El estado de Virginia se despertó la madrugada de este miércoles con una terrible noticia: un doble asesinato que involucra a dos reconocidas figuras públicas. El exgobernador Justin Fairfax había asesinado a su esposa en su vivienda y luego se quitó la vida, en medio de un divorcio conflictivo.

Sus hijos estaban en la casa al momento del hecho. La tragedia no solo consterna a la sociedad estadounidense; debe moverla hacia una dirección diferente y profundamente reflexiva. Fuentes cercanas a la pareja establecen que estaban en medio de un complicado divorcio que los obligó a permanecer bajo el mismo techo, compartiendo la crianza de sus dos hijos. Justin Fairfax, exfuncionario público de Virginia, y la doctora Cerina Fairfax, una prestigiosa odontóloga con fuertes lazos comunitarios. Sin embargo, la historia aquí no se trata del estatus de la pareja, sino del contexto social que promueve la violencia como un constructo social normalizado.

En una nación con un largo historial violento, que esconde la verdadera naturaleza del estadounidense a nivel global: una potencia económica, famosa por su despliegue militar y tecnológico y con gran poder adquisitivo, que provoca una fuerte presión mediática de alto alcance en la mentalidad de su población y en la percepción del mundo exterior.

Eso nos lleva a destacar, por ejemplo, dos aspectos importantes: el estadístico y el normativo. En los Estados Unidos, se estima que una de cada cuatro mujeres ha experimentado alguna forma de violencia por parte de su pareja. Además, se reportan más de 10 millones de casos de violencia doméstica cada año, lo que equivale a aproximadamente 20 personas por minuto. En 1994, el Congreso promulgó la Ley de Violencia contra la Mujer (VAWA, por sus siglas en inglés), entre otras iniciativas de apoyo a víctimas de violencia doméstica, y que destina millones de dólares a esta causa.

Recursos que no son suficientes ante la magnitud del problema, y el doble asesinato de los esposos Fairfax así lo comprueba. Pese al marco legal y los recursos disponibles, el problema es un tema educativo, y provoca que la violencia exponencial de este país no reconozca estatus social y se propague —ahora— en el gran escaparate social que son las redes sociales, donde todos estamos expuestos. La violencia generada en los Estados Unidos no tiene precedentes y debe formar parte del tema de conversación en todos los sectores que analizan el debate sobre el doble asesinato de los esposos, que pudo haberse evitado.

Investigando los orígenes del problema en un contexto extremadamente social, que nos permita entender desde un espacio investigativo cómo reducirla. Desafortunadamente, hoy les tocó a una pareja de esposos profesionales con dos hijos, quienes quedan a merced de la misma fallida sociedad que no estableció los controles necesarios para garantizar que sus ciudadanos tengan acceso a todos los medios que ella ofrece. Pero estos no son eficaces.

Ahora le toca a la misma sociedad norteamericana reevaluar las variables que enfatizan el mal y estructurar las vías para solucionarlo, utilizando las mismas plataformas sociales para la creación de campañas educativas que logren detener el aumento de la violencia en todas sus manifestaciones y que, como en el caso de la familia Fairfax, se realice un extenso trabajo de transformación social desde la célula más vulnerable: la familia.

Miosotis Ledesma de Jesús

Abogada y comunicadora

Miosotis Ledesma es abogada, comunicadora y trabaja en relaciones publicas,

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