Al discurrir 181 años de los acontecimientos derivados de la Fundación de la República Dominicana el 27 de Febrero de 1844, todavía nos queda la gran interrogante en torno a la abstención de desembarcar tropas francesas de la flotilla que dirigía el almirante Alfonso Des Moges durante ese lapso, y que circunnavegaban desde el puerto de Santo Domingo a la Bahía de Ocoa y en ocasiones a Puerto Príncipe, en supuesto respaldo al sector de los afrancesados que controlaba la Junta Central Gubernativa. Los franceses nunca entraron en acción.

Se conoce que en atención al proyecto denominado Plan Levasseur, el 8 de marzo de 1844 la Junta Central Gubernativa emitió una sombría resolución procurando el protectorado de Francia y obsequiándole a perpetuidad la península de Samaná. Las negociaciones simulaban contar con el visto bueno de las autoridades francesas a través de su cancillería, que era gerenciada por un político muy sagaz como François Guizot.

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François Guizot

Francia estaba bajo la égida monárquica de Luis Felipe, etapa caracterizada por la pugna entre monárquicos y republicanos. Guizot muy influyente y con muchas aspiraciones, de canciller ascendió al cargo de primer ministro hasta que triunfó la Segunda República en 1848. Estableció una política cautelosa en materia de política exterior para no suscitar contradicciones con Inglaterra, con quien su nación se disputaba el poder hegemónico.

En 1843 Francia confrontaba problemas con la República de Haití que había dejado de cumplir con los abonos establecidos como indemnización por daños a las propiedades de los franceses durante la guerra de independencia de ese país. Dificultades económicas y políticas habían impedido al régimen haitiano cubrir la cuota correspondiente a ese año.

El Gobierno francés envió un emisario a Haití para negociar el pago atrasado, el diplomático Adolphe Barrot tenía instrucciones ante la imposibilidad de saldar el desembolso pendiente, los haitianos debían entregar al país galo la península de Samaná como garantía para el pago. Esta posición contaba con el visto bueno de funcionarios civiles y militares franceses vinculados a este dilema. (Víctor Garrido. Política de Francia en Santo Domingo 1844-1846.   Academia Dominicana de la Historia. Santo Domingo, 1962. pp. 6-7).

El señor cobrador Barrot no arribó solo a Puerto Príncipe, sino acompañado de una flotilla de barcos de guerra dirigida por el almirante Alfonso Des Moges, jefe de la estación naval de Francia en Fort-Royal de Martinica. El acompañamiento militar se realizaba en atención a la incipiente “diplomacia de las cañoneras”. Ya instalada la moratoria armada frente a Puerto Príncipe, el almirante comunicaba a Guizot que salió rumbo a Martinica el 11 de julio de 1843, dejando tres barcos de guerra para continuar presionando con su intimidante presencia, acotando:

“Los haitianos habrán visto de tal suerte, al mismo tiempo, en su rada principal, tres grandes fragatas, de las cuales una a vapor y dos barcos secundarios. Semejante demostración ha de haber producido su buen efecto, […] (Jean Price-Mars. La República de Haití y la República Dominicana. diversos aspectos de un problema histórico, geográfico y etnológico. Traducción Martin Aldao y José L. Muñoz. Colección del Tercer Cincuentenario de la Independencia de Haití. Puerto Príncipe, 1953. T. II p. 95).

 Las autoridades francesas a través de Guizot no estaban interesadas en una ocupación permanente de Samaná, sino hasta que los haitianos liquidaran el atraso en el pago de la deuda. El señor Barrot envió un oficio a su cancillería indagando cuál sería el procedimiento a asumir en caso de una negativa de los haitianos a satisfacer las demandas, recibiendo el 1 de octubre la siguiente respuesta: “El señor almirante De Moges dará a usted todo el apoyo moral que dependerá de él; pero se requiere una deliberación ulterior del gobierno del Rey para que pueda ir más lejos”. (Jean Price-Mars. Obra citada. p. 116).

Esa nota es clave, aunque fue emitida cinco meses previos al estallido dominicano. De Moges tenía órdenes de presionar solo con apoyo moral, no estaba autorizado a ir más lejos o sea desembarcar tropas, salvo una decisión oficial desde París. Esa disposición de manera obvia se hizo extensiva ante los futuros reclamos de Pedro Santana y los afrancesados criollos, de insistir en el desembarco de tropas francesas para enfrentar a los haitianos, llamados que no lograron una respuesta directa de la jefatura francesa.

