Conocí a Roberto Álvarez en los esfuerzos por impulsar la reforma del Estado. Años después, nos recibió en Washington como representante de la República Dominicana ante la OEA, cuando acompañé a estudiantes de la UASD en la Competencia Interamericana de Derechos Humanos de la American University.

Desde que asumió como ministro de Relaciones Exteriores en agosto de 2020, Roberto Álvarez encabezó una etapa de particular dinamismo en la diplomacia dominicana. Su gestión al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX), bajo la conducción de la política exterior definida por el presidente Luis Abinader, combinó la defensa del interés nacional, el fortalecimiento institucional, una mayor presencia multilateral, y la atención a los dominicanos residentes en el exterior.

Uno de los aspectos que merece destacarse es el esfuerzo por modernizar y profesionalizar el servicio exterior. El propio MIREX define entre sus prioridades la transformación institucional, la profesionalización de la diplomacia y una gestión ética, eficiente y transparente.⁠

En ese proceso reviste especial importancia la recuperación de la Carrera Diplomática basada en la profesionalización y el mérito. En 2025 y 2026, el MIREX convocó dos concursos públicos para aspirantes a la carrera diplomática y consular. Fueron , además, concursos realizados conforme a las disposiciones de la Ley Orgánica núm. 630-16, sobre el Ministerio de Relaciones Exteriores y Servicio Exterior.  

Otro componente significativo ha sido la protección y vinculación de los dominicanos en el exterior. Durante los primeros cuatro años de gestión se abrieron 15 nuevas oficinas del Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (INDEX), además de nuevos consulados en Nueva Jersey, Filadelfia, Orlando y Houston. También se desarrollaron centenares de actividades culturales, educativas y deportivas dirigidas a fortalecer los vínculos con la diáspora. 

Uno de los capítulos de mayor trascendencia de la gestión de Roberto Álvarez fue la posición dominicana frente a la prolongada crisis haitiana. La República Dominicana mantiene de manera persistente su posición ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, procurando que la comunidad internacional asuma la crisis de Haití como una responsabilidad que requiere una respuesta multilateral. Ya en enero de 2024, Roberto Álvarez señaló que comparecía por novena ocasión en menos de cuatro años ante ese órgano para abordar la situación haitiana. 

Ese esfuerzo diplomático acompañó decisiones internacionales relevantes: la creación y ampliación del régimen de sanciones; la autorización de la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad; y, posteriormente, las gestiones que desembocaron en la Resolución 2793 (2025), mediante la cual se autorizó el despliegue de la Fuerza de Supresión de Bandas y el establecimiento de una Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas en Haití. En mayo de este año, el canciller Álvarez sostuvo reuniones con representantes de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad para reconocer su respaldo a esta iniciativa. 

La publicación por el MIREX de dos volúmenes sobre “La diplomacia dominicana ante la crisis haitiana” permite, además, documentar discursos, resoluciones, comunicaciones y gestiones realizadas durante estos años y evidencia la continuidad de esa ofensiva diplomática. 

Otra contribución relevante de la gestión de Roberto Álvarez ha sido el fortalecimiento del cumplimiento de los compromisos financieros de la República Dominicana ante los organismos internacionales. La regularización y el pago oportuno de las cuotas contribuyen a preservar plenamente los derechos del país dentro del sistema multilateral y a fortalecer su credibilidad internacional. Un resultado emblemático se produjo en este año, cuando la República Dominicana ingresó al “Cuadro de Honor” de las Naciones Unidas, convirtiéndose en el tercer Estado, de los 193 miembros de la organización, en pagar íntegramente su cuota anual. Este avance resulta especialmente significativo frente a períodos anteriores en los que los atrasos en las contribuciones llegaron a comprometer temporalmente el derecho al voto dominicano en la Asamblea General. 

La diplomacia de hoy no puede limitarse a las relaciones políticas entre Estados. Debe contribuir también al desarrollo económico y social. Bajo esta perspectiva, la política exterior dominicana incorporó entre sus objetivos la promoción de las exportaciones, la atracción de inversiones y el aprovechamiento de los mercados internacionales, junto con la defensa de la democracia y los derechos humanos. 

Esta visión resulta particularmente relevante para un país como la República Dominicana, cuya creciente inserción internacional demanda una diplomacia capaz de conectar las relaciones exteriores con el comercio, la inversión, la cooperación, la educación superior, la ciencia, la tecnología y las oportunidades de desarrollo.

El desafío hacia el futuro es preservar lo alcanzado, institucionalizar las buenas prácticas y continuar construyendo una política exterior de Estado, capaz de trascender personas, gestiones y períodos gubernamentales.

Ese es el reto que recibe el nuevo canciller, Víctor “Ito” Bisonó: dar continuidad a lo que ha funcionado, fortalecer lo construido e imprimir su propia visión frente a los desafíos de un escenario internacional cada vez más complejo. La política exterior dominicana debe seguir avanzando con profesionalidad, soberanía, visión estratégica y una defensa firme del interés nacional.

Porque en las relaciones internacionales, como en toda función pública, los avances adquieren su verdadera dimensión cuando dejan de depender de voluntades individuales y se convierten en políticas sostenibles e instituciones sólidas al servicio permanente de la República Dominicana.

Rosalia Sosa

Abogada, economista, docente de la UASD. Cree en la educación como un acto de amor y responsabilidad social que transforma vidas y construye futuro. Red social Instagram: @sosaperezrosalia, @rsperezuasd Facebook: Rosalia Sosa Perez

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