Parte I. Yo, antropólogo Nataniel Estévez

Soy Nataniel Estévez, soy narrador, y profesor de antropología en la universidad. Resido en la capital de la República del Morro; tengo 52 años y procedo de Arroyo Piedra, una comunidad pueblerina donde residen mi padre, Apolo Eric, mis hermanos, hermana, primos, sobrinas, sobrinos. Sus calles ya no parecen de un campo, son de concreto, bien definidas, y las casas son amplias y un poco lujosas.

Anoche soñé que los trinitarios, Juan Pablo Duarte, Ramón Matías Malla y Francisco del Rosario Sánchez hubiesen querido que los 27 de febrero de cada año se rindiese homenaje a María Trinidad Sánchez, a Concepción Bona, Manuela Díez, Rosa Duarte; Josefa Pérez, Ana Valverde, Juana Saltitopa y a Batasara de los Reyes, entre otras.

Parte II. Quiero que el reconocimiento a las mujeres febreristas sea más que un sueño, sea una realidad todos los 27 de febrero

En honor al sentido de justicia de los padres de la patria reconozco los aportes de las mujeres febreristas. Mi sueño fue detallista y justo; y animada por el mismo decido contar la historia de mi sobrino Margaro Eric; de mi hermano Ricardo, y de mi padre, Apolo Eric.

Mi historia comienza narrando que mi sobrino Margaro Eric es un joven de 26 años, alto, fuerte, pelo negro, ojos negros; con un peso de 143 libras; es estudiante de la Universidad más cercana del pueblo. Tiene que viajar diariamente para estudiar. Aún reside en la casa de mi hermano Ricardo Estévez, su padre.

Margaro Eric es de mirar sereno, servicial, humilde; es estudioso. Así casi somos todos en Arroyo Piedra y muchos en la República del Morro.

Parte III. Yo Nataniel Estévez, quiero un cambio cultural desde las raíces, desde los ancestros… 

Yo, Nataniel Estévez, por estar con mi familia, dejo la antropología, la universidad, dejo la capital; y me traslado allá cada quince días; en parte por la nostalgia de ver mi familia, y porque allá tengo 6 tareas de tierra, donde tengo pequeños cultivos y crianza de animales. El señor Tiburcio, siembra, cuida, vive en mi casa del campo, y para eso le pago. También tengo un negocio de impresión y fotocopiado.

Mi padre, Apolo Eric, mis hermanos y mi sobrino Margaro Eric viven en Arroyo Piedra, y comparto con ellos el fin de semana cada quince días. Cuando me traslado allá observo y apoyo a mi sobrino Margaro Eric Estévez, un hombre joven excepcional.

Parte IV. Mi hermano Ricardo, también un hombre excepcional

 No sólo Margarito Eric llama mi atención y admiración, por eso escribo también sobre mi hermano Ricardo. A ambos le gusta barrer, suapear, fregar, organizar la loza después que está seca, doblar las sábanas; sabe cocinar, entre otros muchos Esto ha sido muy notorio en Río Piedra. Mi hermano Ricardo ha orientado, y es guía; le ha enseñado a su hijo el hábito de la pulcritud, “es bien prolijito”, _pienso, _como dice una compañera profesora de la universidad, de nacionalidad argentina.

Por la limpieza, y por el orden que impregna a todos los espacios de la casa; y como es hijo único, está claro que ese orden e higiene se debe también a su empeño, pues apoya a su madre Magda y a su padre Ricardo. Yo vengo observando a la familia de mi hermano Ricardo desde siempre, y a pesar de que es el mayor de mis hermanos y es mayor que mi hermana, parece ser el más estudiado, aunque solo terminó el bachillerato.

Ricardo es comerciante y agricultor. A su esposa Magda no le ha agradado que a su hijo le gustara hacer quehaceres domésticos; pero ella lo ha mantenido callado. Mientras Margaro Eric estudiaba en la primaria y en la secundaria, había maestras, maestros, que apoyaban a Margaro Eric; pero otras, otros, temían que se hiciera gay.

Eso me lo han comentado; se supone como especulación, pero realmente sé bien lo que es el chisme y la violencia cultural del machismo; esto se ha estudiado mucho en la antropología: el patriarcado.

  1. Todos los centros de estudio están cambiando el patriarcado 

Eran temas que no se conversaban abiertamente. La gente, y sobre todo los maestros, las maestras, orientadores, trabajadores sociales, psicólogos y psicólogas, ya le vienen teniendo temor a seguir con creencias y valores  machistas; pues le vienen formado en talleres sobre derechos humanos, sobre la Constitución, los feminismos, sobre los hombres igualitarios, y le han advertido que la discriminación, el  bullying, la desigualdad, la violencia, son condenadas por la Ley de Protección a Menores, y por otras leyes de la República del Morro, como la Constitución, los acuerdos y convenciones internacionales; y se sabe que ya no se debe seguir con la división de roles: que ya no debe haber oficios para mujeres y oficios para hombres, todo el mundo debe hacer de todo; todo eso se enseña en esos talleres; de lo cual, yo, Nataniel Estévez, me siento satisfecho.

Ya esos temas no sólo se tratan en las universidades. Estamos hablando desde el año 1984. 