No obstante, los cónsules Levasseur en Puerto Príncipe y Saint Denys en Santo Domingo, prácticamente se comprometieron con los criollos afrancesados en el sentido de pretender su país ofreciera un protectorado a la parte del Este de la isla, bajo la condición de entregarles de modo perpetuo la península de Samaná. Obviamente no tenían el poder para el desembarco militar, como previamente lo dejó entrever Guizot, aunque no desautorizó las diligencias anexionistas.

Todo luce que Levasseur y Saint Denys, son quienes inducen a los afrancesados criollos a ofrecer Samaná a perpetuidad al Gobierno francés como un anzuelo, partiendo del previo interés de su cancillería al ordenar presionar a los haitianos exigiendo que si no podían costear la cuota de la deuda, lo único que aceptarían era la entrega de Samaná.

El cónsul Saint Denys se hizo un abanderado de la fórmula anexionista, el 5 de febrero de 1844 se dirigía a su cancillería manifestando los dominicanos habían expresado su deseo de alianza con Colombia, España y Francia, advertía Inglaterra no les interesaba por las diferencias religiosas.  Adicionaba como albricias: “La llegada de los agentes franceses era esperada con impaciencia por doquier. Con esta presencia parecería que se recuperaba la felicidad y la fe en el porvenir del país”. […]  (Correspondencia del cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846.  Emilio Rodríguez Demorizi, edición y notas. Mu-Kien Adriana Sang, traductora. Colección Sesquicentenario de la Independencia Nacional. Santo Domingo, 1996. T. I pp. 14-15).

Expresaba en su nota: “El Almirante De Moges y el Sr. Barrot, que al momento se encontraban en Puerto Príncipe, están al corriente de esta negociación […]  (Correspondencia del cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846.  p. 16).  Saint Denys quería dejar sentado ante el canciller Guizot, que el almirante Des Moges y el delegado Barrot eran partidarios de la intervención directa de Francia en esos momentos, que incluso no se había producido el estallido dominicano, que sería el 27 de febrero.

El historiador inglés David Nicholls comentó una misiva del almirante De Moges dirigida a Barón Mackau el 12 de octubre de 1843, refiriéndose a la adversión dominicana en relación a la ocupación haitiana: “En 1843, el almirante Alphonse de Moges observó cómo la población de habla hispana del este estaba «cansada del yugo africano» […] (David Nicholls. De Dessalines a Duvalier. Raza, color y la independencia de Haití.  Ramón Cedano y Austria G. Holguín, traductores. Sociedad Dominicana de Bibliófilos. Santo Domingo, 2021. p. 182). El general Barón Mackau, a nombre de Francia en 1825 negoció la deuda con los haitianos.

Al fundarse la República, Saint Denys informaba a su cancillería sobre la adhesión de Pedro Santana:

“Desde su llegada a Santo Domingo, Santana me visitó para ponerse a la disposición de Francia, así como de todos aquellos que estaban bajo sus órdenes.  Me habló con vivo entusiasmo de su devoción, adhesión y admiración por nosotros”. (Correspondencia del cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846.  p. 16).

Des Moges cuando estalló la sublevación dominicana estaba en Martinica y regresó a las costas de la isla, le manifestaba en un mensaje al presidente Charles Hérard:

“Mi objetivo era el de conocer exactamente los hechos, de instruir a mi gobierno y ofrecer, según la necesidad, en medio de las circunstancias de la guerra un apoyo enérgico al Cónsul del Rey y a nuestros nacionales”. (Correspondencia del cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846. p. 91).

Entretanto, Saint Denys le comunicaba a Guizot que tanto él como Des Moges estaban en disposición de ayudar a los criollos afrancesados, pero necesitaban su aval: “El Sr. Moges no hubiese titubeado en prestarle el apoyo material de Francia, si hubiese tenido el poder necesario para que su intervención fuera eficaz y decisiva”.   (Correspondencia del cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846.  p. 90). Saint Denys no disimulaba cuando requería se autorizara el apoyo material o sea la intervención de las tropas. Reiteramos. Des Moges estaba advertido esa decisión solo se podía ordenar desde París.

Guizot como vocero de la política exterior de Francia, nunca emitió una señal de estar dispuesto a acoger el método de usar las tropas. En su concepto primaba el interés de no entrar en conflictos a través de su ministerio, para evitar perjudicarse con una litis internacional que podría afectar sus aspiraciones personales.

