Una pila de piedras deja de ser una pila de piedras en el momento en que un solo hombre la contempla, concibiendo en su interior la imagen de una catedral. Antoine de Saint-Exupéry

En el crisol de la dominicanidad, donde la historia teje sus páginas con hilos de vocación patriótica y unción sagrada, descolló la figura preclara de Monseñor Eliseo Pérez Sánchez. Nacido en la culta y noble ciudad de Santo Domingo el 22 de julio de 1891, en el seno de un hogar bendecido por la providencia, siendo el sexto de los doce vástagos de Don José Dolores Pérez Chávez y Doña Natalia Sánchez González, su tránsito terrenal estuvo signado desde el alba por el deber cívico y el fervor espiritual.

Tras abrevar en las fuentes del saber en el maternal Santa Teresa de Jesús, el Colegio San Luis Gonzaga y el Preparatorio Santo Tomás, ingresó con paso firme al Seminario Conciliar de Santo Tomás, bajo la férrea égida de los reverendos Padres Eudistas, el 8 de septiembre de 1908. Su consagración sacerdotal sobrevino en el año 1916, cuando recibió la ordenación presbiteral de manos de su Excelencia Reverendísima Monseñor Adolfo Alejandro Nouel en la vetusta Catedral primada de América, elevando su primicial sacrificio eucarístico en el augusto Convento de los Dominicos.

La ejecutoria ministerial del ilustre pastor caminó indisolublemente unida a la defensa de la soberanía nacional. Su voz, vibrante y señera, se alzó con altivez en rechazo categórico a la infausta ocupación militar norteamericana de 1916. Como párroco en diversas demarcaciones y baluarte administrativo de la Arquidiócesis de Santo Domingo, supo granjearse el afecto entrañable de feligreses y conciudadanos por su inagotable humanitarismo.

Su presencia tutelar brilló con luz propia en los anales de la República:

  • Administrador Apostólico: Desde el 14 de marzo de 1934, tras el deceso del Padre Rafael Conrado Castellanos, rigió con prudencia los destinos eclesiásticos durante un año y ocho meses.
  • Defensor de la Vida: Ocupando una curul como senador de la República, en tiempos en que la grey católica contaba con representación congresual, su voz fue la primera y más enérgica en oponerse a la inocuidad de la pena de muerte que se cernía sobre los jóvenes del movimiento del 14 de Junio.
  • Pacificador Social: Ya en las turbulentas jornadas del Consejo de Estado en 1961, actuó con estoicismo patriótico como un auténtico atenuador de pasiones, interponiéndose en las tumultuosas callejeras para salvaguardar vidas inocentes y contener los postreros embates represivos heredados del régimen tiránico.

Entregó su alma al Creador en su morada de la calle Dr. Báez el 25 de enero de 1979, dejando tras de sí un legado de concordia y dignidad republicana.

Si bien su impronta resplandece en la memorable "Misión Fronteriza" de 1936 y en la fundación del semanario La Verdad Católica en 1935, la posteridad le reconoce al benemérito prelado su sitial más preclaro como el gran artífice y propulsor de la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia en la Villa de Higüey.

LA INICIATIVA PRO CONSTRUCCIÓN BASÍLICA DE HIGÜEY

Fue aquel memorable 20 de octubre de 1943 cuando el digno sacerdote Monseñor Eliseo Pérez Sánchez dirigió al pueblo dominicano un vibrante manifiesto cívico-religioso, exhortándolo a levantar un templo monumental a la Madre espiritual de la nación. La respuesta popular, secundada por la prensa nacional, no se hizo esperar. Los terrenos para tan magno solar fueron generosamente donados por el hatero higüeyano Don Baudilio Garrido Julián.

Recordando las sabias palabras del historiador Don Vetilio Alfau Durán, la estirpe dominicana se distingue en el concierto de las naciones americanas por su indómita devoción mariana, un ancla espiritual que ha guiado a la patria a través de sus más enconados viacrucis históricos.

PALABRAS DE LA PROCLAMA DE MONSEÑOR PÉREZ SÁNCHEZ:

No nos justificamos los dominicanos con que nuestra Sagrada Virgen de la Altagracia, bandera de nuestra fe y escudo de nuestra confianza, sea honrada todavía en una modesta iglesia, estrecha para contener los millares de peregrinos que anualmente acuden a venerar a la augusta Madre del Salvador."

Cada ciudadano, mediante el aporte de un peso organizado por comités diocesanos, contribuyó a fundar en firme este testimonio perenne de civismo, fe cristiana y perfiles de excelsa civilización.

Mons. Jesús Castro Marte

Sacerdote

Monseñor Jesús Castro Marte. Labores Pastorales: Obispo de La Diócesis Nuestra Señora de La Altagracia, Presidente de la Fundación del Museo de La Altagracia, Gran Canciller de la Universidad Católica del Este (UCADE), Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Dominicano, Presidente del Pensamiento Altagraciano. Maestrías: Magíster Tecnología Educativa, en la PUCMM, 2009; Magíster en Historia Aplicada a la Educación, en la PUCMM, 2012; Máster en Gestión internacional de Universidades, en la Universidad Alcalá de Henares, España, 2014; Máster Internacional en Bioética, Fundación Jérôme Lejeune.

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