Las elecciones de medio término del 3 de noviembre de 2026 son una prueba política para Donald Trump y su estrategia económica y de seguridad con consecuencias para el equilibrio internacional, regional y particularmente para República Dominicana.
Una elección que trasciende las fronteras estadounidenses
Los estadounidenses elegirán los 435 miembros de la Cámara de Representantes, 35 senadores y numerosos cargos estatales. El resultado determinará si Donald Trump conserva el respaldo legislativo durante los dos últimos años de su mandato o si gobernará enfrentando una mayoría opositora.
La votación se produce en un contexto internacional complejo, marcado por la competencia estratégica con China, la guerra con Irán y la incertidumbre energética. Por tanto, la pregunta fundamental es, qué capacidad tendrá Washington para proyectar su poder económico, diplomático y militar durante la segunda mitad del mandato de Trump.
- El desgaste económico y político de Trump
La economía constituye uno de los principales factores de estas elecciones. La inflación, el costo de la vida, los combustibles y el poder adquisitivo preocupan a los votantes., junto a los aranceles, la inmigración y los efectos económicos de la guerra con Irán.
Una encuesta Reuters/Ipsos completada el 26 de octubre situó la aprobación de Trump en 32 %. En la votación genérica para el Congreso, los demócratas aventajaban a los republicanos 47 % frente a 36 %.
El problema estratégico para Trump es que las decisiones internacionales de Washington repercuten en el escenario doméstico en precios y la economía familiar. Pero, las encuestas no determinan el resultado. La distribución geográfica del voto y las particularidades de cada estado pueden producir resultados diferentes.
- El Congreso: el verdadero campo de batalla institucional
El Congreso tiene facultades legislativas, presupuestarias y de supervisión que pueden condicionar la gestión presidencial. Si los republicanos mantienen ambas cámaras, Trump podría impulsar su agenda. Si los demócratas recuperan una o ambas, aumentarán la fiscalización y los obstáculos legislativos.
Una mayoría opositora podría exigir explicaciones sobre las operaciones militares, las deportaciones, los acuerdos internacionales y el empleo de recursos públicos. Pero, ojo, cambiaría el entorno institucional en el que se toman las decisiones, no necesariamente la orientación internacional.
- Las implicaciones para el orden geopolítico mundial
Las elecciones se celebran en un momento de transformación del sistema internacional. China amplía su influencia económica y tecnológica, Rusia mantiene su confrontación con Occidente y Europa busca fortalecer sus capacidades de defensa.
Conviene destacar, al menos, cuatro dimensiones geopolíticas:
China: la competencia abarca semiconductores, inteligencia artificial, minerales estratégicos, comercio y seguridad del Indo-Pacífico. Existe consenso bipartidista sobre la importancia de competir con China, aunque difieran sobre los instrumentos utilizados.
Oriente Medio: la guerra con Irán puede alterar los mercados energéticos, los seguros marítimos y los costos del transporte, afectando a países importadores de petróleo, especialmente vulnerables como República Dominicana.
Europa: las relaciones transatlánticas, la financiación de la defensa y el respaldo a Ucrania podrían generar fricciones entre la Casa Blanca y el Congreso.
Comercio: los aranceles y las restricciones comerciales pueden alterar las cadenas de suministro e inversiones, generando incertidumbre para economías pequeñas y abiertas.
Estas elecciones no decidirán por sí solas el rumbo mundial, pero pueden modificar la capacidad estadounidense para proyectar su influencia.
- América Latina: entre Washington y la autonomía estratégica
La política estadounidense combina seguridad, comercio, migración y competencia estratégica con China. Destacándose cinco asuntos:
Venezuela: por el petróleo y sus vínculos con China y Rusia. Cuba: por la presión económica y diplomática. México: por los aranceles y la revisión del marco comercial norteamericano. Migración: por las deportaciones y los acuerdos de cooperación migratoria pueden generar tensiones diplomáticas. Seguridad regional: por operaciones militares contra organizaciones criminales en el Caribe y el Pacífico que plantean interrogantes jurídicos y sus consecuencias.
La autonomía estratégica para Latinoamérica exige defender sus intereses estratégicos y diversificar vínculos con China, Europa y otros centros de poder sin distanciarse de Washington.