El general Charles Hérard en una proclama del 20 de abril denunciaba que los dominicanos tenían: “esperanzas en la intervención extranjera”. (Alcides García Lluberes. Duarte y otros temas.  Academia Dominicana de la Historia. Santo Domingo, 1971 p. 91). Hérard en esa zona se entrevistó con Des Moges, se entiende después del encuentro llegó a esas conclusiones.   En julio la prensa informaba que el almirante estaba en Puerto Príncipe al frente de una fragata y dos bergantines. (El Clamor Público.   Madrid, 16 de julio 1844).

La proclama de Hérard, posiblemente provocó manifestaciones antifrancesas en Haití, situación que repercutió en Europa. La Esperanza, periódico español, reseñaba estas protestas:

“En Haití ha habido algunos disturbios con motivo de insultos dirigidos por la población a los marineros de un buque de guerra francés. El gobierno se había apresurado a dar una completa satisfacción, y los promovedores del desorden habían sido arrestados” (La Esperanza.  Madrid, 13 de noviembre 1844).

Saint Denys escribía a su cancillería el 23 de abril, informando estaba siendo acosado por el gran interés de la Junta Central Gubernativa criolla en la materialización de la intervención en las hostilidades de las tropas militares francesas:

“Pero la Junta espera tranquilizar con ello a la población y las tropas, quienes al ver desde ya muchos barcos franceses y al mismo Almirante pasar por Santo Domingo sin ofrecer ningún apoyo material, comienzan a dudar de la sinceridad de nuestras promesas”.  (Correspondencia del cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846. p. 112).

Teodoro Stanley Heneken, súbdito inglés, representante oficioso de Inglaterra en la nueva República, en un informe coincidía con Saint Denys sobre la frustración de los afrancesados criollos que esperaban el desembarco de las tropas francesas:

“El Almirante Demoges, quien comanda la estación, visitó la ciudad de Santo Domingo recién ocurrido el estallido; el Gobierno Dominicano en un momento de gran ansiedad, le solicitó le surtiera solo un equipo de mil armas, y cuatro o cinco mil libras en dinero o en billetes, como prueba de la buena disposición que parecía prevalecer de parte del Gobierno Francés por su causa; sin embargo, esto fue rehusado descortésmente. Ellos así perdieron la dorada oportunidad de asegurase ventajosamente el efecto del pueblo”. (Emilio Rodríguez Demorizi. Documentos para la historia de la Republica Dominicana.  Archivo General de la Nación. Santo Domingo (C T.) 1959. T. III p. 87).

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Duarte juvenil. Oleo de Guaroa Ubiñas Renville

Luego del golpe de Estado revolucionario del 9 de junio, cuando la Junta Gubernativa fue depurada de afrancesados. El representante de Inglaterra Teodoro Heneken, protestó por las negociaciones de la Junta Gubernativa con los diplomáticos franceses, Duarte le respondió con una comunicación de su puño y letra:

“Nosotros creemos inadmisible una protesta de semejante naturaleza, pues dicha Península y Bahía de Samaná corresponden a nuestro territorio, y el pueblo dominicano como libre y soberano tiene la entera disposición de lo que es suyo. Sin embargo, después de la reforma operada en el Cuerpo de esta Junta, creemos poder asegurarle que en nada tendrá que inquietarse el Gobierno de S.M. Británica sobre una ocupación extranjera de dicha Península de Samaná, pues hallándose el pueblo entero opuesto a toda intervención extranjera en nuestra política nos parece que deben disiparse por consecuencia los motivos de la protesta”.  (Emilio Rodríguez Demorizi. Documentos para la historia de la República Dominicana.   p. 55).

Los reclamos expresaban el Gobierno de Inglaterra veía con desagrado las negociaciones anexionistas con Francia. Se recuerda los ingleses tenían una colonia cercana Jamaica, donde ya no existía la esclavitud. Inglaterra por el desarrollo de la burguesía se había declarado abanderada de la lucha contra la esclavitud, y Francia era una potencia esclavista. Esto también debe vincularse a la postura del canciller François Guizot, quien había ordenado a sus representantes civiles y militares en la isla, que para ir más lejos tendrían que esperar una decisión de las altas instancias gubernamentales.

El asunto de Santo Domingo era seguido muy de cerca en Europa.  El Eco del Comercio, de Madrid, acogía un rumor sobre el interés de dividirse la isla de Santo Domingo entre Inglaterra y Francia. Los ingleses se quedarían con la parte española de Santo Domingo. (El Eco del Comercio. Madrid, 1 de mayo 1844). Era un rumor infundado, pero involucraba a Inglaterra en el conflicto.

