No hay mejor amigo del Gobierno que el periodismo cuando audita el cumplimiento de las promesas de obras de interés colectivo. Y no hay peor enemigo que el mismo Gobierno cuando miente al país a través de un coro mediático tirano, aprovechando su capacidad de “persuadir”, la memoria corta de la gente común y el reinado del declaracionismo y las notas de prensa oficiales.
Hay incontables maneras de hablar mentiras en comunicación. Y una de ellas es obviar el contexto y remarcar el camino recorrido en ejecución de obras, mientras se silencia el compromiso con iniciativas de alta prioridad social reclamadas durante años por las comunidades.
Pedernales y el resto del suroeste profundo son un ejemplo.
En la Agenda Semanal especial desarrollada a mediados de mes en Santiago, el presidente Luis Abinader y varios funcionarios de primer nivel pasaron revista a las ejecutorias gubernamentales. Y allí, los ministros de la presidencia y Obras Públicas, José Ignacio Paliza y Eduardo Estrella, verbalizaron verdades a medias sobre el proyecto de desarrollo turístico en curso desde 2021 en nuestra provincia.
Cuando el mandatario dio la primera palada del proyecto, anunció que sería su gran legado como gobernante y que, a final de 2024, al terminar el cuatrienio, esperaba hospedarse en uno de los hoteles. Aseguró que se trata de una iniciativa de turismo sostenible sin precedentes en el país: planificada, orientada al desarrollo integral, sin plásticos, mínima contaminación por monóxido de carbono y ruidos, protección absoluta al medioambiente y participación comunitaria real.
Anunció, asimismo, el formal comienzo de la reconstrucción del tramo vial Enriquillo-Pedernales (74 km), sin al menos 70 curvas, amplio, con paseos a cargo de la empresa Andalar Internacional.
Y la terminación del tramo Enriquillo-Barahona (49 km), en reconstrucción y modernización desde 2012 a cargo de IDC Construcción, SRL, cuyo contrato fue renovado por la actual gestión.
Igual la construcción del tramo de unos 50 kilómetros entre Acetillar, Sierra de Baoruco, en Pedernales, con Puerto Escondido, Duvergé. Un viejo reclamo comunitario porque reivindicaría a los padres fundadores que usaron la ruta para bajar a la sabana Juan López (Pedernales), conectaría en cerca de una hora a pueblos vecinos del área del Lago Enriquillo y representaría un atractivo para el turismo.
La carretera Pedernales-Barahona, misma que luego lleva a Azua, San Juan, Baoruco, Independencia, Peravia, San Cristóbal y otros pueblos, es imprescindible para la conexión de las comunidades de la subregión Enriquillo. No es una autovía, como debería ser, sino una ruta angosta y peligrosa en reconstrucción eterna. Luce, sin embargo, que la terminación no es de alta prioridad para las autoridades.
La falta de solución a “El Derrumbao”, al cruzar el municipio barahonero La Ciénaga, es el mejor ejemplo. La falla en unos cien metros es causa de siniestros viales, bloqueos del paso por aludes y vehículos volcados, y pérdida de tiempo que a pocos importa.
El 10 de noviembre de 2024, el ministro de Obras Públicas, Deligne Ascención, afirmó que la solución de ingeniería menos cara (estabilización de la montaña) costaría US$40 MM, y los trabajos comenzarían al comenzar enero de 2025. Fue destituido el 2 de febrero de ese año.
El sustituto, Eduardo Estrella, ha sido inoportunamente parco en cuanto al tema de alto interés para los suroestanos, salvo cuando el presidente le increpa.
En la Agenda Semanal/Santiago no se refirió al tramo Barahona-Enriquillo, y, sobre Enriquillo-Pedernales, de manera ligera, dijo que este año terminarán el trecho Enriquillo-Oviedo y el Cabo Rojo-Pedernales.
Supongo que, al escucharle, muchos pedernalenses rieron de mala gana para no llorar de impotencia.
El primer pedazo de referencia es una llanura con bajo riesgo de accidentes y no implicaba mayor esfuerzo de ingeniería, por lo cual pudo terminarse en el primer año de gobierno. En el segundo, la mención Cabo Rojo-Pedernales representa un eufemismo.
Barahona-Enriquillo/Oviedo-cruce de Cabo Rojo, la gran necesidad, quedó fuera de su discurso. Ni siquiera una palabra de aliento.
En cuanto a la prometida Aceitillar-Puerto Escondido dio “la buena nueva” de que la licitación será subida a final del año. Tome usted el tiempo de la licitación y el trajín del 2027 prelectoral, y estime si la concretarán.
El presidente Abinader quiso tirarle la toalla mencionando la vía alternativa en construcción entre Enriquillo y Cabral, de Barahona, fuera de la costa.
Paliza, entretanto, habló de tres hoteles. De un Iberostar y el aeropuerto a inaugurar en febrero; de un cuarto que construirán los aliados del Consorcio Cabo Rojo (Grupo Punta Cana).
El mandatario le recordó que hay un hotel en construcción en el pueblo de Pedernales, frente a la playa, el Holyday Inn, y el “malecón que hemos hecho”. Los dos reiteraron que el proyecto Cabo Rojo impactará toda la región.
Pedernales sigue esperanzado en el turismo sostenible prometido, con participación comunitaria real y desarrollo integral, pese a que el parque central y la zona institucional se convierten en un burdel con mujeres y niñas haitianas regenteada por un proxeneta; el desorden territorial se agrava, crece el consumo de drogas entre jóvenes y adultos, varones y hembras; niños pedigüeños y locos pululan por las calles; los robos se vuelven cotidianos. No hay obras fundamentales, ni siquiera prometidas, como el alcantarillado pluvial y sanitario, los campos deportivos, el centro cultural, proyecto habitacional, sistema de manejo de desechos.
La verdad rebrota y da en la cara. Pero la respuesta sigue siendo la indiferencia. Con voluntad y acción, aún se puede detener el caos. Observemos.
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