- República Dominicana: una relación estratégica que no admite indiferencia
Estas elecciones inciden de manera directas sobre su economía, seguridad nacional y política exterior dominicana. Estados Unidos es nuestro principal socio estratégico: el intercambio bilateral de bienes y servicios alcanzó aproximadamente 34,200 millones de dólares en 2025, según la Oficina del Representante Comercial estadounidense. Por lo que conviene prestar atención a etas cinco dimensiones:
-Comercio y nearshoring. Los cambios arancelarios pueden afectar las zonas francas, los dispositivos médicos, la agroindustria. Sin embargo, la reorganización de las cadenas de suministro ofrece oportunidades para atraer inversiones que buscan proximidad al mercado estadounidense.
-Remesas. Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Estados Unidos originó el 84.5 % de las remesas recibidas en 2025. Un deterioro del empleo o un endurecimiento migratorio afectaría a miles de hogares dominicanos.
-Haití y seguridad fronteriza. La crisis haitiana exige cooperación internacional, inteligencia, financiación y fortalecimiento institucional. Washington influye en la asistencia internacional y seguridad, pero República Dominicana debe fortalecer su propia capacidad fronteriza y diplomática, sin depender exclusivamente de las decisiones estadounidenses.
-Turismo y energía. Una desaceleración económica estadounidense puede afectar el turismo dominicano. Un alza del petróleo elevaría costos energéticos y de transporte.
-China y Estados Unidos. República Dominicana debe gestionar cuidadosamente sus vínculos con ambas potencias. Nuestra política exterior necesita pragmatismo, diversificación económica y capacidad negociadora.
- Tres escenarios posibles después del 3 de noviembre
ESCENARIO 1 – Continuidad republicana. Los republicanos conservan ambas cámaras. Trump tendría más facilidades para impulsar su programa económico, comercial y de seguridad. Continuarían la presión sobre China, el proteccionismo y una agenda migratoria restrictiva. Para República Dominicana habría continuidad con Washington, pero también exigencias comerciales, migratorias y de cooperación sobre Haití.
ESCENARIO 2 – Congreso dividido. Los demócratas recuperan la Cámara y los republicanos conservan el Senado. Aumentaría la fiscalización y habría obstáculos legislativos y presupuestarios, además de controles sobre operaciones militares, deportaciones y decisiones comerciales. República Dominicana tendría mayores oportunidades para defender sus intereses comerciales, migratorios y fronterizos ante legisladores de ambos partidos.
ESCENARIO 3 – Victoria demócrata en ambas cámaras. Los demócratas recuperan Cámara y Senado. Trump enfrentaría mayores controles; la política exterior, las operaciones militares y las decisiones comerciales tendrían más escrutinio. República Dominicana debería fortalecer relaciones bipartidistas y ampliar los canales de interlocución diplomática y legislativa. Si bien, este escenario, no implicaría un cambio automático de la política exterior estadounidense.
Conviene aclarar, que estos tres escenarios son hipótesis prospectivas, no predicciones electorales.
- ¿Qué debería hacer República Dominicana?
Independientemente del resultado de estas elecciones, República Dominicana necesita una estrategia de anticipación basada en cinco prioridades:
- Diplomacia bipartidista: fortalecer relaciones con la Casa Blanca, el Congreso y los principales centros de decisión estadounidenses.
- Seguridad haitiana: promover una estrategia internacional que combine seguridad, reconstrucción institucional y cooperación regional.
- Competitividad comercial: proteger el acceso al mercado estadounidense y aprovechar el nearshoring.
- Resiliencia económica: diversificar las fuentes de energía, inversiones y mercados internacionales.
- Autonomía estratégica: preservar la relación con Washington y mantener capacidad de negociación frente a China y otros actores internacionales.
El mundo observa a Washington
Estas elecciones de medio término ponen a prueba a Trump y la capacidad de Estados Unidos de gestionar sus contradicciones internas mientras mantiene su posición de potencia global. La continuidad republicana facilitaría su agenda. Una mayoría demócrata aumentarán los controles institucionales y las dificultades para ejecutar determinadas iniciativas presidenciales.
Para América Latina, el reto será gestionar la relación con Washington sin renunciar a sus intereses nacionales. Para República Dominicana, las consecuencias son particularmente importantes: están en juego la economía, las remesas, el turismo, la seguridad fronteriza y el futuro de Haití.
La pregunta estratégica para nuestro país no es quién gana las elecciones estadounidenses, sino cómo prepararnos para defender nuestros intereses nacionales ante cualquier resultado. En el escenario internacional, la inteligencia estratégica, la capacidad de anticipación y la autonomía de decisión serán tan importantes como las alianzas tradicionales.
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