Todos creemos saber comunicarnos… hasta que aparece el conflicto. Y entonces descubrimos que no decimos lo que sentimos… sino lo que nos atrevemos a decir. Necesitamos convivir con otras personas y a veces nos herimos. Una de las frases más necesarias, y que suele resultarnos más difícil de pronunciar es: me haces daño. Decirlo requiere valentía, porque implica mostrarnos vulnerables… y no todos sabemos hacerlo, lo que puede tener importantes consecuencias. Quien te haga daño podría no saberlo o no creerlo importante, lo cual puede deberse a múltiples razones. Sin embargo, comunicarle simplemente lo mucho que te afecta, usualmente es la mejor conducta posible. Muchas veces, el problema no es lo que ocurre… sino cómo lo interpretas y cómo reaccionas.
La persona A hiere a la persona B, a veces sin querer. La persona B se siente dolida… y ataca. La persona A no entiende… y se defiende. La persona B se siente aún más herida. El dolor genera ataque. El ataque genera contraataque. Y así comienza una escalada en la que, al final, nadie recuerda cómo empezó todo.
La esposa se prepara lo mejor posible para esperar a su esposo con la idea de tener una noche romántica. Este llega, pero tuvo un día terrible por un error importante que cometió en su trabajo y se avergüenza tanto que no quiere ni hablarlo. Ella lo nota distante, ignorándola, y asume que ya no la ama y debe tener otra. Al ver que se pone a mirar un juego de baloncesto en la televisión, le dice: «tú siempre mirando tu estúpido juego». Él, que está muy tenso, se enoja y discuten acaloradamente.
Si en cambio él llegara y ella le dijera: me duele que no te diste cuenta de lo linda que me puse para ti, y él le respondiera: lo siento mucho, tuve un día horrible en mi trabajo. Posiblemente habrían tenido una noche maravillosa gracias a la comprensión y el apoyo mutuo.
Algunos hombres, por miedo al estigma social respecto a la impotencia sexual, prefieren que sus esposas crean que tienen relaciones extramatrimoniales antes que admitir su disfunción eréctil. Pero en una relación sana es posible reconocer las debilidades mutuas sin temor a ser agredido.
Cuando alguien ofende, aunque contraatacar es una actitud defensiva frecuente, en la mayoría de los casos no es la que logra los mejores resultados. Callar, tampoco. El dolor no expresado suele convertirse en agresión o ruptura de relaciones.
Dos personas tal vez se quieren mucho, pero terminan discutiendo con frecuencia; podrían no ser problemas graves, pero diferencias simples podrían ocasionar verdaderas batallas. Muchas discusiones no surgen de la falta de amor… sino del dolor mal expresado… o mal comprendido.
Este tema es especialmente importante en las relaciones de pareja, por ser una unión que genera vínculos importantes entre dos personas y en la que las expectativas podrían ser excesivas.
Es difícil que respeten tus límites si los demás no los conocen. Una relación sana requiere conocer y respetar los límites del otro.
No es lo mismo decir: «No acepto eso de nadie, y si lo haces tendrás problemas conmigo», que decir: «Eso me causa tristeza e inseguridad».
Una mujer que se siente herida por una actitud del esposo, si le dice lo dolida o triste que está, existe más probabilidad de que él se sensibilice y se sienta motivado a protegerla, que si le hace un ataque lleno de ira.
No se trata de ganar la discusión… sino de cuidar la relación.
Deben evitarse las palabras siempre y nunca. Por ejemplo: siempre me tratas mal o nunca me escuchas. No es lo mismo decir: «me molestó lo que hiciste», que decir: «siempre me molestas».
Con frecuencia, el que hiere no quiere herir ni el que reacciona quiere atacar, pero cuando esa es realmente la intención, el problema no es mejorar la comunicación sino evaluar la relación y decidir si tiene sentido mantenerla. No todas las relaciones deben mantenerse.
Si al alertar a la persona que supones que te quiere (pareja, padres, amigos, etc.) no se muestra la intención de reparar o evitar el daño, o al menos pedir disculpas, y más bien se reitera el daño sin consideración, habría que poner en duda si realmente cuentas con esa persona o si es sano mantener cierta distancia. No estamos obligados a compartir con quienes nos maltratan.
Usualmente la discusión no se inicia porque las personas deseaban discutir; en cambio, suele haber el deseo de que el otro experimente el mismo dolor que nos causó. Los enfrentamientos pueden conllevar escaladas a veces impredecibles.
Cuando conozco lo que siento puedo entender mejor lo que sientes. Cuando te comunico lo que me afecta, puedo lograr mejores resultados que si simplemente intento afectarte también a ti. Muchas relaciones no se rompen por falta de amor… sino por no saber decir a tiempo: me haces daño.
Referencias:
Johnson, S. M. (2013). Abrázame fuerte: Siete conversaciones para un amor duradero. Urano.
Overall, N. C., & McNulty, J. K. (2022). What type of communication during conflict is beneficial for intimate relationships? Current Opinion in Psychology, 43, 101–106. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2021.07.009
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