Conocí a mi compadre Manuel Antonio Vega, hoy convertido en un periodista y escritor de alto vuelo, en la década de los ochenta. Era un joven estudiante del bachillerato, con inquietudes revolucionarias. Estaba metido en todas las demandas estudiantiles y del pueblo en sentido general.
Luego, me fui a vivir y a estudiar a San Pedro de Macorís, la Sultana del Este, y Manuel Vega se convirtió en uno de los periodistas más inquietos y productivos de nuestra provincia. Aprendió a la perfección el arte de redactar notas de prensa. Entre nosotros, los periodistas hatomayorenses, nadie lo hacía más rápido y mejor que él. Era un técnico en esa materia. Ese conocimiento lo puso al servicio de la población, haciendo denuncias sociales y políticas. Fueron muchos, incontables, los trabajos de Vega en contra del narcotráfico y el crimen organizado y de los políticos del poder. El hombre, en definitiva, carecía de miedo.
Con la explosión de la televisión y la radio local, Vega incursionó con mucho éxito en ambos medios. Así, pasó a tener, como quien no quiere las cosas, un programa radial, otro televisivo y un periódico. Todo lo hacía con pasión, dedicación y constancia.
En la actualidad Manuel Vega se ha dedicado no sólo a informar, no sólo a recoger las noticias que suceden a diario en nuestros barrios y campos, sino también, a escribir nuestra historia.
Ahora está dedicado a escribir, con elegancia y gracia literaria, los principales episodios históricos que han conformado nuestra provincia. Está dedicado a rescatar del olvido esos acontecimientos y sus protagonistas.
También está escribiendo sobre los hombres y mujeres humildes que, sin apellidos sonoros ni abolengo social, formaron familias con dignidad y decoro e hicieron, con ejemplos de buenos ciudadanos grandes aportes a la sociedad.
Lo que es hoy Hato Mayor no surgió de la nada. Surgió de esos acontecimientos y de lo que hicieron esos hombres y mujeres, como sociedad y como individuos. Y lo que será mañana dependerá de lo que hagamos hoy. Así es como se construye la historia y como se construye el bienestar de una sociedad.
Tener conciencia de lo que fuimos, lo que somos, y saber que lo que seremos dependerá de lo que estamos haciendo, es tener conciencia de la valía de la historia. Y Vega, con su trabajo de investigación, con sus escritos, está contribuyendo a fortalecer esa conciencia.
Vega tiene la disciplina del investigador y la paciencia del escritor. Es una labor que se desarrolla en solitario, en la profundidad de la noche y en las frías madrugadas, lejos del jolgorio. Solo alguien con conciencia de lo que está haciendo se dedica a esa profusa labor con tanto esmero, esfuerzo y perseverancia como lo está haciendo Vega.
Son muchos, centenares, los artículos y crónicas históricas sobre diferentes acontecimientos y personajes escritos por Vega. Eso se llama rescatar del olvido nuestra memoria histórica.
Es una labor loable, meritoria, que merece ser reconocida por nosotros. Felicito efusivamente a mi compadre por esa labor desarrollada con paciencia jesuíta. Al mismo tiempo, hago un llamado a nuestras autoridades, culturales, educativas y políticas, a interesarse por los trabajos periodísticos e históricos de Vega. Pido que sean recopilados y publicados en diferentes tomos para que con el paso inexorable del tiempo no pasen al olvido.
Los trabajos de mi compadre ya no son solo suyos. Son parte de nuestro patrimonio histórico y cultural, y como tal deben ser vistos y tratados. Contribuir a que perduren a través de los siglos sería un gran aporte que nuestras autoridades pueden hacernos.
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