El tema fue debatido en Inglaterra, a cargo de Lord Palmerston, el canciller que insistía en la política antiesclavista de su país.  Una información de prensa destacaba que:

“En la cámara de los comunes y con motivo de las últimas conmociones de la isla de Santo Domingo, manifestó lord Palmerston que deseaba presentar a la cámara algunas observaciones antes de hacer una moción relativa al comercio de negros. […]  (El Clamor Público.  26 de julio 1844).

En esa intervención Palmerston discurrió sobre varios puntos relativos a la política general del Gobierno respecto a Francia, que se negaba a suscribir el tratado que prohibía la trata de esclavos. (El Castellano.  Madrid, 27 de julio 1844). Los problemas de Francia con Inglaterra estaban muy cargados para agregar nuevas contradicciones

El Heraldo, de Madrid, en junio publicaba informaciones recibidas por la vía de Estados Unidos, que atribuían los desórdenes o sucesos de Santo Domingo a la participación inglesa o francesa en el conflicto. (El Heraldo.   Madrid, 12 de junio 1844).

El Courrier des Etats-Unis, de París, denunciaba que se inculpaba al Gobierno francés de responsable de la sublevación de Santo Domingo, acusación que calificaba de absurda. (Diario del Gobierno de la República Mexicana.   México, 27 de julio 1844).

El Clamor Público, periódico de oposición en España, apelaba a la participación de este país en el affaire, advertía Inglaterra estaba interesada en la parte dominicana o antigua propiedad hispana de la isla:

“Inglaterra desea para si el protectorado de la parte española de Haití, y aun se dice que el gobierno británico está dispuesto a ofrecernos su cooperación en los negocios de Buenos Aires y Méjico, con tal que partamos con él el protectorado de la isla que con razón se llamó en otro tiempo la reina de las Antillas. Nuestro gabinete sería capaz de aceptar tal contrato si la opinión no estuviese en contra; […]  (El Clamor Público, 27 de mayo 1844).

El Eco del Comercio también emplazaba a las autoridades hispanas a intervenir en el delicado asunto de Santo Domingo:

[…] Sin embargo, ninguna disposición hemos visto anunciarse, y se perderá para la España una ocasión preciosa y fortuita de sacar un gran partido. Parece que nuestros hombres de Estado no ven más allá de su gabinete. Ni siquiera se habrá enviado allí ningún buque de la escuadra de Cuba, cuando no se ha dicho, y en tales asuntos los momentos son preciosos, pues todo dependen de llegar a tiempo”. (El Eco del Comercio.   20 de julio 1844).

Para los editores de El Eco del Comercio se trataba de una guerra de conquista y reclamaban España interviniera para lograr una buena tajada de su antigua colonia.

El periódico mexicano La Abeja, entendía podría surgir un dilema entre Francia e Inglaterra por la posesión de la isla de Santo Domingo, recomendando: “Sin duda la política de la Francia en esta cuestión, debe ser una política de expectativa; pero es una expectativa que tiene necesidad de ser bien conducida, y lo mejor es dejar obrar al tiempo”.  (La Abeja.  México, 21 de octubre 1844).

Es obvio el tema había alcanzado matices polémicos a nivel internacional, insistimos Guizot no quería pendencias que pudieran afectar su estrategia personal, ambicionaba como lo logró convertirse en primer ministro. Una litis con Inglaterra no le convenia para sus aspiraciones, con mayor razón cuando lord Palmerston que ya había tenido dificultades con el, de nuevo era el canciller inglés. Lo cierto es que en ningún documento se autorizó que las tropas desembarcaran para respaldar con las armas los planes de los afrancesados.

El tema persistía en la palestra pública internacional. Con el agravante que la prensa europea se había hecho eco de la justa oposición de Duarte y sus compañeros a los planes fementidos de entregar Samaná y luego todo el país a Francia. El Journal Des Débats,  de París, publicó un reportaje relativo a lo sucedido en la asamblea pública del 26 de mayo, donde Duarte logró que la población votara en contra de entregar a perpetuidad Samaná a Francia. (Correspondencia del cónsul de Francia en Santo Domingo.  p. 153).

