No pocas mujeres, de manera injusta, son mantenida entre las brumas sombrías del silencio y el olvido.
Otras, en cambio. Serían recordadas con mucho respeto, como sería el caso de Elena Cornaro Piscopia, primera mujer en la humanidad en obtener un doctorado en filosofía, el la Italia del siglo XVII, cuyo sistema educativo, segado y discriminatorio, estaba plagado de prejuicios.
En ese entonces, solamente los hombres tenían derecho a la educación universitaria y cualquier otro nivel.
A pesar de ello, Cornaro Piscopia no habría sentido complejo de inferioridad y lograría, trascender, mediante la constancia del estudio, la disciplina y el talento creativo, los prejuicios de géneros forjados en la conciencia de un patriarcado deslumbrados con los ímpetus enfermizos de permanente delirios de grandeza.
En el trayecto de su ejemplar y corta existencia, aprendería siete idiomas (latín, hebreo, griego, español, Italiano, francés y árabe) y varios instrumentos musicales.
Y algo sumamente importante y memorable: venció el machismo y se sobre puso, no sin inteligencia emocional, a las tentaciones de la carne y conservaría su ser identitario más allá de los sueños truncos.
Como se ha de saber, las trabas sutiles de patriarcado impiden el desarrollo intelectual y sentimental de las mujeres.
Consciente de eso, Piscopia sus saberes sobre Teología, música, filosofía, los idiomas, matemática y astronomía.
Aunque gozó del aprecio de algunos pretendientes, nunca se casaría y preferiría, como el mejor de los caso, el voto de castidad, que implica, de un vez por toda, la renuncia definitiva de los placeres corporales y sexualidad empareja.
En definitiva, su mayor placer no sería carnal, sino espiritual y estrecha relación con los principios de la moral cristina, sin los cuales no habría hecho valiosas obras de caridad.
Piscopia no fue hermética, individualista, mucho menos egoísta. Al contrario: se entregó a los demás por el bien y el amor.
Diríase, por tal razón, que habría sido, sin más:
.Inteligente.
.Valiente.
.Visionaria.
.Auténtica.
.Sabia.
.Trabajadora.
.Disciplinada.
. Cristiana.
Y caritativa.
Esas y otras razones, dignifican su vocación de servir interpretar y comprender la alteridad con su otro tú y la ajenidad del “ Yo”, quizás, seducidos por los encantos libidinosos de los placeres del cuerpo.
En consecuencia, Cornaro Piscopia, no solo sería la primera doctora en filosofía del mundo, sino la expresión viva de la mujer rebelde e indoblegable, que dignificó justificó su existencia.
No fue creadora de un sistema filosófico, ni dejaría huellas escriturales en el ser de la cultura. No obstante, al igual que Sócrates, que nunca escribió nada, siempre sería recordada como sabía y excelente pensadora.
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