Nos pasamos buena parte de la vida trabajando, persiguiendo metas, cumpliendo compromisos y haciendo planes para el futuro. Nos levantamos temprano, sacrificamos horas de descanso y aplazamos momentos de felicidad convencidos de que algún día tendremos tiempo para disfrutar lo que tanto esfuerzo nos ha costado construir. Pero, en medio de esa carrera cotidiana, vale la pena preguntarnos: ¿de qué sirve conquistar el mundo de nuestras obligaciones si nunca encontramos tiempo para descubrir el mundo que existe más allá de ellas? El trabajo nos ayuda a vivir, pero no debería consumir todas las razones por las que vale la pena vivir.
Desde muy joven he sentido la inquietud de conocer nuevos lugares. Cuando las circunstancias económicas no me permitían viajar al exterior, encontraba en el turismo interno una manera de alimentar esa pasión. Así descubrí rincones maravillosos de mi amada República Dominicana, comprendiendo que la riqueza de un viaje no depende necesariamente de la distancia recorrida ni del dinero invertido. Nuestras playas, montañas, ríos y pueblos me enseñaron que también podemos encontrar maravillas a pocas horas de casa. Porque mientras el trabajo nos mantiene ocupados construyendo nuestro presente, la curiosidad nos invita a explorar todo lo que todavía desconocemos.
Con el paso de los años, la vida me ha brindado la oportunidad de cruzar fronteras y conocer otras culturas. Medellín, con sus montañas, su clima agradable, el arte de la Comuna 13 y la energía de sus calles, me permitió descubrir una ciudad que cuenta historias de transformación y esperanza. Perú me regaló la experiencia de acercarme a la grandeza de Machu Picchu, mientras Brasil, El Salvador y Guatemala me han permitido apreciar otras expresiones culturales, tradiciones y maneras de entender la vida. Cada destino me ha recordado que hay aprendizajes que no aparecen en una oficina ni en una reunión de trabajo: se encuentran caminando por calles desconocidas, conversando con otras personas y contemplando realidades distintas a la nuestra.
Y es que existe una diferencia profunda entre acumular horas de trabajo y acumular experiencias de vida. Podemos pasar años mirando el reloj para llegar a tiempo, cumplir una jornada o terminar una tarea, y olvidarnos de levantar la mirada para contemplar un paisaje. Podemos conocer de memoria el camino de la casa al trabajo y, sin embargo, desconocer las maravillas que existen a unas pocas horas de nuestro hogar. Trabajar y producir es necesario; nos da estabilidad, dignidad y oportunidades. Pero también necesitamos espacios para respirar, sorprendernos y disfrutar los frutos de nuestro esfuerzo. No nacimos únicamente para cumplir horarios, sino también para crear recuerdos.
Por supuesto, viajar requiere recursos, planificación y, en ocasiones, sacrificios. No todos podemos hacerlo con la frecuencia que quisiéramos, pero eso no significa que debamos renunciar al sueño. Podemos comenzar por explorar una provincia dominicana, organizar una excursión familiar o ahorrar gradualmente para conocer otro país. Lo importante es no convertir el trabajo en una prisión que nos impida disfrutar aquello que tanto nos esforzamos por conseguir. El verdadero equilibrio consiste en trabajar para hacer posibles nuestros sueños, sin sacrificar indefinidamente el presente en nombre de un futuro que nunca sabemos cuándo llegará.
Con frecuencia decimos que viajaremos cuando tengamos más dinero, cuando terminemos ciertos proyectos o cuando las responsabilidades sean menores. Sin embargo, mientras resolvemos una obligación aparece otra, y los años siguen avanzando sin pedirnos permiso. El tiempo que hoy destinamos exclusivamente a producir no siempre podremos recuperarlo mañana con los mismos ánimos, la misma energía o las mismas oportunidades. Por eso, aprovechar el ocio no es pereza ni falta de ambición: es reconocer que el descanso, la convivencia y el descubrimiento también forman parte de una vida productiva y plena. El éxito no debería medirse solamente por lo que conseguimos, sino también por lo que disfrutamos de manera consciente y responsable.
Mi invitación es a trabajar con pasión, pero también a vivir con intención. A no sentir culpa por tomar unos días para conocer nuestra tierra, ni a esperar una fortuna para comenzar a descubrir el mundo. Que nuestros esfuerzos nos permitan pagar las cuentas, alcanzar metas y construir seguridad, pero que también nos ayuden a llenar el corazón de historias. Porque llegará el día en que cerraremos la agenda, dejaremos atrás las reuniones y ya no importará cuántas horas extraordinarias trabajamos. Entonces tendrán un valor especial los paisajes que contemplamos, las culturas que conocimos y los momentos que compartimos. Trabajemos para vivir dignamente, pero no olvidemos vivir mientras trabajamos; porque el dinero puede recuperarse, algunas oportunidades también, pero el tiempo que dejamos escapar jamás vuelve a nuestras manos.

Jovanny Arquimedes Rodríguez

Contador Público

Contador público con más de *30 años de experiencia* en el ámbito contable, empresarial y social. Destacado por una *fuerte vocación social, he dirigido y participado activamente en organizaciones no gubernamentales dedicadas a trabajar con **jóvenes y adolescentes en situación de vulnerabilidad* en la parte alta del Distrito Nacional. Poseo *experiencia en formación y administración de microempresas, contribuyendo al desarrollo económico y social de comunidades necesitadas. Actualmente, me desempeño como **Gerente-Propietario de la empresa ROCOMA SRL*, un negocio comercial ubicado en Villa Consuelo, Santo Domingo, República Dominicana, donde aplico mis habilidades administrativas y financieras para garantizar el crecimiento y sostenibilidad de la organización. Mis fortalezas incluyen liderazgo, trabajo en equipo, gestión financiera y un compromiso inquebrantable con el desarrollo social y empresarial.

Ver más