El periódico español el Eco del Comercio, al informar sobre el contragolpe reaccionario de Santana, establecía que este:

[…] a poco fue elegido presidente, y como es partidario de los franceses, reinstaló a la junta que deseaba cesar, y la que en efecto había cedido (dice una carta de Puerto Príncipe del 19 de julio), a los franceses la cuasi isla de Samaná. Santa-Ana es un español blanco, de edad 55 años. Duarte, su competidor tiene 30 años; es español y blanco asimismo, pero opuesto al protectorado francés”. (El Eco del Comercio.  24 de agosto 1844).

Entretanto La Esperanza anunciaba que el proyecto de solicitar a Francia su protectorado, ya no se verificaba. (La Esperanza.   15 de noviembre 1844).

El almirante Des Moges fue removido de su cargo de jefe naval francés en las Antillas, la información fue muy difundida por periódicos hispanos. La Verdad, comentaba sobre el particular:

“Estos últimos días se han ocupado varios periódicos de la destitución del contraalmirante de Moges, comandante de la estación de las Antillas, asegurando que había sido motivada por la iniciativa que este había tomado con respecto a la parte española de Santo Domingo, con motivo del arreglo que debía tener lugar entre este país y la Francia. Estas noticias son completamente falsas, pues ha sido exonerado en virtud de una solicitud que hace cerca de seis meses dirigió el mismo al ministerio de la marina, y por la sencilla razón de haber terminado ya los tres años de su mando”. (La Verdad.  28 de julio 1844).

La flotilla de barcos de guerra franceses no fue instalada en 1844 para apoyar al denominado plan Levasseur, sino desde 1843 con fines de cobro compulsivo a los haitianos por el atraso en el pago de la deuda. Esto fue aprovechado por los diplomáticos franceses Barrot, Saint Denys, Levasseur y el propio Des Moges para tratar de ejecutar el proyecto que habían concebido con la dirigencia de la Junta Central Gubernativa. Nunca obtuvieron el visto bueno de su Gobierno para el desembarco de tropas, aunque lo solicitaron con insistencia.

El canciller François Guizot tenía bastantes influencias, pudo convencer al monarca francés sobre la importancia de tomar a Samaná y el resto del país dominicano. Su interés por no provocar un litigio internacional con Inglaterra, pesó mucho para que no se acogiera ese plan nefasto. Además, debió tomar muy en cuenta que en Europa trascendió la oposición de Duarte y la mayoría de los dominicanos a esas negociaciones que sepultarían en su cuna la recién nacida República Dominicana. No existía el necesario consenso entre los criollos para tan oprobiosa decisión y así desvirtuar cualquier protesta de otra potencia colonial.

En el transcurrir de 1845 de modo definitivo los franceses desistieron del repudiado proyecto de Santo Domingo. No obstante, los afrancesados criollos todavía insistían en su ejecución, Buenaventura Báez aliado de Santana en este periodo, el 15 de febrero de 1845 le comunicaba a Levasseur:

“Ud. no tiene sino que indicarnos el medio que crea más conveniente para convencer a Francia de nuestro sincero deseo de colocarnos bajo su protectora autoridad, cual que sea el sacrificio que tengamos que hacer para obtenerlo”.  (Leonidas García Lluberes.  Crítica Histórica.  Academia Dominicana de la Historia.  Santo Domingo, 1964. p. 337).

Santana, Báez, Bobadilla y todos los vendepatrias de la época, habían perdido el debate de opinión pública a nivel nacional e internacional. La muerte prematura de la patria dominicana se tornó inviable.

El célebre historiador haitiano Thomas Madiou testigo de estos eventos, en su obra Historia de Haití refirió conversó con el diplomático francés Barrot en Madrid, veinte años después, quien le comunicó que cuando regresó a París al considerarse concluido el tema por parte de los franceses, el canciller Guizot: […] le había felicitado calurosamente por no haber metido a Francia en un asunto que nunca habría sido satisfactorio” (Thomas Madiou. Historia de Haití.  Archivo General de la Nación. Sociedad Dominicana de Bibliófilos. Santo Domingo, 2024.  T. VIII p. 411).

En la histórica asamblea del 26 de mayo de 1844 la población dominicana repudió el anexionismo persuadida por la movilización de Duarte y sus compañeros contra las negociaciones con los diplomáticos franceses, activa protesta que persistió hasta el mes de julio.  Esta impugnación revolucionaria trascendió a nivel de la prensa internacional, y sin dudas por sus probables complicaciones conllevó a las autoridades francesas, principalmente al influyente François Guizot a abstenerse de otorgar luz verde a este encubierto proyecto anexionista diseñado en el pérfido Plan Levasseur.

Santiago Castro Ventura

Médico e historiador

Médico, historiador.

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