Meses antes de los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte del Distrito Nacional, desde 27 de febrero hasta el 13 de marzo de 1974, fui parte de la selección nacional de beisbol infantil representada por el equipo campeón de la capital, Piratas de Vivo, que participó en la Serie Latinoamericana de Pequeñas Ligas escenificada en San Juan, Puerto Rico.
En realidad, yo no conocía más que el Pedernales de la frontera dominico-haitiana, donde nací, me crie, hice el bachillerato y pininos en locución.
Rodaba los 12 años y apenas me habían traído a la urbe para los entrenamientos y ajustes con el poderoso equipo capitaleño en prácticas realizadas durante una semana en un campo deportivo en el área norte del hotel Hispaniola, en las esquinas de la calle Correa y Cidrón con avenida Abraham Lincoln (ahora canchas de tenis y casino).
Nuestra integración al equipo que se enfrentaría a México, Aruba, Trinidad y Tobago, Panamá y Puerto Rico no fue producto de cabildeo ni consideración especial por relaciones de clases sociales ni políticas, sino por haber logrado el campeonato de bateo y bases alcanzadas en el primer torneo de beisbol de pequeñas ligas de Pedernales entre los equipos Aluminio, Bauxita, Aragonita y Alúmina, con el patrocinio de la estadounidense Alcoa Exploration Company. Resultó ganador nuestro equipo, verdes de Alúmina, que yo dirigía.
A la inauguración de la temporada, en 1973, asistieron el líder de jonrones de Grandes Ligas, astro de los Bravos de Atlanta, Hank Aaron, y otras personalidades del deporte y del Gobierno. Y no era para menos: el evento representaba un hito para el país.
Por primera vez, en RD se exhibía un campeonato con equipos completamente uniformados, suficiente utilería y con todas las formalidades exigidas internacionalmente.
El campo deportivo era único; hecho solo para pequeñas ligas (9-12 años). Las reglas de juego y las medidas del terreno de juego para niños del vecindario eran las establecidas para esta categoría en Williamsport, Pensilvania, creadas por Carl Stotz, 1938, un año antes de inaugurar formalmente del Programa de Pequeñas Ligas de Beisbol.
Eran los tiempos en que el beisbol juvenil y amateur en el “plei” de los grandes, también bien atendido, concitaba buena fanaticada en cada partido de todos los torneos. Lo mismo con el softbol, el baloncesto y el volibol. Los valores de las familias fundadoras aún tenían gran peso. La sana convivencia y el respeto germinaban y crecían tanto como las actividades culturales, artísticas y festivas.
Pero ese es “el Pedernales que se fue”, como escribiría el colega Vianco Martínez en el prólogo de uno de mis libros a publicar próximamente.
A la vuelta de los años, las instalaciones deportivas de la provincia (estadios de pequeñas ligas y de los grandes, el multiuso, las canchas), están huérfanas de atención gubernamental. Semejan chiqueros. Han sido vandalizadas y, de tanto abandono, nadie se asombre si, en cualquier momento, amanecen invadidas y con un semillero de casuchas improvisadas.
De nada han valido, sin embargo, las denuncias recurrentes sobre el desastre y el reclamo de inversión oficial para intervenirlas como parte de las obras del proyecto en ejecución que pretende convertir la provincia en destino de turismo sostenible.
El Ministerio de Deportes (Mide) no ha puesto un clavo en Pedernales, pese a que debió ir a tono con las promesas oficiales de desarrollo integral a partir del destino turístico emergente. E ir como contrapeso a la proliferación de puntos de drogas y al creciente consumo entre la juventud, un drama que, temprano o tarde, convertirá la comarca en tierra de zombis.
Han pasado seis años y la brecha de escape de la juventud hacia los deportes está cerrada. Solo algunos testarudos llenos de sueños se atreven a desafiar aquellos espacios hostiles, mientras los malos políticos disfrazados de Caperucita agotan el tiempo de cada día en discursos manidos y falacias con el objetivo de sumarse el favor de los votantes ignorantes.
Felicito la celebración de la vigésimo-quinta edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que serán celebrados desde hoy 24 de julio hasta el 8 de agosto. Me alegra mucho que 6,200 atletas de 37 países y otros territorios de América hayan llegado, participen y disfruten de la singular hospitalidad dominicana. Y espero que, en esta ocasión, no nos apabullen.
Aquella vez, según el portal del Comité Olímpico Dominicano (COD), Cuba dominó en 14 disciplinas y duplicó el número de medallas de México, su competidor más cercano, 191 y 82, con 101 de oro, 55 de plata y 35 de bronce.
Tras 52 años de los XII juegos y de la inauguración del Centro Olímpico (27-02-1974), la capital dominicana vuelve a ser eje de la jornada deportiva regional, que -luce- terminará exitosa. Y eso hay que celebrarlo.
Pero, a la par que celebramos, impotente, se me fue la esperanza de que los ministerios de Deportes (Mide), Vivienda, Hábitat y Edificaciones (Mivhed) y Obras Públicas remozaran las infraestructuras deportivas de Pedernales para quitarle jóvenes a las drogas y al ocio, y, de paso, justificaran con hechos concretos la lluvia de las loas de sus funcionarios al presidente Luis Abinader por impulsar obras turísticas en la comarca.
De cara a los juegos, era lo menos que merecíamos, aunque fuese como efecto residual. Habría sido un justo acto de responsabilidad gubernamental después de invertir
RD$9,000 millones (184 millones de dólares) en construcción, remodelación y adecuamiento de infraestructuras y disponer US$185,000.000 (185 millones de dólares) a la organización general del evento en Santo Domingo, conforme a datos oficiales preliminares.
No lo hicieron y una vez más optaron por responder nuestros reclamos con cruel indiferencia porque -para sus fines politiqueros- nada vale un pueblito manso
pegado de la frontera suroeste, donde el ayante y la pose mediática, aunque burla, siguen redituando aplausos de incautos.
De todos modos, cuando se apaguen las luces del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, el ocho de agosto, y venga la resaca, veremos a los funcionarios en el común drama de la justificación: prometiendo para el próximo año, el 2027 preelectoral, grandes inversiones en construcciones y remozamientos de infraestructuras deportivas en nuestra provincia, destino turístico sostenible emergente por decisión del Gobierno en el que ellos trabajan. La estrategia de distracción de siempre.
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