la Universidad de Thornewood, Holanda. Ha sido docente, conferencista y planificador. Tiene amplia experiencia en la Administración Publica, incluyendo el Banco Central, donde fue Director Ejecutivo del Fondo FIDE e INFRATUR . Además, desde hace varios años, ha incursionado en el negocio de los hidrocarburantes y Energías Renovables. En la actualidad es Asesor de la Rectoría de la Universidad del Caribe, UNICARIBE.

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