  1. Sintiéndonos cómodo con los cambios culturales y estructurales hacia la igualdad 

Mi sobrino Margaro Eric tenía 13 años cuando se hizo consciente de que en su hogar él era diferente a otros hogares; así me lo explicó en una de mis visitas a Río Piedra. Y vivía inocente sobre el revuelo que sus comportamientos generaban.

Su madre Magda, aunque no le gustaba que hiciera oficios de la casa, lo disimulaba; y junto a su padre Ricardo le respetaba; y él se sentía orgulloso de gustar hacer los quehaceres domésticos, con mucho cuidado, y esmero; todo el mundo decía que era muy trabajador. Aunque algunas personas creían que era un abuso ponerlo hacer “trabajos de mujeres”, según sus creencias. Pero todo eso ha ido quedando atrás.

Cuando fue creciendo, Margaro Eric, ya a sus 26 años comenzó a notar que a otros hombres no les gustaba trabajar en sus casas; y se lo decían claramente en su cara. Sentía que lo miraban como inferior. Molestaba un poco, a algunos, su calidez, su buen trato, su falta de prejuicios.

Pero mi hermano Ricardo no era así; le enseñaba a cocinar, a lavar, a fregar… ¡en fin!, ambos sabían tener buen trato, inteligencia en el manejo de sus emociones y sabían comunicarse; igual que el abuelo Apolo Eric. Sabían hacer de todo y ser amorosos con todos y todas. También sabían desyerbar, sembrar, cuidar los animales, etcétera, y también, a Margaro Eric le gustaba dibujar, estudiar; en la Universidad estudiaba Comunicación.

VII. El apoyo del abuelo Apolo Eric 

Sentía que era una suerte que también mi padre, su abuelo, Apolo Eric, lo apoyaba. Mi querido sobrino Margaro Eric, tenía un colchoncito emocional familiar para ser atento, dedicado, amoroso.

Continuamente el abuelo Apolo Eric le hablaba largamente sobre el machismo como un defecto; le decía: “Mi nieto, yo tuve 3 varones y una hembra, y todos tenían que trabajar; tu abuela Fela Adelina siempre contó con mi apoyo, y tu madre Magda no llevó los oficios de la casa como una carga de sólo ella. Mis 3 hijos varones buscaban agua al río, sembraban, pero también hacían oficios en la casa. Gracias a Dios en mi casa tú nunca ha visto la peste del machismo y de la violencia. En los primeros años del matrimonio yo era machista, pero fui cambiando, y hoy, a mis 79 años creo que soy un hombre digno de imitar; no soy un hombre de la calle; y cuido de todo; y de todas, todos; ayudo a mis nueras, yernos, y a mis hijos, hija con el cuidado de mis nietos y nietas; y sigo cuidando de nuestra pequeña finca. Como tu padre Ricardo, sé hacer los oficios de la casa, y efectivamente los hago, junto a tu abuela Fela. Fela Adelina sobre todo es buena negociante, y lleva la contabilidad.

En nuestra casa la libertad conllevaba responsabilidades, ___continuaba diciendo el abuelo, __todo el mundo ha estudiado, y aún algunos estudian; y todos en la casa a tu abuela Fela Adelina la han respetado; y han compartido los quehaceres, e igual ha pasado con tu madre Magda; yo di el ejemplo; y a tu madre Magda y a todas las mujeres, desde que era la novia de tu padre, la cuidamos de que no anduviese buscando hombres que le brindaran, que solo la quisieran “sobar, manosear” por dinero, o se propasaran con ella como una cosa sexual; sobretodo yo las cuidaba, y les explicaba todo para que no salieran embarazadas, ni siquiera de mi hijo. Pues no quería embarazos de adolescentes.

En la comunidad de Río Piedra todo el mundo ha respetado a nuestra familia, la familia Estévez.

Nunca se atrevieron a burlarse de Margaro Eric, por ser un hombre joven hogareño, al que no le importaba eso de sentirse superior a ninguna mujer. A pesar de tener 26 años esperaba tener las condiciones para casarse.

Yo les narro esta historia de mi padre Apolo Eric, de mi hermano Ricardo y de mi sobrino Margaro Eric porque todos son hombres igualitarios, y creo que podrían ser feministas, y la verdad que eso se está haciendo común en la universidad, pero no en muchos pueblos y campos. Pienso que si los trinitarios estuviesen vivos fueran feministas, hombres igualitarios; no tendrían ira contra la igualdad entre mujeres y hombres y valoraran el aporte de las mujeres febreristas.

  1. Yo, Nataniel Estévez, un profesor universitario que cree en la masculinidad igualitaria

A mí, Nataniel Estévez, contar esta historia me produce orgullo; y espero que sirva de ejemplo a todos los hombres de la República del Morro; una República de 4 millones de habitantes que tiene muchos ríos, muchos árboles y mucha paz. Mi padre Apolo Eric y yo tenemos tierritas en Río Piedra a donde residen 23,000 habitantes.

Quiero que esta historia se use en las escuelas, en las iglesias, en las juntas de vecinos y vecinas; en todos los lugares donde se junta la gente a compartir y a hacer análisis críticos para el cambio; hacia una sociedad igualitaria y justa, que reconozca el aporte de las mujeres febreristas a la construcción de la patria.

Mildred Dolores Mata

Trabajadora social

Licenciada en Trabajo Social, PUCMM Maestría en Género y Desarrollo CEG-INTEC Feminista

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