La denuncia de la Asociación Dominicana de Profesores sobre las dificultades que enfrenta la tanda extendida debe ser escuchada con atención. Más horas en las aulas no necesariamente significan más educación. Si el sistema no dispone de los maestros especializados, talleres y actividades necesarias, podemos terminar teniendo estudiantes más tiempo en la escuela, pero no necesariamente aprendiendo más ni desarrollando mejores capacidades.
La propia ADP ha señalado que las horas adicionales se están utilizando, en algunos casos, para aumentar el tiempo dedicado a asignaturas tradicionales, ante la falta de maestros de arte, deportes, idiomas y otras áreas. Esto plantea una pregunta que debemos hacernos como sociedad: ¿por qué las horas adicionales de la tanda extendida tienen que depender exclusivamente de que el Ministerio de Educación pueda contratar inmediatamente todos los docentes que hacen falta?
Sin desconocer la responsabilidad del Estado de garantizar maestros suficientes y de calidad, considero que debemos buscar una solución complementaria, convertir la tanda extendida en un espacio de integración entre la escuela y la sociedad.
Propongo la creación de un Programa Nacional de Vinculación Escuela-Sociedad, mediante el cual el Ministerio de Educación establezca acuerdos con empresas, universidades, instituciones públicas, colegios profesionales, cooperativas, organizaciones sociales, clubes, fundaciones y otras entidades para que estas aporten profesionales y especialistas que puedan desarrollar talleres y experiencias educativas con los estudiantes. No estamos sustituyendo a nadie ni privatizando la educación.
¿Por qué un estudiante debe pasar horas hablando de una profesión cuando puede conocer directamente cómo trabaja un médico, un ingeniero, un periodista, un agricultor, un arquitecto, un empresario, un programador, un artista o un técnico? ¿Por qué hablar solamente de emprendimiento cuando puede visitar una empresa y conocer cómo nace un producto, cómo se fabrica, cómo se comercializa y cómo se administra?
Una aseguradora podría enseñar prevención de riesgos y protección familiar, y yo estaría disponible para impartir varias horas. Un banco podría desarrollar talleres de ahorro y educación financiera. Una empresa industrial podría mostrar sus procesos productivos y hablar de tecnología y calidad. Una universidad podría llevar estudiantes y profesores para desarrollar experiencias de ciencia, robótica, programación e idiomas. Los hospitales podrían enseñar primeros auxilios y hábitos saludables. Los agricultores podrían explicar cómo se producen los alimentos. Los ingenieros y arquitectos podrían enseñar sobre construcción, energía y prevención ante desastres.
Las cooperativas podrían explicar la solidaridad, el ahorro y la economía social. Los artistas podrían desarrollar talleres de música, teatro y pintura. Los deportistas podrían enseñar disciplina y trabajo en equipo. Los periodistas podrían ayudar a los jóvenes a comprender la comunicación, la información y el peligro de la desinformación.
También los partidos políticos podrían contribuir a la educación cívica, siempre bajo reglas estrictas que impidan el proselitismo. Nuestros jóvenes necesitan conocer qué es la democracia, cuáles son sus derechos y deberes, cómo funciona el Estado y por qué la participación ciudadana es indispensable para una sociedad sana. Podemos diseñar un programa organizado, con objetivos pedagógicos, contenidos, calendario, responsables y evaluación. Cada institución participante podría adoptar determinados centros educativos y comprometerse a desarrollar durante el año una cantidad definida de talleres y experiencias.
Incluso podríamos crear un Banco Nacional de Conocimientos y Voluntarios, donde profesionales y organizaciones registren las áreas en las que pueden colaborar. De esta manera, cada escuela podría identificar qué conocimientos y experiencias necesita para complementar su programa de formación.
La tanda extendida tendría entonces una nueva dimensión. Las horas adicionales no serían simplemente tiempo de permanencia en el plantel. Serían horas para descubrir talentos, conocer profesiones, experimentar con tecnología, practicar deportes, desarrollar arte, aprender idiomas, comprender la economía, conocer empresas, fortalecer valores ciudadanos y descubrir posibilidades para el futuro.
Esto también contribuiría a resolver un problema que considero más profundo como la separación existente entre la escuela y la realidad productiva y social del país. Muchas veces nuestros jóvenes terminan una etapa educativa sin conocer realmente cómo funciona una empresa, una fábrica, un hospital, una cooperativa, una universidad o una institución pública. Y luego les pedimos que elijan una profesión y encuentren su lugar en el mercado laboral.
La educación debe conectar el conocimiento con la vida. La responsabilidad primaria seguirá siendo del Estado y de los docentes. Hay que contratar los maestros que faltan, mejorar su formación, garantizar condiciones dignas de trabajo y fortalecer la calidad de la enseñanza. Pero mientras hacemos eso, no podemos desperdiciar las horas adicionales de miles de estudiantes.
La República Dominicana tiene muchas personas con conocimientos, experiencias y capacidades que pueden ser compartidas. El empresario tiene algo que enseñar; el médico tiene algo que enseñar; el agricultor tiene algo que enseñar; el técnico tiene algo que enseñar; el artista tiene algo que enseñar y también el trabajador tiene algo que enseñar.
Necesitamos pasar de una escuela encerrada entre cuatro paredes a una escuela conectada con la sociedad. La verdadera tanda extendida no debería significar simplemente más horas en la escuela. Debería significar más oportunidades para aprender. Y para lograrlo, quizás la pregunta no sea solamente dónde están los maestros que nos hacen falta, sino también: ¿dónde están todos los dominicanos que tienen algo que enseñar?
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